La realidad que pica
“No fui al Caribe ni a Brasil por temor a las epidemias de dengue y de zika. No fui a Chile por temor a las marejadas y los temblores. No fui a Uruguay porque aparentemente no pasa nada y eso me da mala espina. Me quedé en el país y resulta que se declaró la epidemia de dengue y, encima, tengo que cuidarme de los trapitos fajadores”.
"No fui al Caribe ni a Brasil por temor a las epidemias de dengue y de zika. No fui a Chile por temor a las marejadas y los temblores. No fui a Uruguay porque aparentemente no pasa nada y eso me da mala espina. Me quedé en el país y resulta que se declaró la epidemia de dengue y, encima, tengo que cuidarme de los trapitos fajadores". La frase pertenece a un cauteloso veraneante argentino encerrado entre los problemas de los destinos regionales más difundidos, y los contratiempos que fronteras adentro generan los mosquitos transmisores de enfermedades y los expeditivos métodos de cobro de los cuidacoches pesados. De los dos asuntos, no hay duda de que la convivencia de los argentinos con el Aedes aegypti es por lejos más complicada que la que se da con las diferentes organizaciones de cuidavehículos que coexisten en el país. "Por empezar, los mosquitos son mucho más numerosos, de hecho son millones, cada vez transmiten más enfermedades (algo que hasta el momento no ocurre con los cuidacoches) y como si fuera poco, conviven en los domicilios de sus víctimas (situación que tampoco se da con los trapitos y afines).Lo que tienen a favor es que no te cobran por picar y en invierno aflojan, conducta que no ocurre con los cuidacoches (*), explica el analista de situaciones conflictivas argentinas Juan Carlos Bolonqui, autor del libro Pican, pican los mosquitos , en el que aborda la problemática del Aedes aegypt i desde una perspectiva cuantitativa, cualitativa y estructural."Estadísticamente hablando, si el número de cuidacoches llegará al 3,2 por ciento de los Aedes que sobrevuelan por día la Argentina, habría en el país 32 mil trapitos por auto, lo que haría inviable esta actividad, ya que la presión sobre los automovilistas sería tremenda", explica Bolonqui con los números en la mano.En cuanto a cómo se llegó a semejante cantidad de mosquitos Aedes en Argentina, la conclusión de los expertos es unánime: fronteras ultrapermeables, políticas migratorias relajadas y la tradicional hospitalidad argentina (son mosquitos domiciliarios), constituyen un combo perfecto para la radicación del vector en suelo nacional.En lo que hace al día a día, el argentino tiene una relación tensa pero a la vez ambivalente con los mosquitos: es implacable con los que ingresan en su dormitorio, una suerte de zona de exclusión donde no hay códigos ni reglas ni rigen las normas de la Convención de Ginebra (se han dado casos de vectores derribados con borceguíes), pero es más tolerante con los que habitan en el living, en la cocina o en otros ambientes de la casa.Los Aedes han tomado nota de esta conducta y evitan precisamente las zonas de descanso.En cuanto a la relación con los cuidacoches bravos, los recurrentes hechos de violencia con automovilistas que se niegan a pagar cifras exorbitantes lleva a muchos a pensar en dos posibilidades: la de pagar religiosamente lo que el cuidacoches solicita (sobre todo si está acompañado de intimidantes amigos), o decidir no pagar y emplear ese dinero en contratar un guardaespaldas o patovica que respalde esta línea de acción. "Es una cuestión de costos más que de principios. Los guardaespaldas no son baratos y ocupan mucho lugar en el automóvil, sobre todo si son de los más fornidos (90 kilos y 1,90 de altura). Una salida familiar de sábado a la noche implicaría cargar a la esposa, los hijos y el patovica en el auto, lo que se complica si se dispone de un Ford Ka o un Clio por ejemplo", razona el experto en seguridad Dardo Salvaguardia. Pero hay más. El especialista señala que, a juzgar por el aspecto, la contundencia física del trapito que arrebató a un automovilista en Buenos Aires, estacionar en algunos lugares del país requeriría contratar dos y hasta tres guardaespaldas para garantizar la política de no pago. "Esta situación ya resultaría completamente inviable y, en consecuencia, lo más económico sería pagarle al cuidacoches lo que pida, aun cuando pretenda cobrar en dólares o en libras", reconoce Salvaguarda. Con mosquitos transmisores en los domicilios y cuidacoches peligrosos en las calles, la Argentina es un país difícil para relajarse.

