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Postales de la Gran Guerra

Uno de los temas de este año, sin duda, será el centenario de la Primera Guerra Mundial, que se extendió desde 1914 hasta 1918 y se cobró la vida de al menos unos 14 millones de personas.

17 de febrero de 2014 a las 12:01 a. m.
Rogelio Demarchi*
Postales de la Gran Guerra

Uno de los temas de este año, sin duda, será el centenario de la Primera Guerra Mundial, que se extendió desde 1914 hasta 1918 y se cobró la vida de al menos unos 14 millones de personas. En ese marco, se producirá todo tipo de libros sobre el tema. Santiago Farrell, por ejemplo, ha escrito Todo lo que necesitás saber sobre la Primera Guerra Mundial (Paidós, 2013), 50 crónicas aptas para todo público a las que su autor define como "un texto de divulgación que busca generar interés en un hecho histórico que, cien años después, aún nos interpela".Por lo tanto, no es, literalmente, una historia de la guerra sino el compendio de una suma de episodios que determinaron su curso y, en sentido inverso, de aquellos aspectos de la vida social, cultural y política que se vieron transformados para siempre por el impacto de la guerra.Sobre la guerra en sí misma, están, por supuesto, los detalles del atentado en Sarajevo contra Francisco Fernando, heredero al trono del Imperio austro-húngaro, a cargo de los jóvenes bosnios que integraban Mano Negra, la organización nacionalista que pretendía la independencia serbia, lo que desencadenó el movimiento de tropas, y el análisis sobre las fallidas negociaciones diplomáticas que trataron de impedir la contienda.Aquí, Farrell pone el acento en las falsas previsiones sobre las fortalezas propias y las debilidades ajenas que realizaron tanto civiles como militares, en los distintos países implicados. En consecuencia, todos se equivocaron por igual cuando pronosticaron que la guerra sería breve.Un área social que observa en detalle es la industrial, y sus vinculaciones con la ciencia y la tecnología. Hubo, como es lógico, un fuerte desarrollo de la industria armamentística: se experimentó tanto en el campo de la aviación como en el de la construcción de barcos y submarinos, pero también en el diseño de los tanques y las armas químicas.A propósito de esto último, Farrell subraya que la industria química alemana se encargó de producir sustitutos para los productos faltantes, "desde ropa hasta alimentos, pasando por materias primas estratégicas"; lanzaron pan de harina de papa, torta de harina de trébol, café de cebada y té de puntas de pino, entre otros comestibles.Es que, desde mediados de 1916, toda la economía alemana estuvo al servicio de la guerra y, por eso, en 1917 el hambre diezmó el país "y generó huelgas y protestas" que obtuvieron por toda respuesta una feroz represión, lo que potenció "a los sectores revolucionarios que, en la segunda mitad de 1918, forzarían la abdicación del káiser y la rendición alemana".A lo largo de 1917, por cierto, los sectores revolucionarios tomaron el poder en Rusia, que también participaba de la guerra, y abrieron el camino al socialismo, bajo el liderazgo de Lenin.En medio de todo aquello, las mujeres encontraban un argumento irrefutable para legitimar su derecho a trabajar (los varones estaban militarizados); la medicina trataba de expandir las posibilidades de la cirugía reconstructiva; y una dama enigmática, apodada Mata Hari, y un cuerpo de élite como la Legión Extranjera demostraban que, a pesar de todo, la guerra también podía tener un halo romántico.

*Especial