La cocina literaria
Se reeditó "Así se escribe un cuento", de Mempo Giardinelli, un éxito derivado de la revista literaria Puro Cuento. Rogelio Demarchi.
En este primer domingo de la Feria del Libro, una propuesta pensada para aquellos que tienen cierto interés en la escritura. La revista literaria argentina más inteligente de los últimos 30-40 años, la que de manera más eficiente y didáctica estimuló la escritura (y la lectura) fue, sin dudas, Puro Cuento, fundada y dirigida por Mempo Giardinelli, en 1986. No sólo traía buenos relatos, sino que incluía artículos que revisaban los diferentes aspectos que caracterizan las ficciones breves y unas imperdibles entrevistas a grandes escritores. Con el tiempo, llegó a abrirles sus páginas a los textos que enviaban los lectores y organizó varios concursos. Con los materiales más teóricos, o técnicos, Giardinelli armó en 1992 un libro que rápidamente se agotó y nunca volvió a editarse… Hasta ahora. A 20 años de distancia, es un verdadero placer reencontrarse con Así se escribe un cuento (Capital Intelectual, 2012). En la primera sección, hay una serie de notas sobre la historia y el desarrollo del cuento, su estructura y su morfología, un análisis sobre lo que implica definir con precisión el género y algunos problemas que se planteó el propio Giardinelli alrededor del cuento latinoamericano de y en las últimas décadas del siglo pasado.La segunda sección está constituida por 20 de sus entrevistas a otros tantos escritores. Los chilenos Antonio Skármeta y José Donoso; los mejicanos René Avilés Fabila, Edmundo Valadés y Carlos Fuentes; y 15 argentinos (de María Elena Walsh a Isidoro Blaisten, y de Juan Filloy a Bernardo Kordon, por fijar con nombres propios algunas coordenadas). Todos ellos, al enfrentarse a un mismo interlocutor y responder un cuestionario muy parecido, terminan generando un diálogo múltiple, que vuelve a empezar constantemente, y que brinda al lector interesado en la "cocina literaria" un montón de sugerencias para explorar en sus próximas escrituras o lecturas.Dice Silvina Ocampo: "Yo creo que uno, cuando va a escribir un cuento, debe hablar primero con su imaginación. Uno debe preguntarse primero qué hay, qué tiene ahí. La imaginación siempre nos relata algo; y entonces uno verá cómo lo relata, desde qué punto de vista". Dice Juan José Saer: "Pienso que la modernidad en el cuento se daría, primero, por la menor cantidad posible de intriga; segundo, por la mayor concentración posible; después, por la mayor intensidad poética en el relato; y, finalmente, por la incorporación de elementos formales inesperados que podrían, digamos, darle una fisonomía nueva". Adolfo Bioy Casares, al recordar sus primeros y fallidos libros, señala que "escribía esforzada, laboriosamente, pero con una poética equivocada. No sabía lo que había que buscar". Por eso, al escribir La invención de Morel (su primera novela buena, digamos) "traté de ser muy prudente y no me atreví, por ejemplo, a las frases largas. Sencillamente, porque las frases largas dan más ocasión para equivocarse".Y Osvaldo Soriano (por poner un ejemplo más), que no se consideraba cuentista, confiesa que, "paradójicamente, la influencia en la estructura de mis novelas proviene de los cuentos".Un libro, queda dicho, especialmente pensado para provocar nuevas lecturas y animarse a la fascinante experiencia de la escritura.

