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Estamos en manos de Messi

Lionel Messi es una estrella y, como tal, el arquitecto de las celebridades europeas, Luis Garrido, le diseñó un proyecto de una mansión en Barcelona. Eligió el exclusivo barrio de Pedralbes.

07 de octubre de 2013 a las 12:01 a. m.
Estamos en manos de Messi

Lionel Messi es una estrella y, como tal, el arquitecto de las celebridades europeas, Luis Garrido, le diseñó un proyecto de una mansión en Barcelona. Eligió el exclusivo barrio de Pedralbes. Este diseño es un producto fiel de su autor, quien se caracteriza por impregnar de símbolos a sus proyectos arquitectónicos. Para la mansión, Garrido asignó dos marcas indelebles: desde una vista aérea, parece una pelota de fútbol, en la que se observa con nitidez el número 10, precisamente el que utiliza el rosarino en Barcelona y en la selección argentina de fútbol. De todos modos, desde el entorno de Messi niegan que hayan encargado ese proyecto y dicen desconocer a Garrido. De todos modos, nadie o casi nadie cuestionará al joven argentino por esta vivienda, cuya mitad exterior está rodeada de césped –el campo de juego que les corresponde a los "blaugranas"– y la otra mitad es una piscina, e identifica al sector de la cancha que ocupa el rival.Son contados los que cuestionarán al astro futbolístico la hechura de esa hipotética casa, muy fácil de ser definida como excéntrica. La gente no juzga a Messi por eso, no importan sus noches de juerga, sus autos o el lugar donde eligió vivir con su mujer y su hijo.Lionel es un factor de unión entre los argentinos, uno de los pocos elementos que sirve para que todos empujemos el mismo carro.Hoy, muchos hombres están más que preocupados por las lesiones del mejor futbolista del mundo en actividad. Sus repetidos episodios musculares que lo marginan de las canchas en los últimos meses encienden la alerta. Esas lesiones se dan a poco más de ocho meses de la Copa del Mundo que se celebrará en Brasil. Eso tiene a maltraer a la patria futbolera.Allí coinciden todos, kirchneristas, antikirchneristas, delasotistas, juecistas, radicales, socialistas. Todos. Se puede diferir con matices, pero no hay motivos para cambiar de tema y evitar profundizar en discusiones que se vuelven intolerables.Desde hace tiempo, en Argentina hay temas que no se pueden hablar con amigos o familiares que no piensan como uno. En algún momento, la fricción se torna intolerable y hay dos caminos: clausurar la amistad o la relación o preservarlas y cambiar de tema. Hoy Argentina es eso en buena parte. Se acusa al Gobierno nacional por el tema y es probablemente cierto en parte.Hay dirigentes y militantes del kirchnerismo que proponen una relación siempre áspera con los que no comulgan con sus ideas. Tienden a la intolerancia. "Si no ves el mundo como yo lo veo, sos definitivamente un estúpido", parece ser la consigna no escrita pero de la que no se niega su existencia.Pero hay otro medio vaso para analizar y observar: nosotros, la sociedad. El germen violento e intolerante no se expande por ósmosis. Somos todos de alguna manera culpables. La intolerancia no es patrimonio exclusivo de ningún gobierno. Por eso, aunque parezca una cuestión definitivamente menor, ejemplos como los de Messi sirven para empezar a encontrar la vuelta y armar un plan invisible para destronar al desencuentro del que todos somos víctimas. Estamos en manos de Lionel.