Las redes de trata son como un inmenso hormiguero
La periodista y escritora Sibila Camps habla de su último libro, “La Red. La trama oculta del caso Marita Verón”. En ese marco, apunta a los modelos de mujer y familia que persisten entre víctimas y victimarias.
"En cualquier momento me llaman de una radio también para entrevistarme", nos avisa Sibila Camps, al tiempo que nos abre las puertas de su casa. No termina de decirlo cuando suena el teléfono. Sucede que el 23 de septiembre, día de la entrevista, se cumplía el centenario de la ley 9.143, también conocida como Ley Palacios, contra la trata de personas. Fue la primera norma en el mundo contra ese flagelo e inspiró, muchos años después, la instauración del Día Internacional Contra la Explotación Sexual y Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños, tema sobre el cual Sibila Camps es referente ineludible, sobre todo por la publicación de su libro La Red . La trama oculta del caso Marita Verón . Camps había cubierto el juicio para Clarín y para Clarin.com. - ¿"La trama oculta" hace referencia al juicio o a todo lo que conlleva el tema de la trata? –En la segunda semana del juicio, las dos acusadas de Tucumán, María Jesús Rivero y Daniela Milhein, pidieron declarar y se refirieron a esos trasfondos que yo ya había investigado para El Sheriff . En ese momento, me di cuenta de que las crónicas periodísticas de la cobertura diaria me serían insuficientes, y no sólo por razones de espacio: únicamente un libro me permitiría interpretar lo que se dijera y lo que se callara durante las audiencias, interrelacionarlo, reponer información, corregir datos erróneos o tergiversados; retomar, desmenuzar y hacer polvo, como terrones, rumores arraigados sin ningún asidero. - ¿Cómo se desarrolló su investigación sobre "la ruta de la prostitución", la red de explotación del noroeste ramificada en todo el país? – La Red no es un libro de investigación periodística, como sí lo es El Sheriff . Más que investigar, averigüé lo necesario para reconstruir los contextos de los cuales son emergentes el juicio y el caso Marita Verón. El desafío que me propuse fue, como digo en la introducción, "señalar y poner en su lugar lo que estaba a la vista y no se quería ver; lo que era evidente pero se negaba, lo que despuntaba por más que se intentara ocultarlo". Apunté a poner en orden e interpretar lo que los investigadores del caso Marita, aun con todas sus deficiencias y con el alevoso encubrimiento político y judicial, habían relevado acerca de la red de trata de Liliana Medina en La Rioja y sus conexiones con otras provincias en especial con Tucumán. Únicamente por una víctima –María de los Ángeles Verón–, durante el juicio se mencionaron prostíbulos en varias ciudades de al menos 11 provincias. Esto demuestra que, en el fondo, las redes de trata son como un inmenso hormiguero, ya que todas están directa o indirectamente conectadas entre sí. Además, se revelaron conexiones con otros países. Pero por tratarse de delitos complejos y de crimen organizado, lo que salió a la luz y se desmanteló en buena medida en aquel momento (entre 2003 y 2005), volvió a rearmarse de otro modo, en otras provincias. Esto significa que aquella estructura se ha modificado, también al ritmo de los avances a partir de la sanción de la ley de trata. En la actualidad, algunos de los enclaves fuertes de la explotación sexual y de la trata de aquellos años ya han sido debilitados, sobre todo en Tucumán y en La Rioja. En cambio, en Santa Cruz han ido mutando, y aumentando –al igual que en otras provincias patagónicas–, asociados a los desarrollos mineros y petroleros.