¿La realidad supera la ficción?
Por más absurdo que parezca, todo incidente se vuelve posible en el mundo del fútbol.
U n futbolero apasionado como Osvaldo Soriano, que además siempre dijo que se dedicó al periodismo y la literatura porque una lesión truncó su carrera futbolística, escribió desopilantes y divertidos relatos alrededor de partidos de fútbol en los que parece adivinarse la estructura de una película de Charles Chaplin o de El Gordo y el Flaco . Soriano relata partidos que se suspenden porque el árbitro se desmaya; árbitros que pierden dientes por las trompadas que les propinan los jugadores o las hinchadas, o que dirigen los partidos con un revólver en la mano; equipos visitantes a los que, al cometer el error de ganarle al local, les resulta imposible salir de la cancha o del pueblo y quedan encerrados durante varios días y sus noches; un director técnico que les enseña a sus jugadores a clavarle espinas de cactus al arquero para neutralizarlo. Todo, en suma, en esos cuentos, cuanto más absurdo sea, más posible resulta.Lo curioso es que, al leer el libro de Julio Frydenberg, uno se encuentra con partidos de hace 100 años en los que pasaron casi exactamente todas esas cosas. Hubo equipos visitantes vencedores que terminaron encerrados durante horas en las instalaciones del club local y que finalmente descubrieron que les habían robado parte de sus pertenencias. Hubo barras locales que, cuando su equipo perdía, prendían fuego detrás del arco. Hubo disparos en pleno partido. Hubo un árbitro al que le bajaron un par de dientes de un puñete. Y un árbitro que tuvo que retirarse de una cancha disfrazado de mujer para que no lo agredieran los hinchas que lo esperaban. Y en más de una ocasión, hubo jugadores dispuestos a dejar la cancha para ir a las tribunas y hacer callar a los hinchas que los insultaban. Es que, como escribe Frydenberg, "el fútbol jugado en las ligas independientes tenía la facultad de enardecer los temperamentos y trasladar la lucha a otros territorios: de los pies y la palabra a las manos, de la cancha al hospital y de allí a la seccional policial".

