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La dama que todo lo puede

En este momento, complicadísimo para un continente que de a poco va perdiendo el lustre y su moneda se desbarranca, la canciller alemana, Angela Merkel, es vista como un oráculo al cual sus devotos le preguntan qué hacer. Eduardo Bocco.

27 de noviembre de 2011 a las 12:02 a. m.
La dama que todo lo puede

Europa la corteja. En este momento, complicadísimo para un continente que de a poco va perdiendo el lustre y su moneda se desbarranca, la canciller alemana, Angela Merkel, es vista como un oráculo al cual sus devotos le preguntan qué hacer. En una semana, un rosario de primeras figuras mundiales tomó un tecito o habló por teléfono con esta mujer, cuyo aspecto se parece más al de una profesora de geografía de un colegio privado que al de una canciller de una potencia mundial.A decir verdad, varios de los primeros ministros alemanes de las últimas décadas han sido personajes singulares: Helmut Kohl, que tuvo el honor de firmar la unificación de las dos alemanias en 1990, un hombre que conjugaba sus dotes de estadista con las de chef en TV, y asumido consumidor de licores varios en cantidades considerables. Y que se jacta de ser el mentor de Merkel. También Gerhard Schröder, de perfil bajísimo, que casi siempre iba a ocupar su banca al Parlamento –que por entonces funcionaba en la ciudad de Bonn– y podía ser fácilmente confundido con un empleado legislativo. La sencillez caminante. En Alemania, los cancilleres conservan su banca en el Parlamento y Schröder jamás renunció a su derecho de asistir a las sesiones legislativas. Allí era uno más, casi como Merkel. El aspecto parece no importarles. No se trata de sobriedad sino de evitar cualquier tipo de objeto o atuendo que tenga el mínimo rasgo de ostentación.Merkel hace gala de ello. Pero hay cosas a las que no renuncia. Jefa del motorcito que tiene instalado Alemania y que parece mover a toda Europa, se hace cortejar por todos los líderes europeos y los aspirantes a serlo, desde el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, pasando por el inglés David Cameron o el francés Nicolas Sarkozy. Los gobiernos de Italia y España tiemblan cada vez que escuchan pronunciar el nombre de esta mujer austera, a quien el oficialismo francés tilda de aburrida y provinciana.Merkel nació en Hamburgo en 1954 y es hija de un pastor luterano y una profesora de latín. Pronto, su familia se mudó a Templin, en la ex República Federal de Alemania. Joven, se deslumbró con el físico Ulrich Merkel, de quien luego se separó, aunque conserva el apellido. Se casó en segundas nupcias con un señor al que trata de ocultar todo lo que puede. Una particularidad: la premier dice que se da el lujo de ir todos los días al súper a comprar leche, panes y frutas para prepararle el desayuno a su esposo. Y eso es cierto.La semana pasada sufrió un golpe, ya que los bonos alemanes experimentaron un traspié. Sin embargo, sigue siendo la figurita del momento. Pergaminos le sobran, aunque se acuerde o no con su postura. No llama la atención con nada. No le hace falta. Ni grita, ni posa ni manda reeditar libros, especialísimos para el sentimiento de algunos partidos políticos, a los que agrega un prólogo propio. Los estadistas no juegan con los íconos de la política. Eso se lo dejan a los caprichosos.