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La cara triste del que se miró al espejo

Esta será una Navidad distinta. También pasará lo mismo con Año Nuevo. La gente es otra o, al menos, en estos días exhibe un costado que no se esperaba para esta época del año.

22 de diciembre de 2013 a las 12:01 a. m.
La cara triste del que se miró al espejo

Esta será una Navidad distinta. También pasará lo mismo con Año Nuevo. La gente es otra o, al menos, en estos días exhibe un costado que no se esperaba para esta época del año. La vieja consigna: "El año se termina el 15 de diciembre" esta vez no fue así. No terminó el año laboral y sólo quedó la extensión formal, por una parte, y festiva por la otra. La gente transita con cara larga por la ciudad de Córdoba. Tal vez la sociedad local advirtió que una parte de su ADN tiene poco que ver con lo que cada individuo espera de sí o de sus pares. "El cordobés se vio al espejo y no le gustó nada una parte de lo que vio", fue el razonamiento de un especialista en opinión pública.Ese cordobés mirándose al espejo es la imagen que apareció el día después de los saqueos, cuando los cordobeses pasamos horas horrendas, inesperadas e inu­sualmente dolorosas.Fue como si a Córdoba le hubieran arrebatado la esperanza en esos dos días casi apocalípticos, vehementes, impregnados de suciedad.Y la explosión del fenómeno inesperado en Córdoba después se replicó a lo largo y a lo ancho del país, con picos de violencia dispares pero también crueles e irracionales. Las policías provinciales pusieron en jaque a la Nación y algunas calificadas voces de la Casa Rosada interpretaron esos movimientos como golpes de Estado parciales.Exagerado o no, da la impresión de que los que viven en la ciudad de Córdoba sólo anhelan que este mal momento pase, que 2014 se ponga en marcha y avance en serio para olvidar este presente ya mismo si se ­pudiera.No hay clima fiestero, no hay clima de brindis y eso no tiene demasiado que ver con lo que contenga cada billetera o con la inflación. Hoy hay poca voluntad. Parece que el recogimiento es una actitud a la que se llega casi por obligación, es como se caminara hacia un callejón sin salida.Además, tras los violentísimos saqueos que dejaron como saldo 11 muertos en todo el país (uno en la capital provincial) no hubo respuestas contenedoras de parte de las autoridades.La gente sabe que sostener el Estado implica, desde lo económico, un esfuerzo personal cada vez mayor. Por eso, exige respuestas rápidas y quiere resultados porque paga para ello. Y paga mucho. Los gobernantes no quieren o no pueden entender esta postura y da la impresión de que por cada obra que hacen la ciudadanía les debe un homenaje. No tienen claro que el ciudadano de a pie no está dispuesto a aplaudir sino que espera poder recoger frutos algún día.Quiere tener luz en las calles, que los semáforos funcionen, que haya seguridad, salud, educación y que otros servicios esenciales que presta el Estado, como la Justicia por ejemplo, no sean traumáticos ni extensiones de los gobiernos de turno. Quiere vivir mejor. Ojalá tomen nota.