La respuesta civil a la violencia
En México, el dolor de un padre que perdió a su hijo en un hecho criminal se transformó en una ola creciente de solidaridad y reclamo de justicia y transparencia.
El 28 de marzo de 2011, en el baúl de un auto, apareció el cuerpo de Juan Francisco Sicilia junto al de otros cinco amigos cerca de la ciudad de Cuernavaca, a una hora del Distrito Federal.Esa muerte, que por entonces se sumaba a las de otras miles de personas en México desde que el presidente Felipe Calderón decidió declararle la guerra al crimen organizado, significó el inicio del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. La agrupación se convirtió en un interlocutor potente para dialogar con los poderes del Estado mejicano e intentar frenar esta masacre nacional que contabiliza hoy 50 mil personas muertas, 230 mil desplazados, 10 mil desaparecidos y 1.300 jóvenes y niños asesinados.Las cifras corresponden al grupo de activistas que solicitarán a la Corte Penal Internacional (CPI) que investigue al presidente Felipe Calderón por supuestos crímenes de guerra y de lesa humanidad.La tragedia de "Juanelo" –así le decían a Juan Francisco– movilizó a su padre, el poeta y periodista Javier Sicilia, para transformar su dolor en un movimiento que ha reunido a miles de personas y organizaciones que, con hijos, hermanos, padres, tíos, amigos y sobrinos también asesinados en México, se agruparon bajo la idea de "No más sangre", "Estamos hasta la madre", "Ni un muerto más". Así dieron forma al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.En esta articulación de voluntades caben todas las víctimas de la violencia: las que se cobró el narcotráfico, las de los feminicidios (las mujeres asesinadas por ser mujeres, como ocurre no sólo en Ciudad Juárez, sino en todo México), las de los migrantes que viajan por este país camino a Estados Unidos, las de los jóvenes asesinados en fiestas…Sin embargo, para Calderón, muchas de estas víctimas son "daños colaterales". Así se refirió a las muertes "por equivocación" (¿acaso las otras muertes sí están justificadas?) en esta embestida contra el narcotráfico que ha sembrado sangre en todo el territorio.Visibilizar el dolor. Representamos el dolor de los más desprotegidos, el de las víctimas negadas y criminalizadas por el propio gobierno y el de muchos ciudadanos de a pie que saben que el rostro de esas víctimas es también el rostro del dolor de todo el país. Somos los sobrevivientes de nuestros muertos que hemos mostrado al mundo; de cada uno de esos cuerpos sin vida que aparecen en los medios maniatados, destrozados, cubiertos de sangre. Ellos tienen un nombre y una historia que tenemos obligación de rescatar; tienen también a alguien que los llora y que muchas, muchísimas de esas vidas sacrificadas con brutalidad extrema son inocentes, ciudadanos como nosotros que fueron levantados, secuestrados, asesinados por criminales, policías, militares o autoridades sin escrúpulos amparadas en la impunidad". Así lo explica Javier Sicilia, quien de joven quiso ser sacerdote jesuita (y por eso su discurso está sustentado en la religiosidad, como hablar de la "comunión del amor" que lo "ha sostenido en la oración").El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad ha logrado algo importantísimo: visibilizar el dolor. Mostrar que los números son personas con nombre y apellido, son familias que sufren, son madres que se desangran buscado a sus hijos levantados (secuestrados) en las agencias del Ministerio Público, en los hospitales, en las morgues, en las fosas comunes. Son personas con historia, con causas, son producto de la sociedad, son víctimas de la sociedad.Un nuevo interlocutor. Hoy, el Movimiento es un interlocutor en el tema de seguridad con el Ejecutivo y el Legislativo federales. El 14 de octubre fue el segundo encuentro oficial con Calderón de este enorme grupo de personas unidas por la rabia y el dolor.En el Castillo de Chapultepec, el mismo donde se firmó la paz tras el conflicto armado en El Salvador, Sicilia le dijo a Calderón y su equipo: "Bajo el insulto de ese absurdo epíteto de guerra nombrado 'bajas colaterales', le decimos que esas cifras, esas 'bajas colaterales', esos innombrables, tienen nombre, historia, y sus familias un dolor y una destrucción indecibles. Le mostramos también que los muertos culpables son también seres humanos que un Estado corrupto y omiso arroja día con día a la delincuencia, destruyéndoles su esqueleto moral y político. Advertimos con ello que su estrategia de guerra está multiplicando el dolor y no logra construir la paz que requiere la nación".