La vuelta del vale todo
En cada comienzo de una campaña electoral se ven con más frecuencia las descalificaciones cruzadas, las discusiones sin sentido y las agresiones que llegan a ser salvajes.
En cada comienzo de una campaña electoral se ven con más frecuencia las descalificaciones cruzadas, las discusiones sin sentido y las agresiones que llegan a ser salvajes. Desde pomposos despachos, vendedores de humo con chapa de consultores diseñan estrategias tendientes a contarles las costillas a los rivales, que de adversarios pasan a ser enemigos. Por eso se habla de las vidas privadas, de los hijos, de los padres, madre y hermanos del otro. Y la calesita gira y gira, a un costo altísimo. Porque lo que se gasta en ese tipo de acciones llega en algunos casos a ser escalofriante. Si uno bucea un poquito, se llega a una conclusión triste: esa plata en muchos casos viene de los bolsillos de la gente.Pero a veces no se trata de dinero, sino de respeto. El ministro de Interior y Transporte y precandidato presidencial del kirchnerismo, Florencio Randazzo, lanzó un ataque artero al gobernador bonaerense y también precandidato K, Daniel Scioli.Como casi todo el mundo sabe, a Scioli le falta un brazo. Lo perdió hace varios años, cuando tuvo un accidente con su lancha en el medio de una competencia del campeonato mundial de la especialidad.En un foro de Carta Abierta, la organización de intelectuales que depende del kirchnerismo, Randazzo dijo que cuando finalice la gestión de Cristina, el proyecto puede quedarse manco.El coro de reidores rentados lo encabezó el propio presidente de Carta Abierta, Ricardo Forster, mientras el ministro-precandidato festejaba su ocurrencia como un gol en la final de la Copa del Mundo de fútbol.Forster se vio obligado a pedir disculpas. Seguramente cuando vio las imágenes de lo que había protagonizado, debe hacer sentido vergüenza.Randazzo habló, pero no se desdijo. Bueno, a veces estos hombres son bastante caprichosos y, cuando tienen algo de poder, suelen potenciar su intolerancia.La esposa de Scioli, Karina Rabolini, pícara y rápida de reflejos, apareció en televisión y revolcó a Randazzo por un colchón de mugre sin pronunciar un solo agravio. La exmodelo lloró en cámaras, no agravió, pero dejó al rival de su esposo como un torpe.Eso es la campaña hoy. El miércoles por la noche, el gobernador José Manuel de la Sota también se sumó a este tren descontrolado protagonizando una pelea insólita y bizarra con el secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, un kirchnerista marginal.La pelea fue burda e irrespetuosa para la ciudadanía. No hay necesidad de cruzar semejantes agravios por un voto. En el fondo, la pelea es por votos, no por mejorar la seguridad. Eso, al menos, pareció luego de esa desopilante pulseada entre el gobernador y este "Rambito" dispuesto a hacer y decir lo que le dicten desde la Casa Rosada.La falta de éxito está llevando al jefe del Ejecutivo provincial a hacer cosas que en otro momento seguramente no haría.Todo vale, vale todo. Algún día, la gente los va a poner en caja.

