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Faltaron los kelpers

¿El principal argumento de la diplomacia británica en torno a Malvinas, que pasa por el respeto a la autodeterminación de los pueblos, trastabillaría entonces a partir de un spot en el que no aparece ningún kelper? Luis Heredia.

13 de mayo de 2012 a las 12:03 a. m.
Faltaron los kelpers

Pasan los días, la polémica con Londres por las imágenes de la pretemporada del jugador de hockey Fernando Zylberberg en Malvinas se aplaca lentamente, y nadie advierte en Argentina, ni siquiera en la Casa Rosada, las que podrían ser las verdaderas razones del enojo del gobierno británico por el controvertido spot preolímpico: la filmación habría confirmado la sospecha (instalada desde hace tiempo), de que los kelpers ya no estarían en las islas.

Al menos es lo que sostiene el biólogo argentino José Paramecio, quien se ha dedicado durante décadas a estudiar la evolución de diferentes formas de vida en todas las regiones del territorio nacional.

Al analizar las imágenes del solitario programa de entrenamiento de Zylberberg, el especialista sostiene que las calles de Puerto Argentino están tan desiertas como las lunas de Saturno, con algunos Jeep abandonados, como mudos vestigios de la vida que alguna vez albergaron. En el pub del lugar no hay nadie, al igual que en la cabina telefónica típicamente inglesa del pueblo. En el puerto se ven algunas embarcaciones escoradas, y en las calles adyacentes sólo sopla el viento. “La conclusión salta a la vista: ya no hay vida inteligente en el principal poblado de las islas”, asegura Paramecio, una afirmación arriesgada que de comprobarse podría dar por tierra con uno de los secretos mejor guardados de la diplomacia británica.

“Si se analiza en detalle el video se puede advertir que los únicos seres vivos que aparecen registrados, además de Zylberberg, son unos centenares de pingüinos”, sostiene el científico, para quien las islas podrían albergar en este momento algunas otras formas relativamente evolucionadas de vida, como ovejas, gaviotas o militares británicos, pero fuera de Puerto Argentino.

“¿Qué pasó con los kelpers? Posiblemente se extinguieron (no eran más de tres mil y la tasa de natalidad siempre fue baja en Malvinas), o se subieron a un barco y emigraron después de la guerra hacia algún otro archipiélago aún más inhóspito”, asegura Paramecio.

Sobre esta última posibilidad el estudioso sostiene que habría obedecido a que los kelpers son de perfil bajo y nunca se acostumbraron a la exposición mediática de los últimos tiempos.

“Las imágenes del spot son elocuentes. El pueblo es como una escenografía cinematográfica, con calles, casas, monumentos, pero lógicamente sin habitantes”, agrega el experto. Esta circunstancia explicaría también por qué el video pudo filmarse sin mayores inconvenientes.

Sin embargo son numerosos los testimonios que contradicen esta afirmación, incluso de argentinos que desembarcaron y que hablan de la presencia de habitantes en Puerto Argentino. Además, cada tanto se emiten comunicados desde las islas rechazando las ondulantes políticas del país hacía el enclave.

“Son actores neozelandeses, contratados por Londres para hacer de kelpers, especialmente cuando van a desembarcar turistas”, asegura el director de cine uruguayo Carlos Trailer, quien además recuerda una jugosa anécdota: debido a un paro de actores en Nueva Zelanda, en una oportunidad se contrataron de apuro algunas decenas de extras malayos. “Los turistas se preguntaban sorprendidos porqué los malvinenses tenían rasgos orientales y pretendían venderles sahumerios”, relata.

Según estos argumentos, sería comprensible entonces la intimación británica de dejar de poner al aire el corto. Por un lado en el Foreign Office temerían que se aviven en las Naciones Unidas de que en Puerto Argentino no hay nadie, y por otra parte habría alarma de que organizaciones de okupas argentinos, con experiencia en la toma de terrenos y conventillos, se metan en las casas vacías, incluida la residencia del gobernador. “Si se meten no sólo no los vamos a poder sacar sino que nos van a armar piquetes y van a quemar gomas en la calle Ross”, habrían advertido diplomáticos ingleses a Londres, hace ya algún tiempo.

¿El principal argumento de la diplomacia británica en torno a Malvinas, que pasa por el respeto a la autodeterminación de los pueblos, trastabillaría entonces a partir de un spot en el que no aparece ningún kelper? ¿Los malvinenses abandonaron misteriosamente Puerto Argentino, como lo hicieron alguna vez los mayas con sus ciudades? ¿Es posible otra forma de vida en Malvinas? Las preguntas, inquietantes por cierto, se sedimentan a la espera de las necesarias respuestas.