Peronismo y república
Argentina está ante el desafío de saber si puede o no capitalizar sus fracasos históricos con un nuevo modelo de organización nacional.
–Norberto Bobbio, recordando a Joseph Schumpeter, dice que la característica de un gobierno democrático no es la ausencia de elites, sino la presencia de muchas elites que compiten por el voto. La síntesis de esa idea es la persistencia de las oligarquías. ¿La dirigencia política argentina instalada en el ámbito público va en esa dirección? –Sí, claro que va en esa dirección. Pero debemos advertir que el gobierno unilateral, de corporaciones o de grupos aislados que han pretendido monopolizar el poder, no da resultado, porque no permite construir la idea de nación. Argentina está ante el desafío de saber si puede o no capitalizar sus fracasos históricos con un nuevo modelo de organización nacional. Si es capaz la política actual de generar la conciencia de esa necesidad, vamos a cambiar el repertorio de nuestros problemas. Tener problemas renovados es saludable. –Hay dirigentes que se eternizan en el poder, fundamentalmente a partir de la preponderancia que ha tenido el peronismo, pese a que dice expresar los intereses populares. ¿Hay una oligarquía peronista? –Eso existe y existirá durante un tiempo considerable, porque la transición del peronismo hacia el republicanismo va a ser muy lenta y difícil. Pero aquello que originalmente estuvo esbozado vagamente por (Antonio) Cafiero en 1987 hoy empieza a ser una posibilidad política nueva dentro del peronismo. Estamos delante de un panorama donde cada sector lucha por su propia supervivencia y por el mantenimiento o ensanchamiento de su significación social, con desafíos verdaderamente nuevos. Cambiemos está ante el desafío de aprender a dirigir incluyendo a quienes no coinciden con su proyecto, el peronismo debe aprender a modernizarse y pasar a ser un partido en vez de un movimiento, mientras el kirchnerismo está ante el difícil desafío, atendiendo sus actuales liderazgos, de dejar de ser una propuesta antisistema, cosa que le va a costar mucho, de modo que me parece que está llamado a desaparecer del campo político. –Parece que la clase política va para un lado, en defensa de sus propios intereses y privilegios, mientras la sociedad va por otro. –Esa es una vieja tradición, que implica un poder político concebido a sí mismo con la idea, ciertamente discutible, de que la significación de la propia investidura no impone ninguna obligación social sino la atención exclusiva de sus propios intereses. Pero esto nos plantea el interrogante de saber si las investiduras y la representación social de las investiduras podrán dejar de ser en algún momento la expresión de una corporación que se pretende autónoma. Aún no lo sabemos. –Algunos piensan que el peronismo dejará que Macri haga el trabajo pesado del ajuste y luego comenzará a esmerilar al gobierno. –Esa es una idea tradicional. Si fueran las cosas como piensan esos sectores, evidentemente Argentina está condenada a la repetición. La gran apuesta es saber si los argentinos podemos hacer algo más que repetir.

