La multiculturalidad ya fue
La integración de los inmigrantes en Europa desata fuertes tensiones. El debate vigente cuestiona los cánones actuales y propone otros que respeten a todos los involucrados.
El futbolista alemán del Real Madrid Mesut Özil encarna a la perfección la idea del multiculturalismo en Europa: es un ciudadano de pleno derecho, turcohablante, musulmán, y un jugador de la selección nacional alemana de fútbol. Pese a ello, su figura se ha visto envuelta en una polémica sobre el fracaso del modelo que ha favorecido la integración, en Alemania y otros países de Occidente, de millones de ciudadanos tan diversos como él. Al proclamar hace unos días el fracaso del multiculturalismo (y sin embargo poner a Özil como ejemplo de integración y difundir luego una foto con él para acallar la polémica), la canciller alemana, Angela Merkel, echaba una buena dosis de leña a la pira que prendió a comienzos de septiembre el ex consejero del banco central alemán Thilo Sarrazin con su libro Alemania se disuelve , en el que sostiene que la presencia de inmigrantes de otras culturas tiene una nefasta influencia en el nivel educativo de los alemanes. De los 82 millones largos de habitantes de Alemania, 16 millones son de origen extranjero, y los turcos representan el 25 por ciento de éstos.A las llagas que abrió el libro de Sarrazin, todo un éxito de ventas, respondieron personalidades como el presidente federal alemán, Christian Wulff, que recordó durante un viaje oficial a Turquía que el Islam forma parte de Alemania, pero también que los tres millones de turcos que viven en el país harían bien en mejorar sus conocimientos de alemán.El jefe del gobierno bávaro, Horst Seehofer, de un partido socio de la coalición de gobierno de Merkel, declaró a la revista Focus : "Los inmigrantes de culturas extranjeras, como Turquía o los países árabes, la tienen difícil. Eso me lleva a la conclusión de que no necesitamos más inmigrantes de otras culturas". Palabras inoportunas no sólo por la xenofobia explícita, sino por el momento en que se pronuncian: cuando el responsable de empleo alemán advierte de la escasez de fuerza de trabajo en determinados sectores, y de la necesidad de regular nuevos flujos migratorios.Los alemanes hablan; los demás... La polémica sobre el presunto fracaso del multiculturalismo no se ciñe a Alemania, aunque en otras latitudes no se haya formulado aún de forma tan explícita. ¿Acaso no es común el discurso sobre las deficiencias del sistema educativo español por la gran presencia de niños inmigrantes en las escuelas públicas? Pero cuando Angela Merkel y sus socios proclaman el fracaso del multiculturalismo, ¿de qué están hablando en realidad? "El multiculturalismo tiene dos acepciones. Una, de facto , es el reconocimiento de la diversidad en un lugar, y otra, de iure , un modelo de gestión de la diversidad cultural que surge en los años '60 en países como Canadá, Estados Unidos, Reino Unido, Holanda, Australia y Nueva Zelanda", explica Carlos Giménez, catedrático de Antropología Social de la Universidad Autónoma de Madrid."Como modelo de gestión, el multiculturalismo surgió como reacción al modelo asimilacionista, que preconizaba la asimilación del extranjero a la cultura dominante, y se basa en dos principios: la igualdad de todos los individuos ante la ley y el derecho a la diferencia, a la diversidad, de los individuos", añade."El multiculturalismo reconoce que toda sociedad es diversa culturalmente hablando. Partir de que el Estado-nación es igual a una cultura es incorrecto, porque es una construcción del siglo 19 y, además, la diversidad cultural ya existe en el germen del propio Estado-nación, no es un fenómeno reciente", explica el antropólogo Rubén Sánchez, especialista en inmigración latina en Estados Unidos de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (Uned). "Identificar cultura con Estado-nación o cultura con religión son falacias", añade Sánchez, "porque además no hay un solo Islam, por ejemplo, sino multiplicidad de ellos, igual que los católicos no compartimos una sola cultura'.El modelo del multiculturalismo, recuerda Giménez, es blanco de las críticas de los conservadores y de los racistas, porque tolera otras culturas y porque se considera una amenaza capaz de romper el país. El político holandés Geert Wilders, antimusulmán confeso, y Angela Merkel coinciden en algún tramo de la