La ciudad y la resistencia de la luz
Acaso durante la noche la ciudad se iguala en la quietud que crece hasta asumir el descanso, pese a las muchas presencias trasnochadas que hacen que el movimiento no se detenga jamás. Ensayo fotográfico de José Gabriel Hernández.
Cuando uno se aproxima a través de los caminos en sombras que la rodean, Córdoba de noche se presiente en el horizonte a través de una gran aureola brillante. Es que si hay algo que distingue a la ciudad de los alrededores agrestes (aunque sean campos sembrados) es la luz.
- Galería de fotos (José Hernández)
Una ciudad es la esencia de la reunión urbana: todos separados de las voracidades de la noche bajo el resplandor de miles de faroles. Es la frontera entre el reino de la oscuridad y el de la luz; es decir, es el reino humano, donde la tierra está tapizada de cemento y las tinieblas son sometidas. Y aquí abajo, al pie de esa burbuja brillante, el cosmos se hace algo impreciso. Las estrellas casi deben brillar un poco para ser vistas, pues la aureola nos ciega la percepción.Pero entre las cosas de esta ciudad vistas de a pie y lo indistinguible que se verían desde algún mirador lejano del universo, hay una distancia en el aire quizá pequeña aunque de gran potencia reveladora que es la que dan las aspas de un helicóptero. A la hora en que las sombras cubren estas latitudes, la ciudad se defiende. Lo hace con su multitud de focos que marcan desde sus siluetas más ordinarias, es decir el cuadriculado de calles y manzanas, hasta las más notorias, esas que rompen la monotonía del paisaje urbano en pleno día y que de noche se vuelven siluetas iridiscentes. Nos cuentan la misma ciudad, pero en otra versión y otro contraste, más pronunciada por el negro y el amarillo. La versión diurna, así como más sutil, también puede ser más descarnada, más allá de los colores y según los ojos que la miren.Acaso durante la noche la ciudad se iguala en la quietud que crece hasta asumir el descanso, pese a las muchas presencias trasnochadas que hacen que el movimiento no se detenga jamás.En eso andaba hace unos días José Hernández, fotógrafo de nuestra Redacción: montado en un helicóptero justo cuando las sombras de la noche se terminaban de tender sobre la urbanidad de Córdoba. En el lente de su cámara de fotos, la luz y la oscuridad contaban la ciudad en código binario. Y el orden cuadriculado, así en la vida como en la iluminación, se rompía acompañando el fluir como de cinta del río Suquía y de La Cañada, entre otras proclamas de faroles prendidos que señalan un lugar especial de la ciudad. Entre la serena y la escasa perspectiva que se ve con los pies sobre la tierra, o la extensa y fugaz que asoma por la ventanilla de un avión en descenso, está esta otra versión. Es otro punto de vista para descubrir algo más de la ciudad capitana de los cordobeses.