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La maldición de la laguna y los hoteles

El primer gran hotel de Miramar ya había tenido su gran polémica y mucho misterio. El Viena...

08 de mayo de 2016 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
La maldición de la laguna y los hoteles

Al bajar por la calle principal hacia "la mar", una gastada estructura de ladrillos a la vista divide la imagen del agua infinita. Le quedan algunas letras oxidadas que marcaban el nombre del pueblo: Miramar. Esa torre, con forma de chimenea, es lo que permanece del Hotel Casino Copacabana, símbolo de la fiesta y el juego en lo que fue el principal centro turístico de Córdoba hasta mediados de los años 1970, cuando la crecida fue devorando sin pausa todo lo que se recostaba sobre la laguna Mar Chiquita. Casi un centenar de hoteles y comercios no emergieron más, incluso debieron ser dinamitados por el Ejército para que el drama se hundiera para siempre.Pero la voluntad de los pobladores le fue ganando al pasado. A medida que ese mar cordobés iba recobrando la sal que lo hizo famoso en el mundo, los bañistas volvieron de a poco. Con timidez, Miramar se reacomodó con cabañas, comedores, peleterías y un poco de cuarteto en las esquinas de verano.En medio del renovado fervor, como el antiguo Viena o como el Copacabana, otro hotel se transformaba en faro desde el último año: el Ansenuza Resort Casino & Spa. Construido por la Lotería de la Provincia de Córdoba, la primera justificación para tan pomposo hospedaje era que Miramar se merecía un establecimiento "de nivel internacional".Lo inauguró a fines del año pasado el entonces gobernador, José Manuel de la Sota, pero la gran polémica estalló hace días. Desde la laguna, las olas amenazan con cubrir las intenciones y dejar mucho barro para limpiar.Como una eterna maldición de Ansenuza, aparece que el hotel costó (336 millones de pesos), en principio, más del triple de lo que hubiera sido necesario. También le llovieron las críticas sobre la falta de ese público de "categoría" que esperaban.Cuando el hotel aún no empezó a navegar, el primer concesionario –que aduce que se lo entregaron a medio terminar– y la Lotería se muestran las uñas con la certeza de que la polémica fondeará en Tribunales.El primer gran hotel de Miramar ya había tenido su gran polémica y mucho misterio. El Viena, presentado como un resort de su época, habría tenido la oculta misión de ser utilizado para la recuperación de jerarcas alemanes afectados por la Segunda Guerra Mundial. Lo hizo el ingeniero alemán Máximo Pahlke con la empresa Mannesmann, del mismo origen, y el hotel abrió sus puertas en 1943, en pleno esplendor del llamado "turismo curativo." Con el final de la guerra, los alemanes fueron desapareciendo de forma paulatina. El hotel fue cambiando de manos y descascarándose hasta que la implacable inundación de 1977-'78 también conquistó sus sótanos y su planta baja.Hoy, el Viena es un símbolo del esplendor pasado. Queda justo en el extremo opuesto del hotel inaugurado por De la Sota. En el medio está Miramar, el pueblo al que la laguna le da todo o le saca casi todo.