El racismo no es algo normal
Canadiense y académica en el área de trabajo social, cuenta la experiencia como parte de una comunidad receptora de inmigrantes en su país.
Usted tiene contacto directo con personas que migran para buscar refugio en otro país, ¿qué es lo primero que le cuentan cuando llegan a Canadá? –Que quieren vivir. Hay que entender que los inmigrantes tienen pulsión de vida y que sus familias son el motor. Todos queremos que nuestros hijos tengan una casa, escuela, amigos… todos queremos proteger a nuestros hijos y que tengan amor. Por eso, en situaciones extremas de guerra, pobreza y violencia, llega un momento en el que lo único que queda es escapar para salvar la vida. En el Coloquio Internacional Relaciones Sociales de Género, Diversidad y Territorio, que se realizó recientemente en la Facultad de Derecho de la UNC, entrevistamos a una de las disertantes, Michele Vatz Laaroussi, profesora de la Escuela de Trabajo Social y miembro del consejo de administración de Rife (Reencuentro Intercultural de Familias de Estrie), organización que propicia el reencuentro de familias inmigrantes y su integración a la comunidad, en la ciudad de Sherbrooke, región de Estrie, provincia de Quebec, en Canadá. Vatz Laaroussi compartió con nosotros su mirada sobre el tema, forjada por su propia experiencia de vida en relación con los inmigrantes."Los viajes en busca de refugio están llenos de profundas dificultades. Por ejemplo, es muy común algo que relató una mujer que llegó a Canadá tras huir del Congo. Ella me decía que escapaban entre mucha gente por las vías del tren, llevando a sus hijos de la mano, pero que muchas veces los niños quedaban en el camino y se perdían, sin poder ser recuperados por sus familias. Después, en el país receptor, esas madres inician ante la Cruz Roja los trámites para recuperar a sus niños, que seguramente fueron a parar a algún campo de refugiados. Esto, de concretarse, puede demorar de 10 a 20 años. Para ese entonces, ya son personas desconocidas entre sí", relata.– ¿Dónde quedan esos niños solos, arrancados de sus familias? –En los campos de refugiados, con otros adultos que los protegen. Allí viven muchos años porque no hay otra solución, ya no pueden volver a sus países. La mujer del Congo que me hizo este relato no recuperó a su hijo. En esos campos pueden estar décadas. Al vivir allí no pueden trabajar y dependen exclusivamente de la ayuda internacional que les da una carpa y comida. Hay algunos organismos que les enseñan a los niños a leer y escribir, pero es muy difícil, muy difícil estar allí.– ¿Estuvo en alguno? –Sí, en Tanzania, donde se refugian muchas personas de Ruanda, Burundi, Congo. Es un campo oficial de la ONU. Llegan más personas permanentemente y se dan con que ya no hay más lugar para tantos y la organización es imposible.– ¿Cuántas personas pueden estar reunidas en esos campos de refugiados? –Desde cinco mil a 20 mil, o más, como en el Líbano ahora, que es terrible.– En su exposición en un coloquio hace poco en Córdoba habló de la importancia de las redes internacionales positivas de ayuda a los migrantes. –Son el último recurso que posibilita sentirse humano con otros humanos; sentirse con alteridad en los lazos. Una persona me dijo: "Si alguien me piensa en cualquier lugar del mundo, me va a dar la fuerza necesaria que necesito para seguir". Entendamos que la fuerza de la red es simbólica porque no está alguien aquí al lado de uno. Los lazos nacen muchas veces tras haber pasado muchos años juntos, en los campos de refugio, y cuando consiguen viajar a otro país a vivir, esos lazos continúan porque son muy fuertes. Cuando la familia nuclear está separada, dispersada en diversos países, las redes ayudan a unir los grupos, son redes profundamente afectivas que generan la fuerza para la resiliencia.– Entonces, digamos que hay un enorme compromiso de ayuda entre inmigrantes. –Sí, la gente crea vínculos y estos permiten el compromiso con el otro, porque a pesar de todo el sufrimiento está presente la idea de la reciprocidad: "Como me ayudaron yo ayudo". Sin la presencia de las redes las personas se sentirían perdidas en el mundo.