No se olviden de Alberdi (II)
Abríamos el domingo pasado un merecido recordatorio de Juan Bautista Alberdi, nacido en San Miguel de Tucumán el 29 de agosto de 1810, o sea hace exactamente 200 años.
Abríamos el domingo pasado un merecido recordatorio de Juan Bautista Alberdi, nacido en San Miguel de Tucumán el 29 de agosto de 1810, o sea hace exactamente 200 años.
En Proyecto y construcción de una nación (1980, reeditado en 2007 por Emecé), el historiador Tulio Halperin Donghi analiza los cinco proyectos que se disputan la organización de la Nación tras la caída de Rosas.
El autor de uno de ellos es Alberdi. Los otros eran Esteban Echeverría, Félix Frías, Mariano Fragueiro y Domingo Faustino Sarmiento.
La de Alberdi es, para Halperin Donghi, una alternativa nueva a la que caracteriza como un "autoritarismo progresista" ya que le reconoce a Rosas haber reconstruido la autoridad política y propone una combinación de rigor político y activismo económico, elementos que permitirían disciplinar a las elites.
"Para Alberdi, la creación de una sociedad más compleja (y capaz de exigencias más perentorias) que la moldeada por siglos de atraso colonial deberá ser el punto de llegada del proceso de creación de una nueva economía consolidada en su prosperidad por la paz de Rosas y heredera de los medios de coerción por él perfeccionados; esa elite contará con la guía de una elite letrada, dispuesta a aceptar su nuevo y más modesto papel de definidora y formuladora de programas capaces de asegurar -a la vez que un rápido crecimiento económico para el país- la permanente hegemonía y creciente prosperidad de quienes tienen ya el poder".
El gran oponente de Alberdi fue Sarmiento. Según Halperin Donghi, es imposible hallar un debate semejante al que estos dos hombres protagonizaron en toda América latina a lo largo del siglo XIX. ¿Qué se disputaban? "La paternidad de la etapa que se abre en 1852".
A esa polémica Oscar Terán la calificó de una manera genial: "Un duelo entre un oso y un esgrimista" ( Historia de las ideas en la Argentina , Siglo XXI, 2008). Para que no queden dudas: el esgrimista era Alberdi. El cruce es epistolar. Cartas abiertas que vienen y van. En 2005, dos editoriales (Losada y Leviatán) realizaron ediciones conjuntas de los escritos de ambos, a los que individualmente se conoce como Cartas quillotanas (las de Alberdi) y Las ciento y una (las de Sarmiento).
En clara sintonía con lo que nos advierte Halperin Donghi, Alberdi le reprocha a Sarmiento que se ponga como objetivo, frente al proyecto de dictado de una Constitución, resistir en vez de obedecer. "La resistencia no dará la libertad; sólo servirá para hacer imposible el establecimiento de la autoridad".
¿Y por qué ésta es tan importante? Porque "sin la autoridad que da y hace respetar la ley, es imposible la libertad, que no es más que la voluntad ejercida en la esfera de la ley. El principio de autoridad es el símbolo actual de la civilización en Sudamérica; todo lo que se opone a su establecimiento, barbarie y salvajismo dorado".
Con pensamientos como éstos, Alberdi promovía un esquema gradualista: mientras no se pueda tener una República verdadera, hay que saber proteger la República posible.

