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¿Hay vida sin subsidios?

La era geológica que se inicia en el país, y que se caracteriza por la extinción de algunos subsidios, obligará a un acelerado cambio en los hábitos, costumbres y estrategias de los sectores afectados. Luis Heredia.

27 de noviembre de 2011 a las 12:02 a. m.
¿Hay vida sin subsidios?

La era geológica que se inicia en el país, y que se caracteriza por la extinción de algunos subsidios, obligará a un acelerado cambio en los hábitos, costumbres y estrategias de los sectores afectados por la quita de estos generosos auxilios pecuniarios del Estado que hacen tan llevadera la vida a lo largo del territorio nacional. "Muchos argentinos deberán adaptarse a vivir de ahora en más sin subsidios, lo que seguramente será traumático, porque más allá de los efectos económicos está también el cimbronazo afectivo que conlleva su desaparición", explica el especialista en subsidios, José Dearriba.Para este experto, la principal dificultad para eliminarlos radica en que la gente se encariña con ellos y su desaparición genera cuadros depresivos severos. "El Estado debería prever la cobertura psicológica de quienes pierden estas subvenciones. Cuando un subsidio se va, queda un bolsillo vacío", reflexiona Dearriba.Mientras buena parte del país se pregunta cómo harán para sobrevivir casinos, bancos, financieras, empresas telefónicas y mineras sin los indispensables auxilios económicos del Estado, amplios estratos de la población deberán procurarse formas alternativas y más económicas de energía hogareña al desaparecer los subsidios al gas, la electricidad y el agua.La búsqueda no necesariamente significaría grandes desarrollos tecnológicos, sino más bien se trataría de volver a antiguas prácticas de supervivencia hu­mana.En el caso del gas, su pico de consumo se da en el invierno para calefaccionar los hogares. Una forma de bajar drásticamente las millonarias boletas que vendrán en esa época sería reemplazar los calefactores hogareños por salamandras. El verdadero secreto de la economía en este caso radica en alimentarlas con los árboles de la cuadra, previamente talados y convertidos en leña. "En este aspecto, los habitantes de los countries corren con ventaja porque disponen de muchos más árboles, incluso de pinos. Estos, además, podrán ser empleados como combustible o como árboles de Navidad, ya que el gobierno también suprimió los subsidios a los abetos navideños".Otra forma práctica de ahorro de gas en invierno es abrigarse más adentro de los hogares en los días más crudos, por ejemplo envolviéndose en frazadas o en la alfombra de piel de oso (réplica), del living. El grupo familiar va a adquirir una imagen que hará recordar quizá las épocas más primitivas e la humanidad (sobre todo frente a las visitas), pero los beneficios económicos se impondrán sobre cualquier prejuicio.También el uso de la cocina podrá regularse con fines de ahorro. Si bien la ingesta de alimentos crudos y semicrudos puede costar al principio, todo es cuestión de tiempo y acostumbramiento.En lo que hace al consumo eléctrico, está compro­bado que se pueden adaptar viejos ventiladores de pie para producir energía eólica (un parque eólico experimental de estas características fue instalado en el techo de una casa de barrio Inaudi con excelentes resultados). Pero en definitiva el verdadero ahorro eléctrico pasa por restringir al máximo el consumo, sobre todo de noche. Lo recomendable es ir apagando de forma progresiva las luces de las residencias para que el grupo familiar se vaya acostumbrando a la oscuridad. In­cluso se puede acelerar el proceso vendando los ojos (o encapuchando) de los integrantes de la familia para que aprendan a conducirse a ciegas por la casa sin llevarse puestos los muebles y electrodomésticos (especialmente el LED que recién terminará de pagarse en el 2020). La idea es lograr que llegada la noche una familia tipo pueda moverse con naturalidad en una casa en pe­numbras, destreza que generaría un altísimo ahorro eléctrico.La disminución de los costos por consumo de agua tienen que ver más con una drástica disminución de los hábitos higiénicos (que podrían incluir un cepo en el bidet) y en la elección de mascotas que consuman poco líquido (camellos, arañas, lechuzas disecadas). En cuanto al jardín, el tradicional césped deberían ser reemplazado por dunas y las plantas de jardín por especies que necesitan poco riego como pencas y arbustos sintéticos. La idea, en definitiva, es comprobar que hay vida más allá de los subsidios.