¿Qué pide el Movimiento por la Paz? Que se limite el poder a los militares, que Calderón los saque de las calles a las que los envió para luchar contra el crimen organizado. Que se respeten los derechos humanos mientras se fortalecen las instituciones civiles (muchas de ellas infiltradas por los narcotraficantes). Que se combata la raíz económica y las ganancias del crimen organizado. Que se invierta en los jóvenes. Que se reconozcan los reclamos de los pueblos indígenas. Que vuelva el seguro y libre tránsito de los ciudadanos por los territorios de la nación. Que aparezcan los miles de desaparecidos que hoy existen en México.La respuesta de Calderón es prácticamente lo opuesto. Lo único que ha hecho hasta ahora es crear la Procuraduría Social de Atención a las Víctimas del Delito (destinada, en teoría y con poco presupuesto, a atender a las personas afectadas por el crimen y ayudar a buscar a los desaparecidos).Sin embargo, las fuerzas armadas siguen en las calles. Los movimientos de dinero parecen no ser investigados. Los indígenas siguen marginados. Transitar por México es cada vez más inseguro. Las personas desaparecidas siguen aumentando. Y los jóvenes siguen sin salidas laborales o de estudios: el fenómeno de los "ninis" –ni trabaja ni estudia– es preocupante, pues según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) hay unos 7.300.000 jóvenes en esa situación, de los cuales casi dos millones tienen entre 15 y 19 años. Para ellos, y para muchos adultos, también, el narco es una salida interesante.¿Hasta dónde? ¿Hasta cuándo? No es ésta la primera vez que las víctimas del dolor, en México, se unen para reclamar más seguridad, más justicia, menos violencia. Hay algunas organizaciones que surgieron a partir de secuestros y asesinatos de personas vinculadas con familias de alto poder adquisitivo (práctica que la guerra contra el narcotráfico no ha suspendido).La particularidad del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad es que se ha hecho también visible a partir de la tragedia personal de un hombre vinculado con los medios de comunicación (Sicilia publicaba una columna semanal en la revista Proceso), que ha sabido oponer la palabra a la violencia. No pide "mano dura", sino que propone la solución pacífica de los conflictos. A partir de lo que le ocurrió incluyó en su movimiento a todas las personas que sufren violencia, no sólo a las familias de secuestrados, extorsionados y asesinados por tener cierto dinero, también a los pobres, los sin-nombre, los olvidados se incluyen en el movimiento, al que se han sumado reconocidos activistas defensores de derechos humanos. Una manera de visibilizar el dolor y las demandas de justicia y alto a la impunidad es a través de las "caravanas del consuelo". Frecuentemente, miles de personas recorren todo el país mostrándose, haciéndose oír, hablando con quienes se acercan y se unen en busca de alguna respuesta. Cuando llegan a Ciudad Juárez, se encuentran con las familias de las mujeres asesinadas en esa ciudad fronteriza. Cuando llegan a Chiapas, se juntan con representantes del movimiento zapatista.A todos abraza y reconforta Sicilia, todos encuentran eco en este movimiento.Muchos, hasta entonces desesperanzados y hastiados, hallaron en esta articulación un motivo para seguir. ¿Hasta dónde, hasta cuándo? Como dijo la escritora mejicana Rosario Castellanos, "hasta que la justicia se siente entre nosotros".

