Las primas
La dislalia de Yuna es más que un recurso circunstancial de la autora de esta novela, Aurora Venturini (1922-2015). Su dificultad contamina la forma en que está narrada Las primas desde que la historia la cuenta la misma Yuna, porque ella traspolará al discurso escrito esas particularidades de su disfunción que intenta evitar en el plano oral.
La historia de una vida enmarcada dentro de una familia disfuncional es la excusa de la que se vale una joven pintora, Yuna, para referir las anécdotas iniciáticas de su relación con el arte como modo de refugio y fuga de una realidad fea y mediocre, contaminada de envidias y desvalorizaciones hacia su elección vocacional. Un censo homogéneo de minusválidos, tanto emocionales como mentales y físicos, entre ellos la misma Yuna, moldea las figuras de unos personajes extraordinarios, memorables por sus caracterizaciones rabelesianas, que hacen del relato un desfile de aquelarres monstruosos que se cruzan en el camino de la pintora para alentar en ella un deseo de progreso que excederá su oficio enfocándose en la superación de su particular dificultad. Una madre depresiva y abandonada tempranamente por su esposo; una hermana menor, Betina, minusválida mental, contrahecha y tullida en una silla de ruedas ("un bicho jorobado de piernecitas cortas y brazos increíbles"); una tía solterona y virgen "con ojazos negros de vaca" y deseos truncos por la pintura; una prima con seis dedos en una mano y embarazada a los 14 años, y la otra prima, Petra, el personaje más atractivo de la novela, una liliputiense prostituta y ladina que será el vínculo más firme de Yuna en esos años, amiga, confidente, compinche y habitante de un mundo marginal, peligroso y seductor que le inspirará sus mejores cuadros de la época.¿Cuál es, entonces, esa particular dificultad de Yuna que la vincula de algún modo con esta minusvalía imperante en los genes familiares? No es física, para empezar: Yuna es alta, delgada y bonita, con un poder de atracción hacia los hombres que el talento excepcional de su oficio exacerba, desde sus flirteos apagados con su profesor de Bellas Artes, José Camaleón, un hombre cuya soledad y rareza lo llevarán a caer pronto en las redes de la disfuncionalidad familiar.Pero a Yuna le repugnará siempre la cercanía con el sexo opuesto, la sola eventualidad de cualquier contacto íntimo encenderá su pudor, de igual modo que las evacuaciones excrementicias durante las comidas que acomete su hermana Betina, la imbécil de la familia, una repulsión contra las procacidades del cuerpo que no discriminará las urgencias fisiológicas del placer sexual. La dificultad de Yuna, la que marcará su vida y fomentará su deseo de superación, es sin embargo otra, una incapacidad fonética que hace que no se le entienda bien cuando habla. La dislalia de Yuna es más que un recurso circunstancial de la autora de esta novela, Aurora Venturini (1922-2015). Su dificultad contamina la forma en que está narrada Las primas desde que la historia la cuenta la misma Yuna, porque ella traspolará al discurso escrito esas particularidades de su disfunción que intenta evitar en el plano oral. La verborragia y la digresión, las abruptas lagunas del discurso, la lengua desenfadada y frenética colonizan la obra y son las herramientas a las que recurre Yuna para no dejar de hablar y para, de ese modo, disimular su dificultad: "A veces ponía punto o coma para respirar pero me convenía comunicarme de viva voz rápidamente para que me entendieran y evitar lagunas silenciosas que descubrían mi incapacidad de comunicación verbal porque al escucharme a mí misma me confundían los ruidos de adentro de la cabeza y el sibilante fluir de la palabra".Sus éxitos artísticos, su ineptitud para descifrar el sarcasmo y la metáfora, y el encubrimiento de un crimen horrendo animarán esta historia deliciosa, cruzada de un humor grotesco de carcajada súbita que invisibiliza el artificio de un texto escrito con pocos puntos y comas, aquel mérito formal, paralelo a la seducción de la anécdota, que distingue a la novela.