– ¿Quiénes llegan y a través de qué mecanismos internacionales a refugiarse en Canadá? –Llegan refugiados de todo el mundo y esa es una gran riqueza que hace singular a Canadá. Si hablamos de los últimos años, podemos citar a los inmigrantes de Bután que hace años que están en conflictos religiosos y son deportados por su gobierno a Nepal, donde viven muy pobremente en campos de refugiados hasta que la ONU reinstala esas familias en Australia, Canadá y Estados Unidos. Estos países aceptan mil familias cada uno, y van llegando de a poco, durante tres años. En Quebec se recibieron 200 familias de lugares extremos, donde no tenían ni agua. Mi ciudad, Sherbrooke, es una especie de territorio piloto de acogida a los inmigrantes, con acciones conjuntas del gobierno provincial, voluntarios y ayuda privada. En el caso de los inmigrantes sirios que están llegando, lo hacen con padrinazgos particulares, que pagan para instalarlos y aseguran vivienda y comida por un año hasta que encuentren trabajo. En casi un año arribaron 1.300 refugiados sirios a Canadá y una parte fue a Sherbrooke. Antes habían llegado otros de Irak y Afganistán y van a llegar 25 mil nuevos refugiados de Siria antes de fin de año. Y todas las ciudades se preparan para recibirlos.- ¿Qué características tan especiales tiene Sherbrooke para asegurar la convivencia entre grupos disimiles de personas? –En Sherbrooke se reúnen diferentes comunidades, lenguas, etcétera, pero con una población local muy comprometida. Hay una gran cantidad de colombianos que llegaron masivamente entre 2000 y 2005 y ya forman parte del paisaje local; los emigrados de Bután, muy diferentes en todos los aspectos; sirios, afganos, iraníes e iraquíes. Si bien no hay racismo abierto en esta ciudad, las relaciones se hicieron más complejas con estos últimos después de 2001 y los ataques a las Torres Gemelas. En Canadá estamos muy cerca de los Estados Unidos… – Hay un esfuerzo social en la ciudad que tiende a la integración y la convivencia. –Sí, hay un gran esfuerzo. Creo que el esfuerzo es una forma de piedad. Sucede que, en el caso de los refugiados de Irak, no quieren piedad sino derechos.– Entonces… ¿qué acciones son posibles para desactivar las conductas xenófobas? –Construir espacios de confianza, aplacando los prejuicios y estereotipos, para poder entrar en un diálogo verdadero, que provoque una relación efectiva con el otro.– Los mayores recelos hacia los inmigrantes se producen por el temor de que les arrebaten el trabajo a los locales, por ejemplo. ¿Cómo hacer para no ver en el inmigrante una amenaza? –Hay que tener una curiosidad sana para conocer al otro. El conocimiento se logra reconociéndolo en una relación, en la que la diferencia es abordada de una manera amable y se puede ver en el otro algo mío también. Voy a contar una historia que me sucedió con una anciana de Bután que está ahora viviendo en Sherbrooke. La mujer usa sari y aro en la nariz, pero es muy parecida a mi abuela que vive en la campiña francesa del otro lado del mundo. Me quedé muy impresionada con esto. ¡Vi algo mío en ella! Esa es una de las claves.– ¿Quiénes serían los responsables de instrumentar buenas prácticas vinculadas a las relaciones con los inmigrantes? ¿Los estados, la sociedad, los individuos? –Absolutamente todos, y es el desafío actual más importante y urgente de las organizaciones internacionales. Los estados deben establecer políticas adecuadas; los municipios deben organizar espacios de acciones comunes, que favorezcan relaciones de intercambio; las organizaciones sociales deben promover trabajos solidarios, como también las escuelas, iglesias, universidades y medios de comunicación. La revolución contemporánea será cambiar la relación con los extranjeros, luchar contra el racismo y el sistema que lo permite.– ¿Cómo se hace? –Con educación a conciencia, haciendo comprender que el racismo no es algo normal porque no es una actitud humana. Tenemos que reconocer que todos tenemos más o menos las mismas historias, los mismos dolores… Educar para entender que ser humano es lo normal.
*Texto y foto

