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Política emergente de ciudadanos sumergidos

El comienzo de esta nueva década está atravesado por una serie de movimientos políticos emergentes que se caracterizan por la horizontalidad en sus estructuras y la apropiación de espacios comunicacionales como las redes sociales.

03 de julio de 2011 a las 12:02 a. m.
Pancho Marchiaro (especial)
Política emergente  de ciudadanos sumergidos

Córdoba, 18 de diciembre de 2010. Todavía hay personas detenidas y hospitalizadas después de la jornada del 15, cuando se sancionó la nueva ley de educación en la Legislatura cordobesa y su corolario fue un enfrentamiento entre los manifestantes y la Policía. Uno de los estudiantes hospitalizados coloca una ficha y enciende el televisor de su habitación. Ya le darán el alta. En las noticias internacionales que filtra el televisor hay un dato que pasa casi inadvertido. Mohamed Bouazizi, un joven tunecino de 26 años, acababa de inmolarse en protesta por la confiscación de su puesto ambulante de frutas. Vendía en la calle para alimentar a su madre, sus dos hermanos y cuatro hermanastros.

Formaba parte del 20 por ciento de desempleados de su país, situación que se ampliaba al 60 por ciento en el caso entre los menores de 30 años. El día anterior, además de ser víctima de la incautación de su único capital (y de sufrir la violencia policial), no tuvo suerte con la solicitud de la restitución de su mercadería. Es que las autoridades no saben escuchar. Mohamed falleció el 4 de enero y pasó a ser considerado el padre de la revolución tunecina. Su muerte sirvió como detonador para hacer estallar 24 años de dictadura conducida por Zayn al Abidine Ben Ali. Con una genealogía difusa, tal vez descendiente de los cacerolazos de 2001, o de las protestas en Islandia en 2010, la denominada primavera árabe se extendería de Túnez a Argelia, Libia, Jordania, Mauritania, Omán, Sudán, Yemen, Egipto, Líbano y Marruecos con diferentes grados de participación y de efectos en la política: desde acampadas y manifestaciones hasta verdaderos cambios en los gobiernos. Y una realidad que no deberíamos olvidar: más de 10 mil muertos. Muchos mensajes enviados desde el celular, mucha red social en Internet y los gobiernos bloqueando el acceso a la información. Pero la inestabilidad sísmica de la Red y el volcán social ya estaban activos, eran imparables y cruzaron al Viejo Continente. Grecia, Portugal, España, pero también Francia comenzarían a experimentar, con mayor intensidad este año, el descontento entre jóvenes y desempleados (lamentablemente, sinónimos en demasiados casos). El estudiante cordobés hospitalizado ve entrar al médico que lo enviará a casa y mira al tunecino agonizar. Piensa: "Podría ser yo". Silencio oficial y alaridos virtuales. Hay cierto acuerdo en distinguir estas nuevas formas de hacer política del Mayo del '68, cuando diversos grupos (la izquierda estudiantil, los sindicatos, el Partido Comunista) unieron fuerzas para hacerse oír. Las acampadas y manifestaciones de este 2011 se caracterizan por reunir a gente común, ciudadanos de a pie, en espacios públicos con una fuerte sensación de civismo y una organización horizontal. De alguna manera, los grupos de estudiantes cordobeses que se opusieron a la reforma de la ley de educación el año pasado también compartían esas señas, tal vez con menos cuidado por algunas formas de democracia como la disidencia, o el cuidado de los muebles e inmuebles de las instituciones que defendían. Pero el caso es que están vivos y manejan sus utopías fórmula uno contra el poder, y eso está bien. Steve Johnson, autor del libro Sistemas emergentes, o qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software , destaca las similitudes entre el crecimiento del moho, las redes neuronales del cerebro humano y la autoorganización de grupos que se dan tan naturalmente en Internet. Son sistemas ascendentes, no descendentes. "Extraen su inteligencia de la base", y agrega "la evolución de reglas simples a complejas es lo que llamamos emergencia". Lo demuestra con las hormigas, incapaces de volver individualmente hasta su hormiguero si pierden la huella de sus compañeras. De hecho, una hormiga sola no conseguiría subsistir unas horas, pero muchas hormigas juntas harán complejas obras de ingeniería, con basureros, cementerios y estructuras muy avanzadas. Lo hacen, misteriosamente, gracias a las relaciones dinámicas que establecen entre sí, porque no hay una jerarquía que dirija. Pero, a diferencia de los sistemas virtuales para recomendar libros, encontrar amigos del colegio, o hacer de Wikipedia el diccionario colaborativo que es, la política emergente tiene dificultades para hacer oír su voz. Se considera erróneamente que la mecha de las nuevas protestas se enciende en Internet, pero el sociólogo catalán Manuel Castells, que denominó a la revolución de Túnez "la Wikirrevolución del Jazmín" señala que "la miseria, la exclusión social, la falsa democracia..." son la verdadera causa. La sociedad ha usado las plataformas para congregarse y construir de forma conjunta su discurso. Son, tal vez seamos, hormigas con una voz casi imperceptible. Pero somos muchas. Somos un apabullante coro de hormigas. Virtualidad materializada. Las relaciones entre mensaje y canal, entre medio y soporte, se mezclan. En España se convoca a un #15M o un #19J porque el signo numeral, lejos de ser una excentricidad, es una referencia o etiqueta ( hashtag ) para encontrar temas en la red social Twitter. En eso sí que la virtualidad se materializó. Sin embargo, aunque todo político que se precie de tal tiene su cuenta en Twitter, Facebook y otras redes, no pueden sumarse a la lógica de las conversaciones. Sólo levantan la voz. Y a las hormigas no se les grita.Los indignados se han empoderado en las redes de comunicación. En Europa, y seguramente en todo el mundo de forma latente, pareciera que asistimos a un momento histórico y vertiginoso. Pero frente a los parlamentos de cada vez más ciudades en Europa hay un bullicio que no llega a escucharse dentro de los recintos. Inclusive muchos medios de información comulgan con la vieja verticalidad de la sociedad. Hasta el momento, las acampadas y protestas no han conseguido mucho. O, por el contrario, el recetario de la economía ortodoxa se impone en la cocina de Portugal, con el triunfo de la derecha, mientras Grecia y España ven propuestas neoliberales servidas en bandeja que nada tienen que ver con lo que se reclama justo al lado, en la acampada.En Córdoba, volviendo a la ley de educación, después de semanas de toma, tampoco se consiguió incidir en el tradicional hermetismo de la dirigencia, ni en lo que se conoce como opinión pública. José Luis Sampedro, escritor y economista español, analiza lo que se denomina "#spanishrevolution" al decir que el sistema socioeconómico atraviesa una crisis brutal de valores y que "cuando esto se hunda, y se está hundiendo" vendrán alternativas. Por ahora, la gente todavía opina y vota "por lo que ve en la televisión". Pero, mientras en la calles de muchas ciudades de Europa la gente dice ¡basta!, Sampedro dice "otro mundo no es posible... ¡otro mundo es seguro!".