Por el amor de una mujer
Las vacaciones siempre nos brindan la posibilidad de leer ese clásico que nunca leímos. Una opción puede ser El gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald.
Las vacaciones son una buena oportunidad para cumplir esa promesa de lectura que posponemos durante el año y que, por lo general, se relaciona con textos clásicos, esos libros que todos deberíamos leer al menos una vez. Como se editan regularmente, basta una vuelta por la librería para saber cuáles han sido publicados en los últimos meses. Un ejemplo es El gran Gatsby (Debolsillo, 2011), originalmente editada en 1925, de Francis Scott Fitzgerald, el gran escritor estadounidense que dio cuenta de la frustración de la juventud de su país tras la Primera Guerra Mundial. Es probable que Gatsby sea su mejor novela y tiene méritos suficientes para ser considerada la "gran novela americana" –dicho en singular, aunque a lo largo de la historia haya muchas que alcanzaron semejante condición–. Esto es así porque expresa el espíritu de la Nación, en un momento dado y desde un determinado punto de vista, es un gran relato realista y está muy bien escrito.En las novelas estadounidenses, los dos primeros párrafos suelen definir con meridiana claridad por dónde transitará la historia. En este caso, el narrador nos dice que en la infancia su padre le inculcó un consejo que ha regido desde entonces su existencia: "Cada vez que te sientas inclinado a criticar a alguien –me dijo– ten presente que no todo el mundo ha tenido tus ventajas…".El narrador es Nick Carraway, un veterano de la Primera Guerra, miembro de una familia destacada del Medio Oeste, que a comienzos de 1921 se muda a Nueva York para dedicarse a los negocios financieros (la Bolsa). Alquila una casa en Long Island y tiene un vecino tan misterioso como fascinante: Jay Gatsby.Si desde el título todo apunta hacia Gatsby, el consejo paterno nos advierte que por más que Gatsby representa "todo aquello hacia lo que siento un tan irrefrenable desprecio", Nick no lo juzgará, aun cuando conozca sus secretos más vergonzantes, sino que, por el contrario, lo defenderá y criticará a quienes hipócritamente han estado junto a Gatsby en las buenas pero no han dudado en abandonarlo en las malas.Los varones que los rodean son conservadores, preocupados por asegurar el predominio de los blancos sobre los negros y, obviamente, del marido sobre la mujer, y no dudan en manipular a sus amistades como si fueran objetos: Tom Buchanan, dice Nick, "me sacó, a la fuerza, de la habitación, como pieza de ajedrez que es preciso llevar a otro cuadro". Las mujeres son frívolas y algo histéricas: Daisy –la esposa de Tom y el gran amor que Gatsby perdió cuando marchó al frente–, cuando le dicen que ha parido una niña, le desea que sea tonta, porque "lo mejor en este mundo para una chica es ser bonita y tonta".En el inevitable enfrentamiento entre Tom y Gatsby por Daisy, Fitzgerald parece decirle a los jóvenes de Estados Unidos que la guerra no es la peor tragedia vivida; la peor es el presente, eso en que la guerra los ha transformado.

