Hablar de Brasil; hablar de Lula
Ese hombre de pequeña estatura y de sonrisa contagiosa que ocupó durante dos gestiones seguidas el centro del poder verde-amarelo.
Hablar del Brasil presente implica hablar de Luiz Inácio da Silva, ya para siempre "Lula" en el imaginario colectivo brasilero. Ese hombre de pequeña estatura y de sonrisa contagiosa que ocupó durante dos gestiones seguidas el centro del poder verde-amarelo. Ya en 2008 la revista Newsweek lo eligió como una de las personas más influyentes del mundo. En 2009 las ediciones de Le Monde de París y El País de Madrid lo calificaron como personalidad del año, y el Financial Times lo nombró protagonista de la década en el mismo período. Luego, en 2010 la revista Time lo consagró como el líder más influyente, por encima de Barack Obama. Además, Lula se ha hecho acreedor de la gratitud popular y de sus pares; la incontable cantidad de regalos que ha recibido desde todo el mundo generaron esa broma que solía repetir en las recepciones: tuvo que mudarse de su austero departamento al Palacio del Planalto sólopara que entren los regalos. En realidad, todas estas señales ilustran una transformación del propio Brasil, y del nuevo lugar que el gran país sudamericano está intentando ocupar en la región y en el plano global.Una transformación que muestra el antes y el después, marcados por la "bisagra" –ese elemento mecánico que mantiene unidas, pero que al mismo tiempo flexiona dos partes, dos tiempos– del paso de Lula por la presidencia brasileña.Este tiempo de final de ciclo, cuando acaba de dejar la presidencia en el punto más alto de su fama, ha sido inédito también en la vida de propio Lula. Tal como recordó en su mensaje de despedida, Lula ha representado al hombre de a pie, al pueblo más llano, ese que durante décadas vio a sus hijos crecer en la pobreza y la desesperanza, y que con él ha logrado cambiar esa auto percepción hacia una renovación de ciudadanía. Así como su país ha cambiado hacia una potencia emergente democrática, sostenible y redistributiva.Lula nació pobre, en una familia de campesinos con ocho hijos. A los 12 años empezó a limpiar zapatos en las calles paulistas y a vender frutas y tapioca para ayudar a la madre. Trabajó en jornadas de 12 horas diarias en una fundición metalúrgica desde los 14 años, y hubo de dejar de lado las ganas de la escuela, a excepción de un curso de tornero mecánico. Lula cuenta que se construyó a sí mismo como obrero y gremialista: en la industria metalúrgica se desempeñó "durante un tiempo como proletario sin conciencia de clase", hasta que el arresto de Frei Chico, en 1968, le abrió el horizonte del mundo gremial. Para 1972 era primer secretario del Sindicato Metalúrgico de São Bernardo do Campo y formaba parte del grupo fundador de la Central Única de Trabajadores. Y desde la CUT soñó el salto hacia la política grande. Un sueño duro, costoso y plagado de derrotas, una tras otra. Pocos creían que un obrero marxista tuviera posibilidades reales de acceder a las máximas instancias republicanas por la vía democrática. Pero el aguerrido sindicalista no bajó los brazos".Extracto de Desde abajo. Construcciones y discusiones en Brasil después de Lula.

