La reacción de Dilma
Puede llamárselos indignados, caceroleros, o simplemente ciudadanos brasileños disconformes con el gobierno de la presidenta Dilma Rousseff.
Puede llamárselos indignados, caceroleros, o simplemente ciudadanos brasileños disconformes con el gobierno de la presidenta Dilma Rousseff. Los motivos de las multitudinarias manifestaciones en Brasil incluyen varios elementos (el precio del boleto de ómnibus, la organización de un torneo internacional de fútbol, la corrupción, etcétera). Sin embargo, se advierte que en el fondo hay una capa de la ciudadanía enojada con el gobierno. Y muchos de sus integrantes protestan en la calle y generan disturbios, lo que provoca una desmedida reacción policial.Dejando de lado los episodios violentos, el escenario brasileño es similar al de las protestas pacíficas –por otros motivos– en Argentina.Sin embargo, hay un rasgo diferente, que no tiene nada que ver entre ellos y nosotros. Tras las protestas en distintas ciudades de Brasil, con centro en San Pablo y Río de Janeiro, Dilma tuvo una actitud definida. Cuando la gente protesta contra el gobierno argentino, la presidenta Cristina Fernández también exhibió una conducta clara y contundente.Allá, Dilma prometió escuchar "la voz de la calle". Acá parece que no hay desarrollo cultural para llegar a esa instancia y reconocer en público una falencia, un error, o atender un reclamo.En nuestro país, todos los oficialismos (nacionales, provinciales, municipales) tienen una reacción similar: enojarse con el que protesta. El que agrede es enemigo y está al frente de una campaña de desprestigio o de desestabilización. Estos últimos argumentos son del gusto especial de los funcionarios kirchneristas cada vez que se les enrostra un error.También hay formas de hacerse escuchar o de formular los planteos. Una cosa es señalar el error, marcar el defecto o denunciar un supuesto ilícito y otra, actuar como un matón. Ejemplo de esto último es el presidente del Colegio de Abogados de Buenos Aires, Jorge Rizzo, quien se burló del kirchnerismo por el fallo de la Corte Suprema de Justicia, que tumbó la ley que establecía un control político sobre el Poder Judicial de la Nación. Se burló del derrotado y lo hizo de manera ordinaria, berreta, absolutamente inapropiada. Obviamente, la respuesta no se hizo esperar. Si de agarrarse a trompadas en un ring con piso de barro se trata, los K tienen grandes campeones, por ejemplo, el inefable Aníbal Fernández, utilizado por la Presidenta para decir locuras o para hacerlo pasar como un bufón, depende de las circunstancias.Lo cierto es que, una vez más, Brasil puede ser un ejemplo, y aquí se trata de un caso especial, muy especial como una protesta que tuvo incidentes y desmanes. Pese a ello, Dilma prometió escuchar a los que creen tener sus derechos lesionados. Si es verdad o se trató de un acto de cinismo, no lo sabemos.Sí es interesante tener palabras tranquilizadoras. Los gobiernos argentinos deberían tomar nota.

