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Historia detrás de las imágenes

Célebre por el retrato de la niña afgana de ojos increíbles, el estadounidense McCurry tiene más para mostrar y contar.

12 de julio de 2015 a las 06:10 p. m.
Historia detrás de las imágenes
El estadounidense Steve McCurry es autor de una de las imágenes más conocidas de la fotografía contemporánea, la de la niña afgana. Su método es la búsqueda de la historia detrás de la imagen (@ArtfulLivingArt).

Steve McCurry comenzó su carrera como fotoperiodista cubriendo la intervención soviética en Afganistán. Pudo salir de ese país disfrazado de local y con los rollos de película cosidos a su ropa. De ese modo trajo al mundo las primeras imágenes del conflicto.

Desde entonces, McCurry ha sido reconocido con algunos de los premios más prestigiosos de la industria, incluyendo el Robert Capa Gold Medal, el Premio Nacional de Fotógrafos de Prensa, y un récord de cuatro primeros lugares en el concurso World Press Photo.

Habitualmente desarrolla su trabajo por igual tanto en conflictos como en el folklore de civilizaciones que desaparecen o en culturas contemporáneas, sin perder esa capacidad de observación tan singular que hizo a su reconocida foto de la nena afgana una imagen tan intensa.

–Su imagen más icónica es la de la niña afgana. ¿Cómo y cuándo descubrió que se trataba de una imagen extraordinaria?

–En 1984 estaba realizando una historia sobre la frontera entre Pakistán y Afganistán. Millones de refugiados afganos habían escapado hacia el país vecino. En uno de los campos de refugiados había una escuela de niñas, entré en ella y vi una pequeña niña en la esquina del cuarto en la carpa. Tenía esos ojos increíbles, con una especie de cualidad inolvidable en su mirada. Apareció en mi lente y luego de unos pocos minutos se levantó y partió, se alejó de mi cámara y eso fue todo lo que obtuve. Supe que si la imagen estaba en foco podría ser algo muy especial. Era una imagen muy potente y ese poder tiene que ver con la ambigüedad de su expresión. La fotografía fue popular no bien apareció y creció como un fenómeno a lo largo de los años. Obviamente superó la prueba del tiempo desde que fue publicada, pero yo espero que además inspire a la gente para aprender de la historia detrás de la imagen y que los ayude a comprender lo que se siente intentando simplemente sobrevivir en una zona de conflicto.

–¿Cómo encontró a Sharbat Gula 17 años después? ¿Sintió que estaba ante la presencia de una persona distinta?

–Regresamos en el año 2002 e intentamos encontrarla; teníamos curiosidad por saber cómo estaba. Decidimos hacer un esfuerzo consensuado para encontrarla. No sabíamos su nombre, no sabíamos su etnia, prácticamente nada sabíamos de ella y yo pensaba que no había forma en absoluto de encontrarla. Pero recordaba dónde la había fotografiado y así pudimos dar con la maestra que había dado clases ese día. Finalmente, un hombre nos comentó que sabía dónde vivía el hermano de la chica. Esa fue la pista principal. Fuimos con el hermano, quien la trajo para encontrarse con nosotros. Ahí conocimos su nombre: Sharbat Gula. Cuando atravesó la puerta y la vi parada frente a mí quedé shockeado, ya que la imagen que había guardado en mi ­memoria era la de una niña de 12 años, y allí apareció esta vieja mujer de 30.

–¿Existen diferencias importantes entre fotografiar hace 25 años o hacerlo en la actualidad? ¿Qué equipo fotográfico utiliza?

–No fotografío distinto de como lo hacía en ese entonces. Viajo, trabajo con la gente local y veo lo que sucede. Eso es invariable a lo largo de los años. El cambio de la película hacia la fotografía digital fue, por supuesto, un hito y una transición fundamental; además, los diarios y las revistas han disminuido considerablemente. Por eso los fotógrafos en la actualidad deben poseer un grado importante de motivación personal e iniciativa para viajar por el mundo cubriendo historias propias. Utilizo cámara digital y distintas cámaras para distintos propósitos. Usualmente prefiero llevar conmigo una luz y sólo uno o dos lentes. La cámara a utilizar no es importante. Se trata sólo de una herramienta, por lo tanto, si la imagen te habla, eso es lo único que importa.

- ¿Cómo elige sus destinos? ¿Cuánto tiempo permanece en cada lugar durante sus misiones?

–Viajo a lugares que me despiertan curiosidad. Me gusta regresar a lugares donde ya estuve para examinarlos mejor, pero, sin duda, partir hacia nuevos destinos resulta excitante y gratificante. Pude trabajar en la serie de los monzones durante un año, pero tomarse ese tiempo para indagar profundo en una historia es hoy un lujo. Por lo ­general puedo quedarme en un mismo lugar semanas o meses.

