Nuestra democracia fue aplazada
En Qué esperar de la democracia, Adam Przeworski advierte que este sistema es el marco para la lucha pacífica por mejorar el mundo. Rogelio Demarchi.
Malas noticias: en el Informe 2010 del Índice de Desarrollo Democrático de América Latina , que elabora la Fundación Konrad Adenauer, una vez más, Argentina reprobó el examen. Nuestra democracia fue aplazada. En términos globales, podemos decir que estuvimos cerca: nos quedó un promedio de 5,6; pero en el rubro "calidad institucional y eficiencia política" sacamos 3,2. En lo más alto del podio, marcando claras diferencias, Costa Rica sacó 9,2, Uruguay mereció un 9,7 y Chile alcanzó el 10 perfecto (resultados completos, metodología y análisis se pueden leer en www.idd-lat.org).Conclusión, tenemos que ponernos a estudiar para tratar de mejorar la calidad de nuestro sistema.Un buen punto de arranque es el nuevo libro de Adam Przeworski, Qué esperar de la democracia (Siglo XXI, 2010), que alienta a mirar con ojos críticos el proceso democrático al mismo tiempo que deja claro que no se puede esperarlo todo de la democracia porque es un sistema político que tiene sus límites. Reconocer esos límites –cuidado– no es, como dice Przeworski, un llamado a la complacencia. "Debemos tener conciencia de los límites porque de otro modo podemos ser presa de apelaciones demagógicas, que casi siempre enmascaran una búsqueda de poder político con promesas que nadie en ninguna parte podría cumplir".Por eso, tras derribar el mito que relaciona la democracia con la igualdad, la libertad y la fraternidad como valores absolutos, este profesor de la Universidad de Nueva York nos aproxima al centro de la cuestión: "La democracia no es sino un marco dentro del cual un grupo de personas más o menos iguales, más o menos eficientes y más o menos libres puede luchar en forma pacífica por mejorar el mundo de acuerdo con sus diferentes visiones, valores e intereses".Recordemos: la democracia es el autogobierno del pueblo; pero el pueblo, como dice la Constitución Nacional, no gobierna ni delibera sino a través de sus representantes, que surgen de elecciones, a propuesta de los distintos partidos políticos.Esa lucha pacífica, entonces, es la competencia electoral. Y sobre esa competencia no podemos ser inocentes: "Inevitablemente, las elecciones tienen que seguir ciertas reglas que determinan quién puede votar, si el voto es directo o indirecto, secreto o público, obligatorio o voluntario, cómo se suman los votos, etcétera. Y las reglas afectan los resultados. Incluso pequeños detalles como la forma y el color de las boletas, la ubicación de los lugares de votación, el día de la semana en que tiene lugar pueden afectar el resultado". En consecuencia, las elecciones son manipuladas o manipulables. Manipular "no es lo mismo que cometer fraude", porque una cosa es establecer las reglas y otra muy diferente es romperlas. Pero si quien tiene el poder manipula las reglas electorales según lo que más le conviene en cada elección, se pierde calidad institucional y, con ella, legitimidad.En eso estamos. Las elecciones 2009, con los cambios de fecha y las candidaturas testimoniales, están en el corazón de nuestro aplazo. Estamos a 12 meses de otro proceso electoral, y todo parece indicar que se repetirá esta triste historia. ¿Aprenderemos la lección alguna vez?

