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"No quiero ser la embajadora anti Cristina"

El nuevo libro de la autora de "Pizza con champán" revela la particular naturaleza de la relación entre la Presidenta y su marido, el ex presidente.

26 de septiembre de 2010 a las 12:02 a. m.
Rafael Saralegui (Especial)
"No quiero ser la embajadora anti Cristina"

Sylvina Walger es socióloga, periodista y ex montonera. En 1994 publicó Pizza con champan, crónica de la fiesta menemista , un divertido y certero relato del gobierno de Carlos Menem, de su intimidad, de sus particulares gustos, de sus miserias y de la impronta que dejó en la sociedad argentina tras su llegada al poder. Para una mujer educada, criada en una tradicional familia porteña, la curiosa combinación gastronómica con la que se celebraba en la quinta de Olivos cuando Menem era presidente significaba todo un registro de época. Pero Walger no es la típica vecina de barrio Norte que se horroriza cuando una persona no tiene los buenos modales que se aprenden en la casa. Porque ha vivido. En junio de 1976, su padre la metió en un coche, la llevó a Ezeiza y le compró un pasaje de avión con destino a Madrid. Vivió en España hasta que la democracia volvió a la Argentina. Entonces, ella también volvió. El padre le había salvado la vida. Walger militó en los años '70 en Montoneros, la guerrilla peronista en la que su pareja de aquella época tenía una activa participación.Acaba de publicar ahora Cristina, de legisladora combativa a presidenta fashion , de Ediciones B, un libro que describe la mutación de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner desde que era la diputada díscola del peronismo en el Congreso hasta su llegada a la Casa Rosada, de la mano de su marido Néstor. Allí, parece dedicar tanto tiempo por día a la administración de los asuntos del Estado cómo a atender hasta el último detalle de su variado vestuario. El trabajo se mete entre las sábanas de la pareja gobernante y cuenta, por ejemplo, cuál fue la reacción del ex presidente durante la noche del 17 de julio de 2008, cuando Cobos pronunció su célebre "mi voto no es positivo" e hizo fracasar el proyecto oficial para aumentar las retenciones a la soja. Según la autora, Kirchner le dio un puñetazo a su esposa presidenta, después de ordenarle que renunciara. Pese al golpe, Fernández de Kirchner decidió quedarse en su cargo."El trompazo de esa noche es lo único que yo sé. Pero creo que es una pareja que funciona a los golpes, que esa es la patología que los une", arriesga la periodista."Extraño a Menem". "Menem fue un desastre para el país, pero yo lo extraño. Con ellos sabías quién era el enemigo. Todos sabíamos que era un chorro y estaba claro. Veníamos de Alfonsín, a quien podías acusar de cualquier cosa pero no de enriquecerse a costa del pueblo. Pero éstos son tremendos. Se han hecho una fiesta para ellos. Son absolutamente retrógrados, tienen ese pensamiento montonero, conspirativo", dice. Y cuando habla de "éstos", se refiere a Néstor y Cristina. "Yo tenía a mi compañero que era montonero, lo viví por ese lado. Yo trabajaba en el diario Noticias , que era de los Montoneros y que dirigía Bonasso. No podías irte; no podías decir 'me voy'. Y la militancia de Kirchner fue siniestra. Rompía las asambleas de izquierda a cadenazos", asegura Walger. Y añade que tras el golpe de 1976, Cristina le pidió a Néstor irse del país, pero él eligió volver a Río Gallegos, donde su familia era más o menos conocida y tenía un buen pasar económico, con el que empezó a amasar su fortuna.La visión de la autora sobre la pareja presidencial no se acerca en nada a la que tiene Olga Wornat en Reina Cristina, vida pública y privada de la mujer más poderosa de la Argentina, publicado en 2006, y en el que presenta a Néstor y Cristina como una sociedad política, indestructible, pero, al mismo tiempo, como un matrimonio que pese a los años transcurridos, aún se quiere, se cuida y conserva los mismos ideales de la juventud."No es una relación entre pares. Ella tiene una relación de sumisión. Hay gente que nació para someterse y otra para someter. Hace muchos años que ellos hicieron un pacto: seguir adelante siempre, pase lo que pase. Eso los pinta como son", interpreta Walger.El libro describe a una mujer obsesionada por su aspecto, que adora las carísimas carteras de Louis Vuitton y de Hermès; que impuso a las mujeres que trabajan a su lado el uso permanente de pantalones, ya que ella odia vestir faldas debido al ancho de sus tobillos y pantorrillas; que en cada viaje ordena el traslado de un cinta para caminar y el pan negro con que desayuna todos los días, como si fuera el capricho de un rockstar , obsesionada por el efecto que el paso del tiempo provoca en su figura. Una auténtica diva, la Presidenta.Walger también ensaya una explicación para describir el ánimo confrontativo y belicoso de los Kirchner. "Son dos personas que tienen un profundo rencor con la vida. Es curioso que el rencor sea uno de los motivos de unión de la pareja. Hay una especie de rencor social. Ella se avergüenza de su padre colectivero y de su madre hincha de Gimnasia. Y él tiene un resentimiento que tiene que ver con la fealdad. Con las operaciones que le tuvieron que hacer en el paladar cuando era chico, con su ojo desviado. Es destructivo".Walger tiene una explicación para marcar el punto de contraste, a su juicio, entre el matrimonio Kirchner en el poder y la década de la presidencia menemista: "La diferencia con Menem, es que Menem repartió todo. La corrupción era horizontal. Ellos, en cambio, han acaparado todo. Lo único que les importa es la inmunidad, para que no los persigan judicialmente cuando el año que viene tengan que dejar el poder".Durante la entrevista, está atenta a los mensajes que le dejan a cada rato en su cuenta de Facebook y en el correo electrónico. Hasta ahora, las felicitaciones son muchísimas más que los insultos. En los primeros días, el libro se ubicó en el ranking de los 10 más vendidos y hasta la invitaron de Chile para presentarlo. Pero rechazó el convite. "Todo tiene un límite. No me quiero convertir en la embajadora antiCristina. No me interesa".