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Los secretos de una fábrica de música

El estudio de grabación más célebre del país es ION, donde desde 1960 registraron su arte cientos de músicos argentinos, de Aníbal Troilo a Charly García; desde Goyeneche hasta “la Mona” Jiménez.

11 de mayo de 2015 a las 12:01 a. m.
Ricardo Mosso (especial)
Los secretos de una fábrica de música
Prócer. Charly y su genio, en el estudio.

Como una Bombonera para los rockeros del último medio siglo; algo así como un Obelisco para los tangueros de alcurnia y para los folkloristas y cuarteteros más populares. Absolutamente nadie ligado a la música argentina deja de reconocer el monumento cultural que para ellos representan los Estudios ION, la "clínica" en la que desde 1956 decenas de artistas vienen pariendo sus criaturas sonoras. Es que todos (o casi) registraron ahí alguna vez su música: desde Aníbal Troilo a Ignacio Copani, de Roberto Goyeneche a Los Auténticos Decadentes, de Los Chalchaleros a Vox Dei; de Charly García a Juan D'Arienzo, de Soda Stereo a Trulalá, desde "la Mona Jiménez" a Andrés Calamaro, y siguen las firmas. La continuidad de esta verdadera fábrica de música que desde 1960 ocupa el mismo edificio de frente algo deslucido del barrio porteño de Balvanera –que en su prehistoria fue un salón de fiestas– se explica también por las personas que la comandan. Una de ellas es Osvaldo Acedo, quien justo ese año arrancó en la empresa contratado como cadete por su fundador, el músico húngaro Tiberio Kertes. De a poco, Acedo fue escalando peldaños: asistente, técnico, ingeniero de sonido, gerente y luego, dueño."En los años '60, poco después de que se fundara ION –rememora Acedo–, todavía estaban vigentes las grandes compañías discográficas como RCA Víctor, Columbia, Odeón y Philips, y cada una tenía su estudio de grabación en Buenos Aires. Pero también había varios sellos discográficos nacionales chicos que no tenían estudio propio y le alquilaban a las multinacionales. A partir de ahí surgió la idea del estudio privado. Fuimos uno de los primeros. Y después los artistas de las multinacionales pedían grabar acá, porque no era tan 'oficinístico' el trato como en los otros estudios". Otra de las piedras angulares de ION es Jorge "Portugués" da Silva, que se sumó al staff en 1980, cuando ya era un técnico experimentado, y que hoy es la cara del estudio en el programa televisivo Encuentro en el estudio (ver recuadro). Da Silva fue primero músico –tocaba el saxo en la orquesta del sello discográfico argentino Music Hall– y quizás eso influyó en que convirtiera en uno de los más importantes ingenieros de sonido autodidactas, que innovaron en el rock nacional. "Lo que tiene ION es esa sala de grabación con los paneles de los años '60, que diría que no tiene casi tratamiento acústico; es muy alta, de más de seis metros. Y una consola MCI estadounidense del año '78 que es una belleza, con un sonido cálido y dulce, especial. Y el piso de madera, el set de micrófonos antiguos, único en el país; todo eso hace que vos grabes cualquier instrumento y suene bien". "Por eso algunos decían que, salvando las distancias, para la música argentina, ION era como Abbey Road, donde grabaron casi todos sus discos Los Beatles".

Bronces y laureles

A pesar de que hay más de una docena de estudios de grabación profesionales en Buenos Aires y alrededores (los hay más establecidos, como Panda, Del Cielito, Del Abasto y Moebio, y más recientes en el negocio, como Romaphonic, El Santito y Fort Music, entre varios otros) el carisma

vintage

de los Estudios ION sigue firme. Al menos así lo siente el tecladista de Los Fabulosos Cadillacs, Mario Siperman, que en 1987 grabó allí el segundo disco de la banda, el exitoso ¡

Yo te avisé!

“A mí en realidad me había impresionado más Moebio, donde habíamos grabado el primer disco”, explica Siperman en el control de su pequeño y bien equipado estudio, Loto Azul, “porque ION tenía más equipos de los años SSRq 70”.

