El poder de los libros
Nadie acabará con los libros. Así lo aseguran Umberto Eco y Jean-Claude Carrière, que explican sus razones en esta obra. Rogelio Demarchi.
Una de las novedades editoriales de la semana amplía la reflexión del domingo pasado sobre el valor de la lectura. Señalaba entonces que leer textos no es lo mismo que no leerlos; la lectura regular nos transforma en personas más astutas, más libres de pensamiento, más perspicaces e inteligentes.
En Nadie acabará con los libros (Lumen, 2010), Umberto Eco y Jean-Claude Carri#232;re explican por qué no hay mejor soporte para leer un texto que el libro.
"Para leer es necesario un soporte. Este soporte no puede ser únicamente el ordenador", dice Eco, pensando en la supuesta desaparición del texto impreso a manos de Internet. El libro es "un instrumento más flexible" que la computadora. Para comprender la idea, acaso bastaría subrayar que un libro no necesita electricidad ni baterías. Eco va mucho más allá: el libro, junto a la rueda, la bicicleta, los anteojos y la escritura alfabética, integra el pequeño grupo de los objetos perfectos que ha diseñado el hombre. La pregunta no es qué tecnología actual nos puede ayudar a encontrar un sustituto de la rueda, sino por qué perder tiempo pensando que un objeto perfecto como la rueda pueda ser reemplazable. Lo mismo vale para el libro.
El mundo informático, además, advierte Carri#232;re, nos ha propuesto en muy pocos años demasiados soportes para la lectura que han resultado increíblemente efímeros. Primera conclusión: mientras podemos seguir leyendo "un texto impreso hace seis siglos", no podemos hacer lo mismo con "un CD-ROM de hace apenas algunos años".
Segunda conclusión: cada nueva tecnología nos chantajea. No sólo nos presenta como duradero algo que no lo será, sino que amenaza con "barrer a todo lo que la precede, transformando al mismo tiempo en rezagados analfabetos a todos los que osaran rechazarla", lo que no ocurrirá, ya que más temprano que tarde será suplantada por la nuevísima tecnología. De este modo, para Carri#232;re la tecnología deja de ser una ventaja y se nos vuelve una exigencia.
Lo anterior podría tener graves consecuencias: "El siglo 20 es el primer siglo que deja imágenes en movimiento de sí mismo, de su historia, y sonidos grabados, pero en soportes que aún no son seguros", reflexiona Carri#232;re.
Por el contrario, el libro es un soporte seguro. ¿Y el libro electrónico? Opina Eco: "Es evidente que un juez se llevará a casa con mayor facilidad las 25 mil páginas de escritos de un proceso en curso si las guarda en un libro electrónico. En muchos campos, el libro electrónico será cómodo, pero en circunstancias de uso no corrientes. Yo simplemente sigo preguntándome si, incluso con la tecnología más adecuada a las exigencias de lectura, será de verdad mejor leer Guerra y paz en un libro electrónico".
Una cosa más. El libro demuestra que no se puede leer todos los libros que se han producido, de modo que hay que seleccionar, privilegiar, jerarquizar. Un concepto cultural clave que pone en jaque mate el espejismo internetiano que iguala lo importante y lo insignificante.

