Oprimidos y liberados
Considerando algunas películas del mainstream que tratan la temática afroamericana, pareciera que desde la última década del siglo pasado a esta parte hubo cierta constancia, pero también algún cambio en cómo se la presenta.
Considerando algunas películas del mainstream que tratan la temática afroamericana, pareciera que desde la última década del siglo pasado a esta parte hubo cierta constancia, pero también algún cambio en cómo se la presenta.
Queda constante la identificación del negro como el oprimido, una representación en un estado de marginalidad o incomodidad vital que debe ser superada de alguna manera. Lo que ha cambiado es la figura del “salvador” o del “liberador”.
En la década de 1990, esta figura era encarnada por alguien que pertenecía a la misma condición que el opresor, por lo general algún blanco que le daba al negro un lugar diferente que el que le asignaban los demás blancos.
Este es el caso de Cambio de hábito (1992), El paraíso de los gánsters (1995), Secretos y mentiras (1996), La lista de Schindler (1993, que si bien no trata la temática afroamericana, sirve como ejemplo para dar cuenta de los lugares bien distinguibles entre el salvador y el oprimido). Cambio de hábito además muestra el lugar del salvador desdoblado: las monjas blancas que salvan a la negra y la negra que “libera” a las monjas.
En la primera década de este siglo esto se difumina, el salvador ya no es tan claramente el “otro”, blanco o de la misma condición que el opresor, o no es tan necesario para la salvación. Aquí tenemos películas como Precious (2009), en la que los blancos apenas participan de la salvación de la protagonista negra; y la escena inolvidable de Crash (2004), en la que el policía blanco abusador salva de la muerte a la mujer negra de la que había abusado, mostrando cierta confusión de los roles. Así como también Criadas y señoras (2011).
En relación con esta última película, se puede mencionar a El solista (2009), que muestra de forma paradigmática la tendencia del mainstream a mostrar cómo un don o talento redime al oprimido, pero siempre mediado por la mano del liberador, tendencia que se ve claramente en Amistad (1997). Un sueño posible (2009) también se coloca en esta línea.
En los últimos años, se habría realzado la figura del “salvador de sí mismo” en algunas películas canónicas que tratan algo en relación con los afroamericanos, como por ejemplo Django desencadenado (2012) o Doce años de esclavitud (2013). Algo así como una justicia por mano propia o un “eres dueño de ti mismo”.
Pero este salvador de sí, que se libera de la opresión de los blancos, o de la opresión de su misma raza negra, o de cualquier clase de opresión signada por esta condición, aparece en “estado explosivo”, con una cara furiosa y salvaje que no siempre salva al “sí mismo”, que lo libera, pero a la vez lo aniquila.

