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La vida y la soledad

El Diario, de Katherine Mansfield, nos muestra el aspecto más íntimo de esta excepcional escritora. Rogelio Demarchi.

04 de septiembre de 2011 a las 12:02 a. m.
Rogelio Demarchi (Especial)
La vida y la soledad

Aprovechen la Feria del Libro y busquen a Katherine Mansfield. Porque es, para muchos escritores y críticos de todo el mundo, la mejor autora de cuentos y novelas cortas en lengua inglesa del siglo 20; porque se cumplen 100 años de la publicación de su primer libro; porque pueden conseguir sus Cuentos completos (Debolsillo, 2007), que reúne 73 ficciones terminadas y los fragmentos de 15; y porque ahora también está el Diario (Debolsillo, 2011). Según su marido, John Murry, que además fue su editor, la escritura de Mansfield está dominada por el deseo de contar la verdad, de allí su decisión de "recrear su pasado tal como lo había vivido y sentido". Según la escritora española Ana María Moix, su escritura gira alrededor de personajes aislados, incapaces de comprender a los demás, retratados "en escenas de su vida familiar, amorosa o social"; personajes que, de alguna manera, representan a la propia Mansfield.De hecho, la narradora de los cuentos que integran En una pensión alemana , su primer libro, publicado en 1911, es una mujer inglesa que está sola en esa pensión o "casa de salud", en medio de un gran número de alemanes que desprecian y desvalorizan todo lo que remite a Inglaterra, de modo que ella toma distancia y registra sus vivencias desde una perspectiva que oscila entre el sarcasmo y la ironía. Ellos creen que encarnan "el espíritu moderno" y el "progresismo", como lo indican algunos de los títulos de los cuentos, pero son decadentes, conservadores e incultos. Entonces, más vale sola que mal acompañada, ¿verdad?De todos modos, el Diario nos muestra el costado más íntimo de Mansfield y allí se puede ver que, aunque esa soledad es una opción, una decisión consciente, se vuelve una carga difícil de soportar cuando aflora la angustia.Una expresión de la angustia: "Mi ansioso corazón está devorando todo mi cuerpo, devorando mis nervios, devorándome el cerebro. Siento este veneno llenándome lentamente las venas: cada partícula contaminándome lentamente. No estoy tranquila nunca, nunca en calma, ni un instante". Murry anota que su esposa estaba "convencida de que moriría de un fallo cardíaco". Murió por tuberculosis, el 9 de enero de 1923, a los 34 años.¿Qué gana estando sola? Tal vez, paradoja mediante, tranquilidad. "La cantidad de satisfacción precisa y exquisita que obtengo de observar a la gente y las cosas cuando estoy sola es sencillamente enorme; realmente sólo me divierto del todo conmigo misma". Admite, con todo, que compartir cosas con otro le resulta problemático: "Los demás no se paran a mirar lo que yo quiero mirar. O si lo hacen, lo hacen para satisfacerme o para que esté contenta o para que estemos en paz. Pero soy de tal manera que, por más confianza que tenga en alguien, empiezo a considerar sus opiniones y sus deseos y no merecen la mitad de la consideración que merecen los míos". Esa oscilación se traslada a su escritura. Por momentos, está convencida de su proyecto; por momentos, quiere tirar todo y empezar de cero. "¿Por qué dudo tanto?", se pregunta. Por inseguridad, se responde. Por todo ello, nadie se animó como Mansfield a retratar la compleja trama que une la vida y la soledad.