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Las favelas, factor clave en las elecciones

Elige presidente, legisladores y gobernadores el 5 de octubre. La visita de los candidatos a estos sectores populosos es casi una obligación. Ciertos grupos piden plata para dejarlos entrar.

15 de septiembre de 2014 a las 12:01 a. m.
Gustavo Arnoldt (especial)
Las favelas, factor clave en las elecciones

Vi vir en una favela es una experiencia enriquecedora que pudimos plasmar durante algunos días en Río de Janeiro. El motivo era vivenciar una experiencia distinta, y hacer un relevamiento de la incidencia que puede tener el millón y medio de habitantes de los barrios más pobres de esa ciudad en las elecciones presidenciales, legislativas y regionales del 5 de octubre venidero. El origen de las favelas se remonta a la guerra civil que sufrió Brasil a principios de su historia como país. Un grupo de 20 mil soldados, luego de ganar sangrientamente la Guerra de Canudos, regresaron al puerto de Río de Janeiro en 1897. El gobierno les prometió casas, pero la burocracia hizo todo más lento. Aburridos de esperar una respuesta, tomaron una colina en el centro de Río y construyeron sus casas ahí con familiares y amigos.Las favelas se masificaron en la década de 1940, cuando la industrialización hizo migrar a miles de obreros a la ciudad e instalarse informalmente en diferentes barrios de la ciudad. Con el paso del tiempo, ante la falta de atención del estado, los sectores más pobres fueron construyendo casas en las laderas de los morros de la misma manera que estos soldados. Así se constituyeron estas poblaciones como barrios de carácter precario. Las viviendas de frágil estructura, la construcción caótica, la falta de alcantarillado y servicios básicos sellaron su marginalidad. Y aunque las favelas se constituyeron también como lugares llenos de vida, las drogas marcaron el destino de muchas de estas comunidades.El poder económico de estos grupos los convirtió en "benefactores" de la población, pues ofrecieron servicios como luz eléctrica, TV por cable, construcción de escuelas, y hasta pequeñas viviendas. A cambio, pedían que un joven integrante de cada grupo familiar trabajara con ellos. De esta manera, se generó una especie de Estado paralelo. Esto hizo que aumentara la situación de marginalidad de las personas que vivían en las favelas, difundiendo el miedo, promoviendo una imagen negativa de esos barrios y dificultando la intervención del Estado. Incluso, en muchos barrios se instalaron las "milicias", grupos de policías mafiosos que pretendían tomar los territorios de las bandas narcotraficantes y actuaban, según ellos, en "defensa propia" sembrando el caos y la muerte. La policía oficial enfrentó a los mafiosos por años, pero con violencia, abuso de autoridad y poco respeto a los habitantes de las favelas.

Guerra y pacificación

El resultado fue nefasto. Desde 1991 hasta 2008, la policía registró la muerte de dos mil agentes. Además, 10 mil personas murieron en estos enfrentamientos con las fuerzas del orden.

El objetivo de oficiar de sede de acontecimientos deportivos, como el Mundial de fútbol de este año y las Olimpíadas de 2016, fue acompañado por un plan de pacificación de los barrios pobres. Se trata nada menos que de 1.071 favelas, que no se encuentran necesariamente en la periferia de la ciudad, sino integradas e incluso en la cercanía de los barrios más ricos, como es el caso de la favela donde vivimos, ubicada muy cerca de Ipanema, de clase media y media alta.

Los habitantes de estos barrios tuvieron participación en las definiciones físico-urbanísticas que se tomaron. En la favela Santa Marta, en el monte del mismo nombre, los planes de urbanización fueron presentados en concurso público, y la propia comunidad escogió el que encontró más acorde con el diagnóstico trazado y con las propuestas orientadas por la Comisión Comunitaria. Esta comisión estaba compuesta por representantes de 20 entidades, desde la asociación de vecinos hasta el club de samba, pasando por clubes deportivos, iglesias, etcétera). Es interesante el accionar de las asociaciones de vecinos. En las áreas donde su liderazgo era más fuerte, más activo y más maduro políticamente, con más habilidades para defender sus propuestas, estas han prevalecido ante las autoridades públicas.

La preparación de un Plan Director para las Grandes Favelas tuvo por objetivo diagnosticar el volumen de trabajos que serían necesarios para calcular correctamente las necesidades de abastecimiento de agua, redes de alcantarillado, drenaje pluvial, alumbrado público, recolección de basura, limpieza pública, etcétera, todo ello de una complejidad distinta de las favelas más pequeñas.

Las grandes aglomeraciones –de más de 2.500 viviendas, con poblaciones de entre 20 mil y 60 mil vecinos–que el programa definió como “Grandes Favelas” constituían un desafío para el que se diseñó un programa específico y novedoso que se convirtió en uno de los logros del programa Favela-Bairro. El programa fue creado especialmente para unas realidades en las que la elaboración de un proyecto individual resultaba impensable.

Comicios a la vista

Las visitas de los candidatos a las favelas con vistas a las elecciones del 5 de octubre no estuvieron a salvo de incidentes. “Me niego a tener que pedirle permiso a alguien”, dijo el diputado regional Luiz Paulo Correa al explicar que tuvo que cancelar una visita a la favela Rocinha por amenazas de narcotraficantes.

Al igual que Correa, varios políticos figuran en la lista de candidatos prohibidos elaborada por narcotraficantes y parapoliciales en las favelas que siguen controlando.

Un informe del canal O Globo reveló que algunos grupos exigen el pago de hasta 100 mil reales (43.500 dólares) a los políticos que quieran llevar su propaganda electoral a los territorios que controlan.

Once millones de brasileños, el seis por ciento de la población, viven en favelas, según los datos del Censo de 2010. Las de Río de Janeiro, con un millón y medio de habitantes, están en la mira de los candidatos a las elecciones presidenciales, legislativas y regionales de octubre próximo en Brasil, pese a la eterna desconfianza de quienes viven en estas barriadas pobres.

“Durante la campaña vienen muchos políticos, pero no podemos confiar en ellos. Son pocos los que llegan a la comunidad para hacer algo”, aseguró a la agencia EFE José Mário Hilário, presidente de la asociación de vecinos de la favela Santa Marta y cuyas palabras reflejan la desconfianza de una población que no figura entre las prioridades de los gobernantes.

Horas antes de esta declaración, Hilário acompañó al candidato socialdemócrata a la presidencia Aécio Neves en su visita a esta favela en la zona sur de Río de Janeiro, la primera en beneficiarse con la política de seguridad del gobierno regional de instalar puestos permanentes de policía en comunidades que antes eran controladas por bandas de narcotraficantes.

Sin embargo, la visita del opositor estuvo marcada por la ausencia de moradores, muchos de los cuales admitieron no conocer al tercer candidato con mayor intención de voto en Brasil según la encuestadora Datafolha.

“Hay que mejorar la educación, la seguridad y los ingresos de estas comunidades”, respondió Neves al ser preguntado sobre la ausencia de vecinos durante su visita a Santa Marta y la estrategia del partido para atraer el voto de los más pobres.

Una fuente de la asociación de vecinos de Rocinha, la favela más poblada de Río de Janeiro, explicó acertadamente que “el desconocimiento es mutuo”. Los candidatos no conocen a la gente pobre y la gente no conoce a los candidatos.

Este comportamiento pudo ser decisivo en 2010, cuando la entonces candidata del Partido de los Trabajadores (PT), la actual mandataria Dilma Rousseff, fue elegida presidenta con un respaldo superior al 73,7 por ciento en las favelas de Río durante la segunda vuelta.