Hace falta algo más que militares
La antropóloga Rossana Reguillo, una de las voces más originales en México en el análisis del fenómeno del narcotráfico, contó en un artículo publicado por la revista de comunicación Alambre que en el verano de 2004 la ciudad de Piedras Negras, en Coahuila, había sido devastada por una serie de inundaciones. En ese marco de extrema necesidad, el cura de la iglesia principal atendió durante una madrugada a un desconocido que le dejó estacionado frente al templo un camión repleto de botellas de agua, frazadas, medicamentos, víveres y juguetes. "Es un regalo de Osiel Cárdenas", dijo el hombre antes de retirarse. Se refería al capo del Cartel del Golfo, que de esta manera, recuerda Reguillo, se adelantaba al Estado mejicano con el envío de ayuda. Esto pone en evidencia una de las falencias más claras del gobierno de Calderón, el hecho de que la ofensiva militar no sea acompañada de políticas que minen la base social de las organizaciones de narcotraficantes.Entre marzo y abril, el periodista colombiano Álvaro Sierra dirigió un seminario virtual sobre narcotráfico para 50 periodistas latinoamericanos, organizado por el Centro Knight para el Periodismo en la Universidad de Texas en Austin (creado en 2002 como un programa de entrenamiento profesional de largo alcance para periodistas de Latinoamérica y el Caribe). Un grupo importante de los inscriptos estaba conformado por mejicanos que coincidieron en cuestionar con severidad lo decidido hasta el momento por el gobierno de Calderón. Según criticaron, el gobierno casi no ha propuesto planes socioeducativos como medida para contrarrestar el poder de los narcos. Se trata de la ausencia de políticas sociales más concretas que permitieran minar la base social de los carteles: los desesperados, aquellos apartados del mercado laboral que por unos pesos trafican, vigilan y matan. En lugar de intentar una solución más amplia, con planes de educación y de trabajo concretos, para evitar que los carteles consigan un ejército de desocupados a su disposición, Calderón eligió responder sólo con más balas. La espiral de violencia desatada ya no se sabe cuándo terminará.Recién en los últimos meses se impulsó el "Plan Estratégico de Juárez", que tiene como meta una solución más global al problema del narcotráfico en Ciudad Juárez. Está inspirado en la metodología que aplicó en Medellín el ex gobernador y candidato a la vicepresidencia del país, Sergio Fajardo (compañero de fórmula de Antanas Mockus), que en Colombia inició la construcción de "una nueva ciudad" tras combatir a la delincuencia mediante la reducción de la desigualdad e intentando mejorar la infraestructura escolar. Pero la responsabilidad no sólo le cabe a México. Tal vez el interrogante que más profundiza en esta problemática es el que planteó la periodista Judith Torrea, experta en narcotráfico, en su "blog" Ciudad Juárez, en la sombra del narcotráfico. "En un momento paré de preguntar. Y me senté a devorar unos burritos en uno de los lugares que quedan abiertos en la ciudad. Encontré a una viuda –que trabaja para el Cartel de Juárez, y que organiza el paso de carros con drogas por unos 200 dólares cada viaje–. '¿Quién quiere acabar con el negocio del narcotráfico, y más en tiempos de crisis (económica)?', me dice esta madre adicta, con estudios universitarios que no finalizó. E imagino cómo harán en Estados Unidos para que pase la droga y al pasarla llegue hasta los consumidores de todo el país. Y además en paz... ¿Cuántos muertos juarenses, mejicanos, se necesitan para que un consumidor en Nueva York tenga su dosis de cocaína?"

