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El hombre que se quedó solo

Amado Boudou acometió la complejísima tarea de defenderse frente a acusaciones vigorosas. Eduardo Bocco.

08 de abril de 2012 a las 12:02 a. m.
El hombre que se quedó solo

Amado Boudou acometió la complejísima tarea de defenderse frente a acusaciones vigorosas.

El vicepresidente lo hizo en soledad, sin ningún miembro del gabinete nacional a su lado, sin referentes del Frente para la Victoria, sin dirigentes políticos, empresarios, sociales… Sin nada. Se lo vio titubeante, como si la situación lo desbordara.

Sus cuestionamientos al periodismo –lo más 
anecdótico en este caso– fueron casi pueriles. Le reprocha a los medios informar y dar anticipos sobre el expediente en el cual un juez lo investiga por un hecho grave, gravísimo podría decirse si se atiende también la investidura que ostenta.

El trabajo de los periodistas independientes es investigar al poder, a eso Boudou lo sabe. De allí que sus embates se conviertan en caricaturescos.

El sablazo que puede hacer sangrar es el referido a la Justicia. El ataque casi despiadado contra los funcionarios judiciales casi que puede interpretarse como una estrategia grosera que apunta a separar al juez de la causa.

Este juego ingenuo sólo caló hondo en algunas figuritas desteñidas de la oposición, que imaginaron estas frases como un hall previo que conducía a un salón principal en el cual el juez Daniel Rafecas –quien dirige el caso de la ex Ciccone Calcográfica– sería sustituido por el desopilante Norberto Oyarbide, cada vez más parecido a William Bo que a un magistrado del fuero federal.

Aunque los nombres propios sean decorativos, lo cierto es que hay una maniobra en marcha: cambiar el juez de la causa.

Por eso, y con una inusual velocidad, los jueces federales difundieron un documento en el que criticaron al vicepresidente y respaldaron a Rafecas con contundencia. No suelen los magistrados actuar con celeridad y, generalmente, sus reflejos son graciosamente lentos, aunque en esta oportunidad tardaron apenas un par de horas en replicar con severidad.

También un coro de voces del oficialismo se levantó para sostener a Boudou, a quien de lo ve con paso bamboleante, pero si es una barbaridad alentar el cambio de Rafecas, también es un acto alocado batir el parche para lograr una eventual salida del vice en este momento, cuando no hay ningún fallo que cambie el estado de las cosas.

Desde el regreso de la democracia hasta la actualidad, los vicepresidentes siempre caminaron por la cuerda floja. Víctor Martínez era objeto de un constante ninguneo por parte del alfonsinismo puro y duro. También Eduardo Duhalde sufrió con Carlos Menem. Ni qué decir de “Chacho” Álvarez con De la Rúa. Mencionar a Julio César Cleto Cobos es casi una obviedad.

Pero en el caso de Boudou hay un elemento novedoso y grave: está sospechado de ser corrupto.

Ayer, dio una conferencia de prensa porque no interactuó con nadie. Fue un monólogo o una versión modernosa del estandap, ya que habló sentado.