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Los devoradores de conciencias

Hay estrellas internacionales que, en el borde de lo inconcebible, prohíben en forma categórica a los empleados de los hoteles en los que se alojan que los miren a los ojos o les dirijan la palabra. Eduardo Bocco.

23 de diciembre de 2012 a las 12:03 a. m.
Los devoradores de conciencias

Hay estrellas internacionales que, en el borde de lo inconcebible, prohíben en forma categórica a los empleados de los hoteles en los que se alojan que los miren a los ojos o les dirijan la palabra. Miran desde las alturas al resto de los seres humanos a los que, probablemente, consideren como súbditos a partir de una concepción arcaica, intolerante y básicamente antidemocrática.Están en las nubes, terminan convencidos de que son seres alados y tienen una idea más o menos fija: piensan que transmiten la felicidad a partir de la ejecución de su arte. Por ello deben cobrar cifras estrafalarias.El problema es que hay un séquito que los convence de eso. Tal vez lo haga para pasarla bien o para asegurarse un futuro tranquilo.Los que son especiales y están dotados de un talento particularísimo no lo declaman, simplemente lo demuestran. A los genios no les hace falta sorprender con actitudes extravagantes, ni obligar a los empresarios que la contrataron a comprarles determinada marca de agua mineral.Esas son bobadas, se las mire por donde se las mire. El problema es que como a veces son negocio, los que ven la veta están dispuestos a correr con la humillación porque todo ese ornamento en torno a la estrella es un condimento más. Forma parte del marketing y de la promoción que asegurarán la rentabilidad de quien pone en riesgo un capital importante en la contratación de la figura.La estrella es un combo y viene con el guitarrista, el vestuarista, el secretario, el prensero y una lista de condicionamientos que pasan por el agua, los jazmines y las trufas. ¿Qué tal si alguna vez "la Mole" exige una carretilla de milanesas antes de entrar a un teatro?Seguramente diríamos que se trata de una vulgaridad mayúscula. Pero si es Madonna la que pide (en este caso alimentos macrobióticos o champán Cristal), todo está bien, o más o menos bien.Lo grave es que estas locuras que vienen de finales del siglo pasado (o al menos en esa época cobraron notoriedad) no se agotan en el mundo del arte. Uno puede contratar o no a Luis Miguel o a Madonna. Uno puede ir a ver o no sus recitales (a los que ellos llaman pomposamente "conciertos").Lo grave es cuando los personajes que se devoran a las personas tienen otro tipo de responsabilidades. Cuando el que se cree ser alado tiene la responsabilidad de conducir una organización determinada que puede tener el tamaño de un país, de una provincia, de un municipio o de una universidad, por citar sólo algunos ejemplos al azar.Lo peligroso es cuando el que tiene la última palabra está convencido de que es un ser superior.Ahí está el problema. Si cree que es capaz de torcer la historia, de derribar el pasado o de armar el futuro a su antojo, ahí, entonces, estamos en presencia de un problema serio. Piénselo. Y no los vote. Así les hace poner otra vez los pies sobre la tierra.