¿Es o se hace?
En Perón y los medios, Pablo Sirvén demuestra cómo el primer peronismo se apropió de las radios privadas. Rogelio Demarhi.
En los dos últimos meses, Cristina convirtió actos patrios en actos partidarios, utilizó dependencias del Estado para eventos relacionados con su candidatura, e hizo uso de la cadena nacional para que esos actos de campaña llegasen a la mayor cantidad posible de ciudadanos. Esa gestualidad y los discursos pronunciados en esas circunstancias dieron pie para la configuración de una nueva etiqueta política: el cristinismo, algo así como la prometida etapa de profundización del kirchnerismo, la (supuestamente) definitiva superación del peronismo. Como del bipartidismo hemos pasado al biperonismo, no faltó quien retrucara que Cristina nunca fue peronista, de modo que es imposible que ella entierre al movimiento fundado por Juan Perón.Un libro ayuda a demostrar que Cristina es peronista –muy peronista– las 24 horas del día por acción, palabra y pensamiento. En Perón y los medios de comunicación (Sudamericana, 2011, edición corregida y actualizada), Pablo Sirvén demuestra que el primer peronismo, a partir de 1947, se apropió de las radios privadas porque sus propietarios ya estaban "cansados de hacer malabarismos con sus programaciones para no molestar al Ejecutivo, y de poner cuidado en el tono de las transmisiones", amén de verse al borde de la ruina por "la manía del gobierno de utilizar cada vez más la cadena de radiodifusión para transmitir largos actos oficiales en los mejores horarios". Sirvén habla de "casi dos mil discursos" de Perón en aquellos años. Mariano Ben Plotkin, en El día que se inventó el peronismo (Sudamericana, 2007), sostiene que "entre el 2 de diciembre de 1943 y el 17 de octubre de 1945 pronunció más de 165 discursos registrados, lo que hace un promedio de uno cada cuatro días", todos ellos difundidos por la Red Argentina de Radiodifusión.Volvamos a Sirvén. Las radios, una vez en manos del Estado, entraban diariamente en cadena a las 20.30 para emitir un microprograma "destinado a exaltar la acción gubernamental", en el que importantes actores populares tenían a su cargo la lectura de los textos, y a las 22 "para transmitir un boletín de noticias". De este modo, se controlaba el contenido de los informativos y se amplificaba el relato oficial, máxima aspiración del cristinismo, que esta semana ha llegado al colmo de calificar como "operación política" la crónica periodística que informaba sobre los videos que en YouTube daban cuenta de la asamblea de Carta Abierta en la que se criticó fuertemente la campaña de Daniel Filmus en Buenos Aires.Cuando 6, 7, 8 , el periodismo militante que promueve el cristinismo, acusa a la "corporación mediática" de conspirar contra el Gobierno, o cuando la propia Cristina, como recuerda Sirvén, acusa a los medios de "mentir, descalificar, tergiversar y tratar de que nos enfrentemos los argentinos", en realidad, se están reciclando "viejas mañas similares a las implementadas por el primer peronismo".No canta la marchita ni habla con una gran imagen de Perón y Evita a sus espaldas. En vez de ese antiguo folklore peronista, hay otro, moderno y autorreferencial, que hace centro en el "Nestornauta". Cristina es una peronista paladar negro que, en algunas ocasiones, se hace la no peronista.

