Preguntas y alguna que otra sospecha
¿Qué hubiera pasado si el dueño de los departamentos alquilados y usados como prostíbulos fuera un juez de la Corte Suprema del gobierno de Carlos Menem? Eduardo Bocco.
¿Qué hubiera pasado si el dueño de los departamentos alquilados y usados como prostíbulos fuera un juez de la Corte Suprema del gobierno de Carlos Menem? ¿Qué hubiera pasado si esos departamentos utilizados para que un grupo de señoritas se entregue por dinero fueran propiedad de Mauricio Macri, por citar un ejemplo?Las respuestas son totalmente ficcionales, porque las preguntas aluden a hechos que no sucedieron. No hay contestación posible; sí, especulaciones.Eugenio Zaffaroni es una autoridad en el derecho penal. Una figura consular, con la que los expertos en la materia pueden coincidir o no, aunque jamás se lo podrá ignorar.Su defensa del garantismo marcó un camino en Argentina y el mundo. Sus libros son textos de estudio en prestigiosas universidades latinoamericanas. Este gobierno decidió distinguirlo, pero fundamentalmente reivindicar a la Corte Suprema de Justicia, al ofrecerle un lugar en ese cuerpo. Su nombre dio lustre al máximo tribunal, inundado de desprestigio tras los años de Carlos Menem en el poder.Ése es un capítulo de la historia. El restante es más coercitivo: indica que Zaffaroni es, antes que nada, un ciudadano. Y que, como tal, le asisten derechos, pero también debe cargar con obligaciones.En medio del escándalo por los departamentos, el jurisconsulto denuncia una operación política para desprestigiarlo y desprestigiar al Gobierno nacional. Tal vez, si logra probarlo, tenga razón. Sin embargo, eso no lo exime de responsabilidad. El juez es una figura pública que no puede cometer semejante error. No se le puede pasar por alto el detalle y deslindar responsabilidades. Zaffaroni no es un ciudadano de a pie. Y eso le da, seguramente, ganados privilegios, aunque también un cúmulo de responsabilidades. Y esto está mucho más allá de cualquier acto electoral.El extraño episodio rebotó en todo el país, aunque en Córdoba, durante estos últimos días, pasó a un segundo plano. La elección provincial escondió el escándalo de los departamentos. La carrera por la sucesión de Juan Schiaretti fue muy singular; el tono gris tiñó un proceso que no marcó la agenda ciudadana.El elector tomó el hecho con tranquilidad y no se involucró en el proceso. La mayoría de las personas en condiciones de votar tuvo otros centros de interés, antes que las propuestas de José Manuel de la Sota, Oscar Aguad y Luis Juez.La opinión pública tomó el proceso con parsimonia. Y se prepara para observar con detenimiento y precisión quirúrgica el escrutinio de la elección.Allí está el gran examen que deberá rendir la provincia, luego de conteos ejemplares en Santa Fe y la ciudad de Buenos Aires. Hace cuatro años hubo una polvareda y el país se regó de sospechas, aunque nunca nadie logró probar nada. Sin embargo, la duda quedó instalada. Ojalá hoy el Tribunal Electoral pueda desterrarla.