SEnD

Te movilizaba saber quiénes grabaron ahí antes.

–Pesa un poco eso. Un estudio no es sólo alquilar horas de grabación. Un poco con ION pasa eso: entrás ahí y es un lugar inspirador. Sabés que en ese piano tocó (Osvaldo) Pugliese... Existe la mística. Y con el técnico hay como un plus de gusto y sabiduría. Todo comenzó con los Beatles: desde mediados de los ’60, el estudio se convirtió en un instrumento más”.

Coincide con esa idea de Siperman el compositor y académico Pablo Di Liscia, docente de la carrera de Composición con Medios Electroacústicos en la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). “En cierta medida, son comparables los instrumentos y la infraestructura de los estudios de grabación, a los que se puede ver como una caja de resonancia. De hecho, no se puede grabar en un estudio sin ningún eco, porque le faltaría color a la música”. Para Di Liscia, los especialistas como Carlos Piriz, de Moebio, o Fabiana Russo, del estudio Cosentino, “son maestros. Hacen una artesanía maravillosa, porque cada instrumento a grabar es un desafío”. “Aún la música comercial –dice Di Liscia– tiene un alto grado de evolución en la ingeniería de audio”. Explica que, después de la grabación de los instrumentos y las voces, viene “el proceso de mezcla, en el que se intenta reconstruir una imagen sonora que coincida lo mejor posible con la del grupo tocando en vivo. Parece casi un milagro que cuando nos sentamos a escuchar un CD recibamos una imagen sonora que parece que viene del conjunto tocando sin ningún tipo de modificación: suena natural. A eso le llamo ‘verosimilitud de la imagen sonora’”.

Pasado presente

El motor humano detrás de equipos y micrófonos de los Estudios ION, Osvaldo Acedo, tiene a sus favoritos entre los artistas que trabajaron con él. 
El principal, Astor Piazzolla, a quien en 1968 le grabó la operita

María de Buenos Aires

. “Para mí, fue una grabación histórica”, confiesa. Y también habla muy bien de Fito Páez, a quien considera un gran compositor.

Claro que Acedo es también testigo de los tremendos cambios en el mercado de la música en los últimos 25 años: “El disco o el CD dejaron de ser productos de venta. Por eso, hoy se graban por esfuerzo del propio artista”. Y cuantifica la situación: “En los ’70 y ’80, un disco vendedor vendía 100 mil unidades. Hoy, el mismo vende 15 mil...”. “Pero ahora la gente ni siquiera necesita tener la música en un soporte. Por eso hace como 10 años que no aparece ningún tema que se consolide y quede como un clásico. No digo que sea mejor ni peor: son hábitos de consumo”.

Aunque se define como un agnóstico que sólo cree en lo palpable, el dueño de ION abre una puerta para el misterio: “Tenemos un fantasma en el estudio, que ya apareció tres o cuatro veces en los últimos 10 o 12 años. Lo vieron sentado en el piano varias personas que trabajan acá”. Y sigue, con la misma seriedad con la que desgrana la historia de ION: “Después aparecieron unas notas de piano grabadas en una pista, y el pianista decía: ‘¿No te das cuenta de que yo no las pude haber tocado? Están una octava más arriba’. Lo del fantasma siempre tiene que ver con el piano”.

Quizás es por eso que el dueño de los Estudios ION está convencido de que la música es “un fenómeno emocional que nadie sabe cómo pasa”. “Cuando escuchamos música popular discriminamos por género, pero en realidad, son todas canciones –teoriza hacia el final de la charla–. Y por eso llegan. Hay blues que llegan, blues que no, tangos hermosos, tangos aburridos, ¡como todo!” Será por eso que, para él, la 
tecnología es nada más que un medio para “eternizar la música en el tiempo”. 
 “Por ION pasó todo el mundo –señala Acedo sin falsa modestia–. Y a la historia no me la contaron: lo que estas paredes vieron yo lo tengo en mis recuerdos”.