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Estado de inseguridad

Isla y Míguez analizan la sensación de inseguridad como algo real que “obedece a un cóctel complejo de elementos.

17 de octubre de 2010 a las 12:02 a. m.
Estado de inseguridad

Son numerosos los grupos de investigadores que a lo largo y a lo ancho del país se dedican desde hace años a indagar la inseguridad desde distintos puntos de vista. Si el grupo cordobés dirigido por Hada Juárez Jerez se propuso diseñar un modelo de análisis del delito y un índice de seguridad provincial, los porteños Daniel Míguez y Alejandro Isla, entre 2005 y 2008, se abocaron al estudio de las víctimas y de la tan discutida sensación de inseguridad. Sus conclusiones se pueden leer en el libro Entre la inseguridad y el temor (Paidós, 2010), de reciente edición. Para analizar a las víctimas, los investigadores realizaron una encuesta en varios conglomerados urbanos del país (Córdoba, entre ellos). Los resultados indicaron, por ejemplo, que los robos con violencia se concentran en las villas de emergencia y los barrios de clase media alta y alta, mientras que las lesiones y amenazas y las solicitudes amenazantes de dinero en la calle ("peaje") afectan más a quienes viven en las villas.Si se tiene en cuenta género y edad, concluyen que "las mujeres y los jóvenes se encontraban más expuestos a las lesiones y amenazas; que los varones eran más proclives a ser víctimas de peaje; y las personas de mayor edad, a los robos con violencia".Un tercer caso: los extranjeros que viven "en villas, inquilinatos o pensiones corren un riesgo relativo marcadamente mayor de ser víctimas de delitos violentos que el promedio de la población".Eso implica que se pueden indagar "las causas que hacen que una persona o grupo estén más o menos expuestos a sufrir delitos".Ahora bien, Isla y Míguez van más allá y analizan la sensación de inseguridad, no como la entienden los funcionarios –construcción subjetiva y delirante, separada del delito, que por lo tanto debe ser ignorada–, sino como algo real que "obedece a un cóctel complejo de elementos entre los que se cuenta el delito, pero que por sí solo no es determinante". Dos ingredientes del cóctel: los medios de comunicación y la desconfianza que generan resortes del Estado como la Policía, la Justicia y los funcionarios políticos.Los primeros –sobre todo la televisión– por su repetición de imágenes violentas y su tendencia a nacionalizar lo que es local.Los segundos porque "a veces abusan ilegalmente de su fuerza en nombre de la ley, otras veces no intervienen, omitiendo su rol de garantes de ella, y en otras ocasiones directamente violan y promueven su incumplimiento".Por eso, Isla y Míguez calculan que hacia 2007 la sensación de inseguridad rondaba el 70 por ciento de la población, mientras que la cantidad de victimizados entonces era de 30 puntos porcentuales menos.Es lógico deducir de ello que la sensación de inseguridad y no la tasa de victimización es lo que impone a la inseguridad como tema dominante de la agenda pública. Si esto es así, cualquier proyecto de combate de la delincuencia tiene que incluir medidas que apunten a reducir la desconfianza de la sociedad en los representantes del Estado. Lo uno sin lo otro agrava el problema.