– En este libro habla de modelos de mujer y de familia que persisten tanto entre las víctimas como entre las victimarias… –El de Marita Verón fue netamente un juicio de género: mujer era la víctima principal, mujeres eran las testigos-víctimas que estuvieron en contacto con Marita, mujeres son su madre y las familiares que más la han buscado, mujer es su hija Micaela, mujeres eran también seis de las siete acusadas. – ¿A qué llama, en este marco, "lenguajes enmascarados"? –Por ejemplo, al lenguaje prostibulario que, a diferencia de otras jergas marginales, no utiliza términos inventados ni deformados, sino un vocabulario incluso burgués (por ejemplo marido, por "fiolo"; mujer, por mujer explotada por el fiolo; madrina, por reclutadora; whiskería, por prostíbulo). Esto enmascara el delito. De ese modo, las víctimas no se reconocen como tales. Pero también es lenguaje enmascarado el judicial, en tanto denomina con eufemismos o con términos ininteligibles, procedimientos y recursos que, en el fondo, establecen distancias siderales entre las víctimas y su acceso a la justicia. Durante las audiencias, ambos lenguajes se utilizaban en paralelo, sin puntos de contacto entre sí. Esto demuestra la incapacidad por parte de los jueces de comprender a las mujeres víctimas que declaraban; o la decisión de imponer esa distancia.– Dicen que sólo hay tres posibilidades en cuanto al estado de Marita Verón: viva, muerta o irrecuperable. ¿Cuál es su opinión? –Tanto los lapsus durante el juicio de una de las acusadas y de algunos abogados defensores, como la ausencia de indicios de la presencia de Marita desde fines de 2003, me llevan a pensar que es muy probable que haya sido asesinada en La Rioja.– Apareció "La Red" y casi en simultáneo la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires la premia. ¿Qué significa haber obtenido el Premio Lola Mora? –Tomo el premio como un reconocimiento al trabajo cotidiano en un medio de alcance nacional para introducir temas y hechos vinculados con los derechos humanos de las mujeres. – Estudió Letras en la UBA, pero su primer trabajo fue en periodismo gráfico. ¿Cómo fue ese camino? –Comencé en La Opinión , en septiembre de 1977, sin que fuera mi meta el periodismo: hacía falta cubrir una vacante en la sección bibliográfica, y me pareció coherente con mi formación universitaria. La Opinión ya estaba intervenida por el gobierno de facto, hacía un año y medio que Jacobo Timerman –su fundador– había sido detenido por los militares, quienes ya habían desaparecido a algunos de sus periodistas; muchos otros se habían ido del diario, e incluso del país. – También pasó por otras redacciones. ¿Cuáles son las huellas más profundas que le quedan de cada medio gráfico? –Fui colaboradora permanente de Humor durante su época de oro, y también de la revista dominical de La Nación. Durante cuatro meses trabajé en Convicción , un diario de un sector de la Armada que respondía a Emilio Massera. La experiencia en esos tres medios fue el ejercicio cotidiano de gambetear la censura y de intentar abrir ventanas a los lectores. En cuanto a Clarín , donde trabajé hasta mayo pasado, no puedo hacer ningún ejercicio de síntesis, ya que fueron más de 30 años: la mitad de mi vida. – También es autora de libros, entre ellos "El Sheriff. Vida y leyenda del Malevo Ferreyra", uno de los trabajos más exhaustivos de investigación que existen en materia de reconstrucción de casos que fueron muy mediáticos. –Comencé a pensar en ese libro hacia fines de 1993, cuando Ferreyra llegó por primera vez a un juicio oral. No podía entender que un comisario ya conocido a nivel nacional por denuncias de torturas, y torturas seguidas de muerte no hubiera sido nunca juzgado. Tampoco podía comprender cómo la sociedad tucumana había permitido a semejante delincuente que llegara a jefe de la Brigada de Investigaciones de la Policía de Tucumán. Lo que terminó de decidirme fue el apoyo popular que recibió la noche en que se fugó del Palacio de Justicia, tras haber sido condenado a prisión perpetua por un triple homicidio agravado con alevosía. Él y ocho subalternos habían ejecutado a tres hombres que no tenían pedido de captura ni eran investigados por nada.
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