crítica a ese modelo de coexistencia entre nacionales nativos y extranjeros. También el presidente francés, Nicolas Sarkozy, con la expulsión de gitanos. Dada la variedad de ejemplos, ¿cabe colegir la existencia de una corriente antidiversidad en la corriente dominante de la política europea? Por las elecciones. "La denuncia del fracaso del multiculturalismo esconde mucho de demagogia y un indisimulado populismo electoralista", señala la belga Yolanda Onghena Duyvewaerdt, investigadora de dinámicas interculturales. "En Estados Unidos, hace años que se dice que está fallando como modelo político. El único país donde sí ha funcionado es Canadá, y eso porque allí todos procedían de algún otro sitio. Pero el multiculturalismo a duras penas ha conseguido ocultar sus resabios hipócritas; hacer como si todos viviéramos juntos pero con un solo patrón, el de la cultura dominante". Proclamar el fracaso del multiculturalismo "es un discurso electoralista que se inscribe en una época de crisis y en el marco de la revolución neoconservadora que viene de Estados Unidos", subraya Sánchez. En Europa, el discurso está estrechamente relacionado con la presión migratoria, fruto de la globalización."Dos conceptos, ciudadanía y cultura, se entrelazan en el modelo multicultural, igual que Estado de derecho y diversidad", recuerda Giménez. El multicultural es también un discurso ligado al uso del lenguaje políticamente correcto. En Canadá, por ejemplo, en 2004, un comité de expertos –no musulmanes– recomendó la aplicación de la sharia entre los 40 mil musulmanes de Ontario para dirimir divorcios, herencias y custodias. La recomendación surgía de modelos similares existentes para la comunidad católica y la judía. "Canadá, con sus defectos, es un ejemplo de éxito", señala Cristina Manzano, directora de la revista Foreign Policy . "El hecho de que en la integración se creen a veces bolsas de marginación, o incluso guetos, no es un fracaso. Si hablamos de Estados Unidos, es verdad que, tras la primera generación de inmigrantes, que abrazó con ardor la cultura receptora, las generaciones siguientes mostraron menos adhesión, sin llegar al rechazo. El debate sobre el multiculturalismo apenas se ha iniciado en Europa, donde hemos ido recibiendo a muchos inmigrantes sin cuestionar orígenes ni filiaciones. Pero en algunos casos ha supuesto la cesión de los propios logros de nuestras sociedades, como los derechos humanos, particularmente los de la mujer". Respeto. "El debate debe plantearse con una premisa básica: el respeto a los valores de la sociedad receptora y la exigencia de integración al que viene", opina Manzano. "No hay que prohibir nada, sólo aplicar el peso de la ley ante un caso de ablación, o de una mujer que no muestra su rostro a un policía. No son cuestiones culturales, sino ilegales", clama Giménez. Uso de la burka o del niqab , mutilación genital femenina; aplicación de la sharia, códigos de familia... Todos y cada uno de los ejemplos que se manejan están en clave musulmana. En el debate no aparece una sola mención a las diferencias culturales de los inmigrantes del sudeste asiático o al avance del protestantismo entre los inmigrantes latinoamericanos. ¿Es que el fracaso del multiculturalismo se refiere sólo al Islam?Ese sería el escenario del politólogo italiano Giovanni Sartori, que ya anticipó el fracaso del modelo multicultural al hablar, en La sociedad multiétnica (Taurus, 2001), de "los extranjeros que no se someten al imperio de la ley" y que persiguen la "desintegración multiétnica y la tribalización de la sociedad" de Occidente. Escribe Sartori que la presencia de "enemigos culturales que rechazan la sociedad pluralista" con atavismos "como el uso del chador, la ablación de clítoris o la oración del viernes" es una vía de agua en un sistema viciado por el buenismo "de una Iglesia llena de absurdo entusiasmo misionero" y "el tercermundismo falsario de la izquierda tradicional". Para los críticos del multiculturalismo "desde dentro", como el antropólogo Giménez, el anunciado fracaso del sistema servirá para dar un paso más, desde la coexistencia que propicia ese modelo de integración hacia la convivencia plena. "Al énfasis hay que ponerlo en la tolerancia y el diálogo. Hay que sustituir el multiculturalismo y su coexistencia pacífica por el interculturalismo y su propuesta de convivencia más interactiva", propone Giménez.

