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Para lectores curiosos

La vida escrita (Seix Barral, 2014), un nuevo e inclasificable libro de Rodolfo Rabanal, que permite asomarse a la intimidad del escritor y su relación con la literatura y escritura.

05 de mayo de 2014 a las 12:01 a. m.
Rogelio Demarchi (especial)
Para lectores curiosos

E l curioso, por definición, quiere saber cosas que no le conciernen sobre la vida de los otros. En el caso de los lectores, el objeto de esa curiosidad suelen ser los escritores: les gusta saber qué piensa, qué lee, cómo vive y cómo produce sus libros un escritor cualquiera, sobre todo si lo han leído y han disfrutado de sus textos. Esos lectores se deleitarán con cada página de La vida escrita (Seix Barral, 2014), el nuevo e inclasificable libro de Rodolfo Rabanal, que nos permite tener acceso a distintos fragmentos de las "libretas de bolsillo de tapas de hule negro" en las que registró, desde la década de 1970, "los momentos que me llevaron a la felicidad y al misterio de la escritura".¿Qué anota un escritor en la libreta que siempre lleva consigo? Muchas y muy diferentes cosas. Ejemplo uno: las lecturas que se abandonan por la mitad porque aburren; las que provocan ganas de escribir el libro que se está leyendo desde un cierto punto y en un determinado sentido; las singulares, cuando no exóticas, comparaciones que se llega a establecer entre los libros leídos… ¿En qué se parecen ­ Facundo de Sarmiento y Bajo el volcán de Lowry? En que "los dos empiezan fijando la escena del drama que irá a desarrollarse de manera más bien análoga", con la descripción de "naturalezas poderosas que exigen plantar pri­mero la vastedad –en este caso– de la escena y después narrar la peripecia".Leer, además, se disfrute o no del texto, implica poner el cuerpo con todo su esquema sensoperceptivo en juego: "Leo a Stendhal, siempre lo leo (…) Todo Stendhal huele al humo de las batallas, al cuero blando de las botas recién lustradas, al helado filo de los sables y al cielo alpino de Italia en un día claro".Ejemplo dos: escribir también demanda poner el cuerpo, de modo que terminar un libro puede ser otra forma de parir. "Acaba de llegar una carta de Beatriz de Moura fechada el 26 de junio en Barcelona ratificando que quiere mi novela, pero terminada. Y yo no puedo terminarla. La novela está en mí, no fuera de mí, y entonces no puedo terminarla. Para terminarla debo sacarla de mí y decretar su final desde fuera. Es raro, pero no es de otro modo".Ejemplo tres: registra los principios narrativos que debiera poner en práctica al escribir sus libros, datos sobre sus condiciones de producción y una admirable definición de su vocación. "Estoy convencido de que nací para hacer esto, para escribir. La noción central de esta actividad que es la actividad de escribir consiste en escribir lo desconocido, lo que desconozco, lo que todavía no sé lo que es, ni sé tampoco lo que llegará a ser. Por lo tanto me pongo a escribir para que aparezca, para que se muestre, para que yo así lo averigüe y al fin lo sepa (o crea saberlo)". Por esta certeza, cuando la ­escritura fluye, el placer es infi­nito. Y como la ansiedad con que se espera el juicio de una editorial deviene angustia cuando su evaluación es negativa, esa certeza es la fuerza que permite ­reiniciar la tarea como si nada hubiera pasado.