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Hijismo y alienación

Diario de una princesa montonera. Rogelio Demarchi.

07 de octubre de 2012 a las 12:02 a. m.
Rogelio Demarchi (Especial)
Hijismo y alienación

Todo discurso institucional produce alienación, y los organismos de derechos humanos –Madres, Abuelas, Hijos– no son la excepción. Esa es la triste conclusión a la que llega Mariana Eva Perez en Diario de una princesa montonera. 110% verdad (Capital Intelectual, 2012), en medio del sarcasmo, el cinismo y el humor negro, registros que usa para filtrar la bronca y el escepticismo que destila su testimonio, escrito primero en formato de blog y ahora transformado en novela. Hija de padres desaparecidos, con hermano varón nacido en la Esma y apropiado, ex empleada despedida escandalosamente de un organismo de derechos humanos al que prefiere no identificar, Perez no se define como militante sino como militonta; llama a los hijos de desaparecidos que militan y adhieren a la perspectiva dominante, con cierta frivolidad léxica, "hijis", de modo que la corriente que ellos apoyan puede ser calificada como "hijismo"; y demuestra, con múltiples y dramáticas anécdotas narradas, que las causas buenas no reúnen exclusivamente a buenas personas ni hacen buenas a las personas que se embanderan con ellas.Una "hiji" tiene una agenda cargada de actos, juicios, reuniones de discusión con sus pares, actividades plásticas diversas en las que se preparan los espectaculares materiales que se desplegarán en los actos, entrevistas con viejos conocidos de sus padres donde recaba anécdotas y documentos de sus familiares desaparecidos: "Mandá TEMITA al 2020 y participá del fabuloso sorteo", propone. El premio consiste en pasar una semana con la Princesa Montonera. "Cada día un acontecimiento único e irrepetible relacionado con El Temita: audiencias orales, homenajes, muestras de sangre, proyectos de ley, atención a familiares de la tercera edad y militontismo en general", todos símbolos de "una vida 100% atravesada por el terrorismo de Estado".Semejante agenda, por momentos produce una angustia lacerante, por momentos expresa la estupidez y la superficialidad de la política: un grupo de vecinos se ha puesto de acuerdo en colocar baldosas especiales para marcar en su zona "la presencia/ausencia de los militantes-populares-detenidos-desaparecidos-por-el-terrorismo-de-Estado. Lo que habrán discutido por cada una de esas palabras y por las que quedaron afuera: revolucionarios, víctimas, dictadura, genocidio. Podría reconstruir esas discusiones con escaso margen de error. No teman, no lo haré, son un embole".Esta princesa, "hija de probeta de los organismos de derechos humanos de la Argentina, la mejor alumna, la que se cuadra, taconea y hace la venia como nadie", se mira en el espejo y ve a Rapunzel (en los cuentos de los hermanos Grimm, la niña robada por la bruja y encerrada en la torre que está en medio del bosque), de modo que tiene que buscar la manera de escapar con y por su príncipe, aunque el futuro se parezca demasiado al desierto. Al menos ella tiene su castillo de huérfana indemnizada, y allí los mandamases de los organismos no pueden entrar para decirle qué hacer, pensar, declarar, gritar, apoyar. "Desde mi terraza en Almagro, tierra liberada, en puntas de pie entre dos macetas, agito mi mano lánguida hacia los balcones de los contrafrentes y te saludo, oh, pueblo montonero".Diario de una princesa montonera. 110% verdad (Capital Intelectual, 2012), de Mariana Eva Perez.