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La nunca finalizada construcción de un partido

En Córdoba y en plena “década infame”, el domingo 7 de julio de 1935 hubo aquí, por primera vez en la historia argentina, elecciones internas partidarias con voto directo y secreto para elegir los candidatos a gobernador, vicegobernador, intendente y legisladores.

20 de julio de 2015 a las 12:01 a. m.
César Tcach*
La nunca finalizada construcción de un partido
Lanzamiento. Acto de presentación de la fórmula Sabattini-Gallardo, en junio de 1935 (La Voz/Archivo).

Fue en Córdoba y en plena “década infame”: el domingo 7 de julio de 1935 hubo aquí, por primera vez en la historia argentina, elecciones internas partidarias con voto directo y secreto para elegir los candidatos a gobernador, vicegobernador, intendente y legisladores. En esos comicios, llevados adelante por el radicalismo cordobés, Amadeo Sabattini fue elegido candidato a gobernador al superar por más de cinco mil votos a la candidatura de Agustín Garzón Agulla; Donato Latella Frías se impuso como candidato a intendente; el médico Gabriel Oddone fue el postulante a senador más votado; y los aspirantes a diputados provinciales Filemón Gómez y Antonio de la Rúa obtuvieron el mayor número de votos.

Estaban en condiciones de votar 68.464 afiliados, de los cuales 14.133 eran del departamento capital. En la ciudad de Córdoba, el Núcleo Renovador encabezado por Amadeo Sabattini derrotó al Núcleo Pro Fusión liderado por Garzón Agulla en todas las seccionales, menos en la primera. Los comicios pusieron de manifiesto la viabilidad del voto directo como procedimiento de resolución de conflictos y de legitimación de los equipos dirigentes.

El voto directo, secreto y voluntario ponía la soberanía en manos de los afiliados. Por cierto, no era esta la opinión de los sectores católicos y conservadores que detentaban el poder político en Córdoba. El editorial del diario Los Principios , que respondía al flamante Arzobispado de Córdoba, señalaba: "antes eran los candidatos los que surgían de cabildeos de dirigentes y caudillos, ahora son los precandidatos", y asociaba esta crítica con una visión que actualizaba el ataque de la Iglesia Católica al sufragio universal. A juicio del matutino confesional: "El sufragio universal, tal como está establecido, es una verdadera aberración democrática". Es necesario llevar al poder, añadía, a "hombres representativos y capacitados" (Los Principios 7-7-1935). Más de 20 años después de su sanción, había en Córdoba quienes aún cuestionaban la ley Sáenz Peña.

Córdoba: contrapunto y prefacio

En el congreso provincial de julio de 1931, la UCR cordobesa fue la primera de todo el país en sancionar la reglamentación del voto directo para la elección de todos los cargos electivos y partidarios. Amadeo Sabattini volvió de su exilio uruguayo para participar personalmente en las deliberaciones. Había llegado a Montevideo tras haber sido puesto en libertad luego de 45 días de cárcel por su frustrado intento de derrocar al dictador Uriburu en diciembre de 1930 (ver aparte).

El congreso partidario cordobés dio mandato a los delegados al Comité Nacional para exigir que se incorporara el nuevo procedimiento a la carta orgánica nacional. Varios meses después, la resolución adoptada en Córdoba fue imitada por el congreso nacional de la UCR. Sin embargo, sólo en nuestra provincia se puso en práctica.

Varios factores explican los rasgos originales que asumía la dinámica de los actores políticos y sociales de Córdoba. En primer lugar, era expresión del impacto democratizador de largo plazo que había tenido sobre la sociedad cordobesa la Reforma Universitaria de 1918.

El cuestionamiento a las jerarquías sagradas e inmutables y el ansia de participación era palpable en los sectores juveniles. No en vano, en el congreso de la juventud radical de enero de 1931 –celebrado en el teatro Novedades, que quedaba en Rosario de Santa Fe 272 de la ciudad de Córdoba– el proyecto presentado por el departamento Tercero Arriba incluía el voto directo.

