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“La sorpresa es la crisis del islam”

El historiador, reportero y ensayista estadounidense David Rieff reflexiona sobre las tensiones de las sociedades multiculturales europeas y cree que el islam atraviesa una crisis profunda.

02 de febrero de 2015 a las 12:01 a. m.
Ana Carnajosa*
“La sorpresa es la crisis del islam”
Consecuencia. Tras los ataques a la revista “Charlie Hebdo”, los musulmanes franceses son vistos como potenciales amenazas (thedailybeast.com).

David Rieff salta de un extremo ideológico al otro sin complejos y fabrica conclusiones que rara vez encajan en corsés políticos. A este historiador le preocupa el encaje de los inmigrantes en Occidente y la malformación de las llamadas sociedades multiculturales; un asunto del que se ocupa desde hace décadas. Autor de ensayos como El matadero: Bosnia y el fracaso de Occidente o A punta de pistola , Rieff, que enseña en el Instituto de Estudios Políticos de París, se especializa en conflictos internacionales y acción humanitaria. –En los '80 ya escribía sobre inmigración y multiculturalidad. Algunos de los problemas de integración de los que hablaba continúan vigentes. –Lo que está pasando ya se podía vislumbrar en los '80. No había duda de que pobres del sur iban a venir al norte. La gran sorpresa ha sido el islam y su crisis. La gente les no teme a los inmigrantes, le teme al islam. Es cierto que los gobiernos están ciegos. No es posible que alguien piense que la gente no va a intentar cruzar a Ceuta y a Melilla. Es sorprendente que un cambio territorial minúsculo en Ucrania suponga horas y horas de dedicación para un ministro y que de las muertes en el Mediterráneo se encargue casi de pasada y por obligación. Hace falta más voluntad política.

Derecha e izquierda

–El populismo de derechas explota el miedo al diferente, mientras la izquierda teme si quiere abordarlo en muchos países. ¿Por qué no somos capaces de mantener un debate sereno y racional sobre inmigración?

–La inmigración se volvió inevitable gracias a una alianza de la izquierda con la clase empresarial. El futuro no pinta bien para los trabajadores. Si eres un obrero de Lille, sabes que tus mejores años quedaron atrás, que ahora te enfrentas a deslocalizaciones, a más inmigrantes dispuestos a trabajar por menos dinero. Por eso el Frente Nacional domina en Francia.

–Los gobiernos no acaban de reaccionar y los extremistas copan el discurso. ¿Cómo se puede romper esta dinámica?

–Ahora las elites biempensantes francesas ya no podrán decir que no está pasando nada. El primer ministro francés habla de

apartheid

en la

banlieue

(los barrios periféricos) y eso es bueno. Los jóvenes (inmigrantes y descendientes de inmigrantes) están muy enfadados y pueden caer en las redes del Estado Islámico. Los jóvenes que crecen en Europa saben que el islamismo radical es lo que más asusta aquí. No tienen poder económico ni cultural. Su única arma es la brutalidad. Europa tiene que darse cuenta de que no supo transmitir su narrativa histórica a los musulmanes.

–¿Cómo llegamos hasta aquí?

–Las elites europeas se han convencido a sí mismas de que el mundo es un lugar racional. No se dan cuenta de que el mundo es irracional y cruel. El periodo que hemos vivido entre 1945 y los ’90 fue una excepción de prosperidad. La vuelta de la barbarie es sólo una vuelta a la normalidad. Además hay un componente político. En Estados Unidos o en América latina, los jóvenes enfadados arman bandas criminales. En Europa se unen al yihadismo. Es un problema real, no lo inventó la derecha.

Valores e identidad

–Uno de los problemas es que los valores europeos se diluyeron casi hasta dejar de existir.

–A los chicos de la

banlieue

les dicen: “Tienes que aceptar los valores europeos”. ¿Pero qué valores son esos? Los valores se reducían a ofrecer una vida mejor, prosperidad, pero eso ya no está ahí. En Francia, además, un factor muy importante fue la crisis del comunismo que era un motor de asimilación también en los suburbios. Los comunistas controlaban a los conflictivos y mantenían la disciplina social en los barrios. Ahora ya no hay partido; hay imanes. Muchos hacen lo que pueden, pero no es suficiente. Vivimos en un mundo en el que las cuestiones de identidad cobran mucha importancia. Otra razón fundamental es la crisis del islam.

–¿A qué se refiere?

–El islam entró en una crisis profunda. La brecha entre sunitas y chiítas se convirtió en guerra. En Siria, por ejemplo, está claro que se trata de una guerra entre Qatar y Arabia Saudita contra Irán. Si nos fijamos en la historia de la cristiandad, también vemos épocas de fanatismo que se llevaron por delante otras corrientes cristianas. Estamos en una de esas épocas en el islam.

– Cherif Kouachi, uno de los atacantes de “Charlie Hebdo”, dijo en el pasado que fueron las torturas a musulmanes en Abu Ghraib lo que lo cambió.

– No creo que el terrorismo islámico tenga que ver con que Occidente no sea justo en Palestina o en Irak. Es verdad que en el caso de la identidad judía lo que mantiene a la comunidad unida en la diáspora es el sionismo, y eso genera tensiones con otras minorías. Puede haber explicaciones, pero no justificaciones. O crees que se pueden poner bombas en los mercados o no. No hay camino intermedio. Los derechos humanos son un credo absolutista.

–Siria se convirtió en el gran imán para el yihadismo planetario. Pareciera que Europa y Estados Unidos no saben cómo actuar.

–No puedes esperar que la gente no huya. No hay una guerra justa. En el caso sirio, no es posible justificar una intervención internacional, porque las posibilidades de éxito son demasiado pequeñas y ese es uno de los requisitos morales para intervenir.

–¿Debe resignarse la comunidad internacional?

–La comunidad internacional como concepto no existe. Hay un orden global, dominado por Estados Unidos. Entramos en un mundo multipolar, pero me cuesta imaginar que Estados Unidos no vaya a ser un gran poder. En realidad, no creo que el mundo haya cambiado tanto ni que el poder militar haya perdido tanta relevancia. Esa es una ilusión europea que parte de asunciones irreales, según las cuales, las guerras son algo del pasado y la gente va a ser cada vez más rica. Eso no es así.

–Resulta difícil no preguntarle por su madre, Susan Sontag. ¿Está trabajando en nuevos proyectos vinculados con ella?

–Tengo una fundación que creé en nombre de mi madre, otorga premios a jóvenes traductores. Ahora editaré el tercer volumen de sus diarios. Hay muchísimo material para seleccionar. Hay miles y miles de páginas, que en el tercer volumen quedarán reducidas a unas 300. Una de mis responsabilidades es cuidar su legado, pero no me gusta ejercer de hijo profesional.

*El País, de Madrid