–Usted viaja a países y ciudades muy distintas de su país de origen. ¿Cuáles son sus prioridades al momento de elegir la imagen correcta en lugares tan pintorescos, donde cada imagen puede ser una gran foto?

–Cuando reconocés una imagen que querés retratar, ves en ella algo que quisieras recordar y el próximo paso es lograrla. Se trata de una reacción visceral, que te golpea, y así tomás la imagen; no lo intelectualizás. La ves, la reconocés inmediatamente y vas tras ella. Sucede instantáneamente. Es como un reflejo.

–¿Cómo se conecta con la gente local? ¿Es difícil convencer a las personas de que se dejen retratar?

–Es muy fácil para mí. En cuanto veo o encuentro a alguien en la calle en quien intuyo una cualidad especial, fascinante, con respeto y un toque de humor les pregunto si puedo retratarlos. Pienso que esto los empuja al proceso y se entusiasman tanto como yo. Es muy fácil utilizar el humor para contactar gente de cualquier cultura.

–En un mundo tan fotografiado ¿existen lugares donde pueda encontrar una imagen diferente o ­única?

–La gente virtualmente va a cualquier rincón del mundo. Tomo el ejemplo de la India. Todos vieron el Taj Mahal. ¿Qué más se puede decir de una de las piezas arquitectónicas más bellas y conocidas del mundo? ¿De qué otro modo se puede describir? Ese es el desafío.

–¿Qué elementos forman una imagen poderosa?

–Lo que hace que una imagen sea poderosa es la confluencia de varios elementos clave: la composición, el diseño, la iluminación. En un momento de claridad revelan una verdad más profunda con elementos de emoción y humanidad. La imagen se debiera sostener por propio peso.

–¿Utiliza el video?

–No. Estamos tan contaminados de imágenes que a veces nos olvidamos de la realidad del tema. La fotografía se transformó en un método de comunicación tan universal y profundo que dudo que exista otro medio que reemplace a la fotografía fija.

–¿Qué consejo puede dar a los jóvenes estudiantes?

–Que debieran enfocarse en aquello que les interese, los inspire y en una historia que quieran contar. Y además, que aprendan de obras de otros buenos fotógrafos.

–Los fotoperiodistas en el mundo se sienten cada vez más limitados por leyes que les impiden trabajar en la calle. El año pasado, la Ministra de Cultura de Francia Aurélie Filippetti comentó que estas leyes frenaban a los fotógrafos profesionales de compartir su visión con futuras generaciones y que existe el riesgo de perder parte de la memoria colectiva. ¿Qué opina sobre este tema?

–Si bien nunca pasé por esas restricciones, puedo comprender que debe ser una situación culturalmente inhibidora. Hay una fuerte tradición de fotógrafos que retratan en las calles. ¿Quisiéramos vivir en un mundo donde fotógrafos como Cartier Bresson, Robert Dois­neau, Harry Gruyaert o Mark Cohen carecieran de la libertad de explorar y compartir su visión con el mundo?

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Al momento de esta entrevista McCurry estaba en Nepal, cubriendo las consecuencias del devastador terremoto ocurrido en abril último. Esto nos confirma que su lente fotográfica escarba en lugares complejos. Seguramente veremos publicado cómo vieron sus ojos las heridas que quedaron en esa tierra.

El último rollo

22 de junio de 2009, debido a la revolución digital, Eastman Kodak anunció el fin de la producción de su película Kodachrome. McCurry preguntó a Kodak si podría ser él quien expusiera el último rollo de película que se fabricara. Así le confiaron al fotógrafo el último que salió de la línea de montaje en Rochester, Nueva York. Tomó el desafío y la presión de que cada uno

de los 36 disparos debía ser especial e irrepetible. El recorrido comenzó en Nueva York, siguió por Bombay, Rajastán, Estambul, Londres, y culminó como comenzó, en Nueva York.

¿Qué eligió como el último fotograma de ese último rollo? Una estatua en la sección de los veteranos de la Guerra Civil en el cementerio Parsons, que tenía flores rojas y amarillas, los mismos colores que la caja de Kodachrome. “Vi la estatua de ese soldado, mirando en la distancia, al futuro o al pasado. Como esta película, esto es algo que desaparecerá para siempre”, cuenta en su blog.

Para ver

Steve McCurry presenta su muestra “Culturas”. En 220 Cultura Contemporánea (Costanera esquina Mendoza), hasta el 2 de agosto.