Al respecto, el miembro informante –el docente Raúl Fernández– señalaba: “Hemos ido a buscar fuentes en los partidos de izquierda (...) hemos leído los estatutos del Partido Socialista, a los centros proletarios y obreros del riel en la Fraternidad Ferroviaria. Con este proyecto se pretende democratizar, y por eso se incorporan nuevas instituciones, como la ley del voto directo de los afiliados para la elección de los gobernantes”.

En segundo lugar, la implantación del voto directo era el fruto de un imperativo pragmático. Para desplazar a la vieja conducción del partido radical, era necesario cambiar las reglas del juego interno. El voto directo era un arma –en manos de Amadeo Sabattini y los jóvenes radicales– para renovar a la UCR. Sólo la participación masiva de los afiliados a través del voto secreto podía vencer a los sectores más conservadores del partido.

En tercer término, la ampliación de la democracia interna contrastaba vivamente con el clima político general del país y de Córdoba.

En 1931, mientras los jóvenes radicales predicaban más democracia, el interventor federal en la provincia, Carlos Ibarguren –influenciado por el auge del nacionalismo de derecha en Europa– promovía la creación de un Consejo Económico y Social para reemplazar a la Legislatura por una representación corporativa.

Al mismo tiempo, sectores de la élite local observaban con beneplácito el surgimiento de la Legión Cívica (paramilitar). Incluso el Partido Demócrata (conservador), con el aval de Pedro Frías y el rechazo de José Aguirre Cámara, había resuelto dejar en libertad de acción a sus afiliados para adherir a esa agrupación, versión local de las “camisas negras” fascistas italianas.

En 1935, dos semanas después de la primera elección interna con voto directo y secreto para elegir candidatos a cargos electivos de la historia argentina, fue asesinado en el Senado Nacional Enzo Bordabehere, en momentos en que su compañero de bancada, Lisandro de la Torre, denunciaba el pacto Roca-Runciman, que reafirmaba la dependencia económica argentina de Gran Bretaña.

En esas circunstancias, el comité provincial de la UCR cordobesa, ya en manos de los jóvenes renovadores sabattinistas, expresó: “Vueltos hacia la historia para buscar en las barbaries de otras épocas un antecedente al suceso que hoy avergüenza a la nacionalidad, desaparecen en el tiempo las páginas más trágicas, para quedar el asesinato en pleno Senado Nacional, como un documento que calificará un estado político definido de reacción conservadora, obscura y sin control”.

Democracia integral

La democracia interna en los partidos políticos es un desafío que une pasado y presente. Y en todos los casos tiene una cara procedimental y otra ideológica. Los cambios en las reglas van acompañados de una renovación de valores e ideas. A mediados de los años 30 del siglo 20, ambos aspectos estaban presentes. En el discurso de proclamación de su precandidatura a gobernador, realizada en el teatro La Comedia, Sabattini expresaba: “Aspiramos a una democracia integral, fundamentada en la libertad política que necesariamente debe ser completada con la liberación económica de las masas desheredadas y la emancipación cultural de las multitudes argentinas, sumidas maliciosamente en la ignorancia por que aquellos que la prefieren así, para acallar todos sus rebeldías y sus más justicieras exigencias”. Democratizar la política significaba, así, avanzar también hacia una democratización de la sociedad, mediante un sistema impositivo que no haga caer su peso sobre “la multitud desheredada” sino sobre “los poderosos y privilegiados”. Implicaba asimismo, “la liberación cultural” mediante una educación de “base científica”.

En contraposición a una visión minimalista del ideal democrático, su ideario unía democracia política, república y ciudadanía social. Asimismo, prometió en su discurso no tender “un manto de olvido” sobre los hechos de corrupción y fraudes de la época conservadora, pero aclaró que debían ser juzgados por la Justicia “sin comisiones especiales”. Fiel a sus convicciones republicanas, tomo distancia del verticalismo y el personalismo como formas de hacer política: “He sido y sigo siendo yrigoyenista, no en el sentido de sumisión incondicionada a la voluntad de un hombre, sino porque siempre he interpretado a Yrigoyen como un pensamiento en marcha en pro de la redención de las clases trabajadoras”. Su triunfo sobre los sectores más moderados de la UCR en las elecciones internas de 1935 fue el prefacio de su victoria sobre los conservadores en los comicios generales y su asunción como gobernador en 1936.

*Profesor Titular Plenario de la UNC e investigador del Conicet.