La gente común, protagonista
La conclusión es que no hace falta hablar con el hombre poderoso si se ha hablado con todos los pequeños hombres que lo rodean y si se lo ha observado de cerca hasta encontrar lo que hay detrás de él.
Las crónicas de Gay Talese –publicadas en su momento por medios tan importantes como The New York Times , Harper's Magazine , The New Yorker , Time o Esquire – son pequeñas muestras de la calidad de su prosa y de su método de trabajo. ¿Qué significa aquí decir que son pequeñas? Que pueden tener alrededor de 15 mil palabras. Traducido al diseño de este diario, si Temas quisiera publicar una de ellas, debería destinarle unas diez páginas. El libro Retratos y encuentros reúne 14 crónicas de él. En la que se titula "Orígenes de un escritor de no ficción", Talese explica su predilección por el género y su forma de escribir. Ser escritor de no ficción, dice, es practicar "la literatura de la realidad". Según él, su "tratamiento de la investigación y del relato" se habría desarrollado a partir de sus observaciones sobre el modo de actuar de su madre en el negocio de la familia, una boutique de ropa, donde ella atendía y el padre se desempeñaba como sastre. Siempre se las ingeniaba para que sus clientas hablaran hasta por los codos y le contaran hasta los detalles más nimios de la cuestión que las preocupara ese día. El niño Gay, más que escuchar esas conversaciones, las espiaba. De allí viene su interés en "las preocupaciones más habituales del común de las gentes", esas cuya existencia "suele ser olvidada tanto por los medios como por los historiadores y biógrafos", al extremo que aquel que se interesa en la vida cotidiana "normal" sólo puede encontrar rastros de ella en la ficción de autores estadounidenses como John Cheever, Raymond Carver o Tennessee Williams. Por eso su apuesta narrativa ha sido, "sin cambiar nombres o falsificar los hechos", prestarle atención a la gente común y volverla protagonista de esta "literatura de la realidad".El otro elemento clave que define su estilo viene de sus años de estudiante de periodismo, en la Universidad de Alabama; en vez de redactar una noticia de acuerdo con la escueta y clásica fórmula informativa de las "cinco W" (qué, quién, cuándo, dónde y por qué, cinco conceptos que en inglés comienzan con "W"), él prefería redactarla desde "la experiencia personal del individuo más afectado por ella". Podría haberlo hecho al revés, claro, elegir el punto de vista del individuo más favorecido, pero las historias de los perdedores siempre le parecieron más interesantes.Por supuesto, Retratos y encuentros contiene su crónica más famosa: "Frank Sinatra está resfriado", que apareció en Esquire en 1966.Sinatra está mustio, acodado en un rincón de la barra de un club de Beverly Hills, a un mes de cumplir 50 años, lo que es una forma de fechar la escena. Ya es famoso, millonario, poderoso. Tanto como para caer en la picota de los medios, sea por sus relaciones con la mafia, sea por sus sonadas relaciones con jovencitas veinteañeras como Mia Farrow, sea por su fugaz romance con Marilyn Monroe. Pero el Sinatra de Talese no está mustio por nada de eso, sino porque está resfriado.Y entonces leemos esto, un juicio genial, expresado con las palabras perfectas: "Sinatra con gripe es Picasso sin pintura, Ferrari sin combustible..., sólo que peor. Porque el catarro común le roba a Sinatra esa joya que no se puede asegurar, la voz, socavando hasta el corazón de su confianza".Talese no ha podido ni podrá hablar con él, lo que significa escribir una crónica sobre Sinatra en la que Sinatra no dice una palabra. Pero lo sabe todo sobre ese hombre y puede contarlo: cuáles son sus empresas, cuántos son los empleados que conforman su servicio personal (75), cuántos peluquines tiene (60), dónde ha estado, con quién, qué ha dicho.La conclusión es que no hace falta hablar con el hombre poderoso si se ha hablado con todos los pequeños hombres que lo rodean y si se lo ha observado de cerca hasta encontrar lo que hay detrás de él. Por eso la imagen central es el Sinatra sin voz, porque ese es el camino ideal para responder la gran pregunta: si dejamos de oírlo, si enmudece, ¿qué queda de él?Y la respuesta tiene la fuerza de un rayo: "Frank Sinatra es Il Padrone. O, mejor aún, uno de los que en Sicilia tradicionalmente se han llamado uomini rispettati : hombres respetados, hombres que son a un tiempo majestuosos y humildes, hombres amados por todos y muy generosos por naturaleza, hombres cuyas manos son besadas mientras caminan de pueblo en pueblo, hombres que personalmente se afanarían por reparar una injusticia".Y eso muestra su lado bueno, aunque el término remita a la mafia, porque significa que se involucra personalmente en aquello que de verdad le importa.

