Las dos caras de la moneda
En la carrera por ver quién vituperaba más a Boudou, el radical Gerardo Morales ganó por demolición. Lo aplastó al vice al decir que mientras está procesado “se iba de joda a escuchar a sus amigos de La Mancha de Rolando”.
Si lo hubieran pensando y planificado con la suficiente antelación, no les habría salido tan bien. Una campaña orquestada y con fuerte inversión económica no iguala lo que hizo el Gobierno nacional para humillar al vicepresidente Amado Boudou. Si fue ex professo o no, a eso lo deberán responder los arquitectos de las políticas del kirchnerismo. Lo cierto es que la oposición se hizo un festín el miércoles pasado, durante la última sesión de la Cámara de Senadores de la Nación.Es que, después de varias semanas, Boudou –vaya a saber si por sugerencia de la Presidenta o de algún otro conspicuo capitán del kirchnerismo– presidió la sesión ordinaria del cuerpo. Se sentó con total tranquilidad en el estrado y, como si fuera un rostro extraído de un museo de cera, no se le movió un músculo cuando los opositores le dijeron de todo.En la carrera por ver quién vituperaba más a Boudou, el radical Gerardo Morales ganó por demolición. Lo aplastó al vice al decir que mientras está procesado "se iba de joda a escuchar a sus amigos de La Mancha de Rolando".Se sabía que esa exposición pública hace unos días, en un local nocturno, en algún momento le iba a costar caro al exministro de Economía, hoy bajo sospecha. Un acto de irresponsabilidad propia, podría decirse a la hora de calificar. O una provocación a la gente.Sin embargo, cuando se sentó en el estrado a dirigir la última sesión del Congreso, se superaron todos los límites. Que el Gobierno quiera defenderlo es una cosa, que se les falte el respeto a la sociedad y a los votantes es otra.Los senadores hacían fila para destrozarlo. Él no decía nada y sus compañeros de bloque tampoco, es más, algunos disfrutaba con cierta discreción, según comentarios de varios de los presentes en el recinto el miércoles por la tarde.Esa es la segunda autoridad de la república que, tal vez, no se defiende porque ya no tiene elementos para hacerlo, porque no le interesa o porque le da igual. En cualquier caso, es grave desde lo institucional. ¿Esta comedia seguirá así hasta la finalización del mandato? Boudou parece un hombre de hielo, al cual le resbala todo. Es más, cuando se defendió de las imputaciones en la causa Ciccone, la gente no le creyó. Sus argumentos ni siquiera convencieron al oficialismo.Felizmente, el impacto mediático de esta noticia quedó amortiguado por otros hechos mucho más reconfortantes, como fue la confirmación de que la abuela Estela de Carlotto se reencontró con su nieto nacido en cautiverio durante la dictadura.No todo es oscuridad. Están los Boudou, pero también las Carlotto. En la batalla mediática, el rostro enternecido de la abuela contando la historia del reencuentro pudo más que el rostro del vice con cara de póquer, que parece subestimar y faltarles el respeto a sus votantes. Pero no, él seguirá diciendo que hay jueces adictos a la oposición que quieren voltearlo...

