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Las patas de la mentira

La sola dinámica de los hechos, que en este caso se traduce en el enojo, hizo que los Estados Unidos demoraran apenas una hora en desmentir al primer ministro británico, David Cameron, quien hizo una afirmación sobre Malvinas. Eduardo Bocco.

18 de marzo de 2012 a las 12:02 a. m.
Las patas de la mentira

La sola dinámica de los hechos, que en este caso se traduce en el enojo, la indignación o los deseos de no quedar descolocado, hizo que los Estados Unidos demoraran apenas una hora en desmentir al primer ministro británico, David Cameron, quien hizo una temeraria afirmación sobre las Islas Malvinas.

Sin ponerse colorado, el premier británico aseguró que el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, apoyaba el derecho a la libre autodeterminación de los pueblos, lo que es lo mismo que compartir la postura del Reino Unido sobre la soberanía del archipiélago.

Cameron mintió o sus palabras no se ajustaron a lo que realmente hablaron ambos líderes, según lo que aclaró Estados Unidos después. Washington puso los pies en polvorosa y tomó distancia. No quiso comprometerse con el conflicto y mantuvo su imparcialidad.

Históricamente, los Estados Unidos y Gran Bretaña fueron socios y aliados, pero ahora Obama quiere, en principio, no levantarle la mano a ninguna de las partes. Este es un detalle que no se puede soslayar ni mucho menos. Quienes los subestimaron tontamente fueron los militares argentinos en 1982, con el dictador Leopoldo Galtieri a la cabeza, que creyeron que Estados Unidos respaldaría la aventura argentina de invadir las Islas y desairaría a la entonces premier Margaret Thatcher.

Tal vez Cameron se confió en esto y se mandó. Y le fue mal porque, más allá de la perfección con que se la presente, la mentira muestra siempre un grado de vulnerabilidad, que en este caso resulta obvio y casi burdo.

El premier europeo no tiene la exclusividad de confundir declaraciones o afirmaciones. Hace un tiempo, Argentina había hecho algo parecido, cuando tomó declaraciones de Hillary Clinton y rápidamente anunció el aval de Estados Unidos al reclamo argentino. En ese momento, las autoridades norteamericanas, a través del Departamento de Estado, remarcaron la neutralidad de ese país y se pronunciaron por que los países en conflicto resuelvan sus diferencias por el camino del diálogo.

La mentira o los mentirosos parecen reproducirse de manera asombrosa en los gobiernos; prueba de esto son los ejemplos en distintos puntos del planeta.

Lo grave es que en el imperio de la impunidad no hay sanciones para nadie, o al menos no existe ningún castigo o penalidad concreta para actos de este tipo. Cualquiera dice cualquier cosa y generalmente no pasa nada.

Eso no es un rasgo argentino ni mucho menos. La globalización lo tomó y la situación se expande y no sabe de fronteras ni de límites. Más vale todo lo contrario, a juzgar por lo que se ve, se lee y se escucha en la aldea global.

A esta altura de las cosas, y por obra de los seres humanos, la situación de las Islas Malvinas puede quedar reducida a un detalle, o a una anécdota.