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Hombre bueno, una virtud electoral

Para ser candidato en la antigua Roma, había que ser popular y tener reconocimiento social. Ello, con la ausencia de medios masivos o programas al estilo de ShowMatch , no era fácil.

12 de julio de 2015 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Hombre bueno, una virtud electoral

"T rebium Valiente et Gaviun Rufum viros bon(os) ". A la prohibición de mitines –sólo aceptados para magistrados en funciones– y a la ausencia de medios audiovisuales en los que "invertir" el dinero que hoy se suele multiplicar cuando se accede a la función pública, en la antigua Roma recurrían a la pintada en la pared para hacer campañas políticas. La cita en latín que abre el texto no resiste grises: "Votar por Trebio Valiente y Gayo Rufo. Son hombres buenos". Imposible pensar, a más de dos mil años de aquellas campañas montadas en la virtud, que ello alcanzaría hoy para depositar a alguien en un cargo importante, y menos para sostenerlo en él. " Samillium Modestum juvenem probum aed " era otro de los recuerdos de campaña que dejaron los romanos: "Samillo Modeto para edil. Bueno para los jóvenes". Claro, no era fácil que la mayoría de los romanos que tenía derecho a voto por ser del populus –ciudadanos libres– conocieran en este caso la bondad de Trebio y de Gayo, debido a que la mayoría de los ciudadanos eran incapaces de leer el mensaje en la pared más allá de la claridad de la tipografía scripta actuaria que utilizaban los letristas contratados (serían las agencias de hoy) para estampar el mensaje en un muro previamente blanqueado. Los praeco , difusores de los distintos mensajes, recorrían la ciudad para informar sobre las listas y candidatos a quienes no sabían leer. Era un servicio social, que bien podrían haber aplicado las autoridades en la Córdoba de hoy para explicar los alcances de la boleta única y sus vericuetos de cuadros y cruces. Como no había partidos políticos o un camino marcado por una ideología determinada, las alianzas y los cambios de postura solían ser constantes.Para ser candidato en la antigua Roma, había que ser popular y tener reconocimiento social. Ello, con la ausencia de medios masivos o programas al estilo de ShowMatch , no era fácil. Por lo pronto, había que ser muy buen orador y demostrarlo en las asambleas o reuniones. Con esa capacidad de oratoria, el candidato debía exponer de manera muy segura sus atributos, pero también dejar en claro lo que habían sido y cómo habían actuado sus antepasados Otro tema importante, y a diferencia de la actualidad, era la necesidad de tener una renta suficiente como para mantenerse durante la magistratura. Este cargo público se ejercía de manera gratuita, lejos de los sueldos y las dietas de hoy. También estaba claro desde el comienzo que, por más dinero con el que se contara, había que empezar por las magistraturas menos importantes –especie de divisiones inferiores de la política romana– y demostrar que se era capaz para aspirar a ser elegido para un lugar más importante.Más allá de su carácter ad honoren , hoy este tipo de candidaturas no seducirían mucho porque los cargos eran anuales, a excepción del censor (cinco años) y del dictador (seis meses).