Festival de gurúes
La llamada secta del porno-yoga, otro de los grupos de los que habla el libro, filma películas pornográficas usando a sus discípulos y fue descubierta funcionando en Capilla del Monte, adonde llevaron a conocidas modelos argentinas para tratar de ganar más seguidores.
El libro funciona también casi como un diccionario de gurúes y grupos esotéricos que se han instalado los últimos años en Córdoba. Algunos son personajes que se hicieron conocidos en todo el país a partir de las notas publicadas en este diario, como ocurrió con el Maestro Amor, instalado en Catamarca, y el Maestro Mehir, el gurú que vivía en Villa Carlos Paz, tenía 17 hijos con diferentes discípulas y todavía permanece prófugo de la Justicia. También hay lugar para el relato de los encuentros internacionales sobre ovnis en Capilla del Monte, con sus invitados que cuentan haber sido secuestrados por naves extraterrestres, y para el retrato de un particular profeta cordobés, Artemio, quien afirma que cada noche la Virgen habla a través de él y muestra en su cuerpo las llagas sangrantes, similares a las que habría sufrido Jesucristo.Otro capítulo se adentra en la organización de los hermanos Espina, famosos en todo el país por sus violentas incursiones contra exposiciones artísticas que, según su particular punto de vista, ofenden a la Virgen. Estos hermanos católicos apostólicos que no reconocen la autoridad de los últimos papas, también se hicieron conocidos por problemas de tierras en el valle de Punilla, donde un jefe comunal los comparó con el Anticristo. La llamada secta del porno-yoga, otro de los grupos de los que habla el libro, filma películas pornográficas usando a sus discípulos y fue descubierta funcionando en Capilla del Monte, adonde llevaron a conocidas modelos argentinas para tratar de ganar más seguidores. La historia de este grupo, se remonta a Rumania, donde su polémico líder ha sufrido la persecución judicial y policial. También aparece el caso de los niños que, estando en guarda judicial, habían sido sacados de la escuela por un grupo instalado en las cercanías de Alta Gracia, que además no los vacunaba ni alimentaba con carne, por no coincidir esas situaciones con sus creencias religiosas.

