Entre el siglo y el claustro
Resulta sumamente llamativo el silencio, no sólo en las salas del Museo de Arte Religioso Juan de Tejeda, sino también en sus espacios al aire libre, con naranjos y palmeras, más aún porque la construcción se erige entre Independencia y San Jerónimo, apenas a metros de la Catedral, en pleno Centro de la ciudad.
Resulta sumamente llamativo el silencio, no sólo en las salas del Museo de Arte Religioso Juan de Tejeda, sino también en sus espacios al aire libre, con naranjos y palmeras, más aún porque la construcción se erige entre Independencia y San Jerónimo, apenas a metros de la Catedral, en pleno Centro de la ciudad. También constituye una sensación muy particular la evidencia del paso del tiempo: lo remoto atrapa el presente con el peso de los siglos allí concentrados.Las habitaciones del museo están dispuestas alrededor de un patio generoso, que alguna vez fue ocupado por el corral y la huerta de las monjas que oraban y laboraban sin contacto alguno con el mundo exterior."Aún ahora se mantienen costumbres que vienen de siglos atrás", comenta Celina Hafford hablando de las actividades en la clausura. "Pensamos que las famosas dulzuras coloniales cordobesas, como ambrosía y tocinitos del cielo, nacieron para utilizar las donaciones de canastas con 22 huevos, que las madrinas dejaban en el monasterio como obsequio cuando pedían que no lloviera el día de la boda".En la segunda década del siglo XVII, Juan de Tejeda y Miraval junto a su mujer, Ana María Guzmán, cumplen la promesa de donar parte de su extensa vivienda para un convento como agradecimiento porque una de sus hijas se había curado de una enfermedad. El edificio (que no es el que vemos en la actualidad) fue terminado hacia 1625 y completado en sucesivas épocas. El conjunto conventual que llega a la actualidad data del siglo XVIII y está anexado a la Iglesia de Santa Teresa, con diseño atribuido al religioso jesuita Andrés Blanqui, finalizado entre 1753 y 1758. Un detalle admirado y de características únicas –de enorme fotogenia– aparece en el portal de entrada al museo. Es su frontis curvo con cornisas interrumpidas que nos trasladan de inmediato al más puro barroco andaluz. Ambas edificaciones, iglesia y museo en el exconvento, fueron declaradas en 1941 monumento histórico nacional."Todo el trabajo de puesta en valor para reinaugurar este museo se hizo en seis meses de titánico trabajo", explica Hafford, mientras nos guía por los espacios resignificados. "Pensemos en el deterioro por haber permanecido cerrado durante casi tres años. Heredamos un inventario perfecto y estamos trabajando para poner todas las colecciones on line y empezar a realizar nuestras propias publicaciones, con apoyo del Conicet y de los profesionales que están desarrollando estudios en nuestro acervo. Tenemos expuestas aproximadamente 600 obras, pero poseemos más de 2.500 que esperan ser exhibidas en próximos recambios. La idea es tener cada año una presentación general, pero hacer cada mes alguna modificación".Detrás de escena hay un trabajo invisible para el público, pero fundamental, como el sistema de documentación, estructura preventiva de conservación y la restauración.El Museo de Arte Religioso Juan de Tejeda es de administración mixta. Todas las acciones y decisiones que a él respectan son coordinadas entre la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Córdoba y el Consejo Administrativo de la Fundación del Museo, que depende del Arzobispado. Las colecciones que se preservan y exhiben en este sitio provienen en su mayoría del Tesoro de la Catedral, antes resguardado en un edificio contiguo al templo mayor que fue demolido en 1953. Recién en 1968 se firmó un convenio entre el Arzobispado y el monasterio San José, donde este concedía el usufructo del primer patio del convento e inauguró de manera provisoria la habilitación permanente el 8 de diciembre de 1970."A los objetos pertenecientes al Tesoro de la Catedral se suman los del monasterio San José de las Carmelitas Descalzas, también las donaciones que vecinos y muchos artistas hicieron en la gestión de Víctor Infante y que hoy forman parte de la colección de arte contemporáneo. Pronto tendrán una sala específica y permanente; allí veremos, por ejemplo, obras de Raúl Soldi, Marcelo Bonevardi, Antonio Seguí, Pedro Pont Vergez, entre muchos más", acota Hafford. "Hacia fin de año también queremos incorporar al recorrido de las salas el Coro Alto de la Iglesia de Santa Teresa y la Celda del Ermitaño, cerca del campanario", adelanta la directora, que menciona que también está trabajando con su equipo para tramitar en el año 2015 la Certificación en Calidad (norma ISO) ante organismos nacionales e internacionales.

