Furanos y menganos
Las autoridades estudian medidas imaginativas para neutralizar el rechazo a una planta procesadora de basura. Luis Heredia.
¿Q ué hacemos con nuestra basura? Si ya fue difícil encontrar un lugar donde enterrarla sin que nadie protestara, ahora la idea de convertirla en energía a través de un escasamente difundido proceso industrial genera verdaderos amotinamientos poblacionales. Sucede que los habitantes cercanos a los sitios elegidos para establecer la planta de tratamiento, como el caso de Toledo, se arremolinan y rechazan de plano la iniciativa, espantados por la posibilidad de sufrir algún tipo de mutación al aspirar los supuestos gases tóxicos que derivarían de su combustión.
"Hay una negación sistemática de la gente a la aspiración de furanos, y mientras no logremos revertir esa tendencia cultural va a ser muy difícil ubicar la planta de Innviron en algún lugar relativamente habitado", aseguró preocupado un funcionario municipal, mientras proseguía en la búsqueda de un predio en el mapa de Córdoba lo suficientemente solitario como para levantar la planta.
Pero cambiar esta tendencia va a ser muy difícil, ya que a partir de las corrientes ecológicas en boga y las campañas para prohibir fumar en lugares públicos impulsadas desde la propia Municipalidad, está muy instalada la creencia de que respirar aire puro es muy saludable. "La gente está muy quisquillosa con la cuestión del aire", agrega, contrariado, el mismo funcionario.
Frente a este panorama, se estudian formas de convencer a la gente de que se puede convivir con la planta de procesamiento de basura de Innviron sin correr mayores riesgos.
"El principal problema es la desinformación y, consecuentemente, los rumores que existen en torno de esta planta. En primer lugar, queremos desmentir terminantemente que el dueño de Innviron sea el multimillonario señor Burns, como asegura una versión antojadiza que fue echada a correr", aseguraron fuentes cercanas a la comuna de Toledo.
Aclarar este tema no es una cuestión menor, ya que Montgomery Burns no resulta una persona muy confiable para la opinión pública cordobesa a partir de la gestión de la central nuclear de Springfield, de su propiedad. "No queremos que Toledo sea la Springfield argentina", señalaba José Gnomo, activista de una de las organizaciones ambientalistas que se opone a la instalación de la planta, mientras se acomodaba su gorrito rojo.
Pero junto con la campaña informativa, también se están analizando cuestiones prácticas que refuercen la confianza en el emprendimiento.
Una posibilidad en carpeta es la de proveer de máscaras antigás a los pobladores cercanos a la planta una vez que esté emplazada.
"La experiencia de la Primera Guerra Mundial demuestra que fueron muy efectivas en los ataques químicos. Regimientos enteros sobrevivieron al fosgeno y al gas mostaza, lo que las revela altamente eficaces frente a las emanaciones de furano. Aun así vamos a probarlas con cobayos o con algún mono", indicaron los impulsores de esta idea.
Sin embargo, aparecen algunos problemas, entre ellos que estas máscaras impiden identificar a la gente ya que cubren completamente los rostros, por lo que los vecinos de una futura central de Innviron deberán colgar de sus cuellos portarretratos con sus fotos actualizadas para poder identificarse y saludarse.
También se impulsaría la distribución de aire de las sierras envasado en damajuanas, para que los habitantes cercanos a la planta puedan respirar aire de máxima pureza durante algunos segundos. "La idea es distribuir en forma absolutamente gratuita dos damajuanas por semana por grupo familiar. Van a contener aire de Nono envasado en origen y si se siguen las instrucciones de sacarles el corcho en un ambiente cerrado, el aire olerá a poleo, a suave menta y tomillo", sostienen entusiasmados los mentores de esta iniciativa.
Todo está por verse. La conversión de basura de Córdoba está en veremos. Si no se concreta una solución definitiva y ambientalmente limpia, echaremos mano a una ancestral costumbre: la fabricación de una gran alfombra de 70 kilómetros cuadrados para meter la basura abajo. Eso sí habrá que ver dónde se la coloca, y todo vuelve a empezar.

