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Los fines y los objetivos

En los 90, los sindicatos fueron prácticamente desarmados por una ofensiva brutal del neoliberalismo. Lucio Garzón Maceda.

11 de noviembre de 2012 a las 12:03 a. m.
Lucio Garzón Maceda (Abogado laboralista)
Los fines y los objetivos

De manera general, distinguidos profesores extranjeros (R. Freeman, R. Hyman, G. Spyropoulos) han clasificado a los sindicatos conforme fines y objetivos en: a) Sindicatos integrados al mercado de la oferta y la demanda, con acento puesto en la negociación colectiva. Acuerdan salarios por empresa, sin demasiada solidaridad al exterior; es el genuino modelo norteamericano hoy dominante en Europa: Wright Mills los llamaba "sindicatos de pan y manteca". Es el modelo propiciado por l as empresas, que crudamente señaló el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), José de Mendiguren, cuando dijo que el salario …es mercado y que los sindicatos deben asociarse y participar... con los patrones. b) Sindicato de reivindicación teórica, con reforma social estatal y diálogo convencional, hoy debilitado tras el desfallecer del Estado de bienestar. c) Sindicatos revolucionarios, hoy inexistentes. Habría un cuarto modelo, que, propugnando una reforma social democrática, participa de la negociación colectiva y de la gestión de algunos servicios públicos. Es el caso del llamado Grupo Gantes (Bélgica, Dinamarca, Suecia, Finlandia), que gestiona, aunque en la actualidad con algunas dificultades políticas, el servicio de desempleo, con alta afiliación. Obviamente, similar con el modelo argentino. Desde 1957 hasta fines 1972, en Córdoba la acción sindical dominante, con mayoría de peronistas y una minoría de independientes, se hizo bajo las consignas conocidas de la resistencia a la proscripción política, a favor de la lucha reivindicativa de un modelo de sociedad democrática distributiva que orillaba el socialismo nacional. La intermediación convencional no era un fin único, sino una de las facetas, aunque importante, del combate integral. Algunas de las acciones sindicales eran transgresoras (tomas de fábricas orgánicas con rehenes, huelgas con marcada violencia y carga ideológica) y constituyeron una praxis institucionalizada, que culminaron en jornadas inolvidables.Los sindicatos participaban en la vida cotidiana, en todos los ámbitos, fábrica y barrio, rechazando los mensajes de "la hegemonía dominante". Hoy, se está lejos de "tomar el cielo por asalto" y de una Córdoba pensada por J. W. Cooke como una "bomba Molotov imaginaria".Los shocks petroleros y la crisis de los '70, el consenso de Washington, con sus efectos de desregulación, fragmentación y precarización, las deslocalizaciones, la caída del Muro de Berlín, la ola neoliberal y desguace del Estado, al asalto del Estado de bienestar y del contrato social de la posguerra, debilitaron en general a los sindicatos. La reducida afiliación sindical que hoy se registra en Europa es muestra de ello. En nuestro país, en los '90, los sindicatos, a contrapelo, fueron, también, casi desarmados, por la ofensiva neoliberal brutal, que desguazó el Estado y vació las instituciones sociales. El último intento fallido fue la reforma propiciada por el gobierno de la Alianza en 1999/2000.La imagen del sindicato clasista o reformista o peronista de izquierda era ya, entonces, casi una reliquia. Desde 2003, con la plena vigencia central de la negociación colectiva y la recuperación del empleo perdido, el modelo de participación se acentúa y los sobrevivientes de los '90 acompañan al Gobierno, con mayor representación y de representatividad, Los sindicatos aplicaron el modelo casi excluyente de negociación, convenios colectivos y gestión de servicios (obras sociales, farmacias, proveedurías, mutuales, asistencialismo, hoteles y recreos), con algunas propuestas de políticas públicas. Hoy se registra una estimulante capacidad de convocatoria y movilización; antesala de un mayor protagonismo, disponiendo, para mejor, de los beneficios legales y materiales del modelo sindical que facilita trascender, cuando hay voluntad, hacia un tenue reformismo y anular intentos de soslayarlos La unicidad sindical, la estructura vertical y la potencialidad material, así como la vigencia, predominante y promocionada, de la convención de actividad, las altas tasas de afiliados-adherentes, de densidad sindical y de coberturas convencionales, fascinan a los dirigentes sindicales europeos. Hace pocos días, el presidente mundial de la Union Internacional de Trabajadores de la Alimentación, en Buenos Aires, lo señaló durante las deliberaciones del congreso de la Confederación de Asociaciones Sindicales de Industrias de la Alimentación (Casia), que agrupa a 17 federaciones.En Córdoba, los gremios públicos (SEP, UEPC, municipales, Luz y Fuerza), en base a su tradición, estabilidad, potencialidad, representación y representatividad, están en condiciones, si aunaran esfuerzos, de acaudillar, junto a los privados, convocatorias programáticas reformistas. Como en noviembre de 1957, en La Falda, también ante un quiebre nacional, ello podría hacerse con autonomía, respeto y equilibrio, ajustado a tiempos y fines. Una posibilidad sería, entre otras, proponer, como humilde consigna unificadora, la disponibilidad para todos del goce irrestricto de los servicios declarados por la Constitución Nacional aún insatisfechos (vivienda, educación, salud, transporte, comunicaciones, seguridad, higiene, esparcimiento). Podrían hacerlo sin descuidar lo que ya disponen, vale decir las negociaciones colectivas y la gestión de servicios, obras sociales y el esparcimiento, cercanos a la modernidad. En documentos de recientes congresos de centrales mayoritarias se advierten esperanzados contenidos reformistas ajustados a "un mercado sólo allí donde él sea posible, sin postración, con un Estado presente y respetado en todo lo que sea necesario". Los sindicatos deben acentuar su intervención, pues, no sólo en la gestión salarial sino también, reforma impositiva mediante, en el goce de todos los servicios públicos enunciados, en pos de una mayor igualdad para sus trabajadores y sus hijos, sin lo cual estarán condenados a la exclusión de por vida, en una sociedad del conocimiento cada vez mas desigual. Podrá, así, facilitarse más la Fraternidad, Justicia y Libertad.