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El hacedor

En febrero de 1952, en Buenos Aires, moría Jaime Yankelevich. Le faltaba un mes para cumplir 58 años, y ya hacía unos 25 años que había entrado en la historia de nuestros medios de comunicación.

10 de febrero de 2014 a las 12:01 a. m.
Rogelio Demarchi*
El hacedor

En febrero de 1952, en Buenos Aires, moría Jaime Yankelevich. Le faltaba un mes para cumplir 58 años, y ya hacía unos 25 años que había entrado en la historia de nuestros medios de comunicación. Andrea Matallana –una analista inteligente de la industria cultural y del entretenimiento– reconstruye su trayectoria y su legado en Jaime Yankelevich. La oportunidad y la audacia (Capital Intelectual, 2013), un interesante ensayo biográfico enriquecido no sólo por los aportes lógicos de un archivo periodístico de época sino por el invalorable testimonio de Raquel Yankelevich, la única hija sobreviviente de Don Jaime, y de una de sus bisnietas.Nacido en Bulgaria, en el seno de una familia judía de escasos recursos, tras la radicación en Paraná, donde transcurrió su infancia y adolescencia, Don Jaime se trasladó a Buenos Aires en 1914, donde trabajó como operador cinematográfico de día y como electricista de noche hasta que puso un negocio de artículos de electricidad con uno de sus hermanos.Desde que llegó hasta que se independizó del hermano, pasaron sólo 6 años: en ese 1920, en agosto, los "locos de la azotea" realizaban desde el Teatro Coliseo la primera transmisión radiofónica, lo que dio pie para las más variadas exploraciones comerciales y culturales de la nueva tecnología.A fines de 1926, Don Jaime se hizo cargo de una de las emisoras que habían surgido por entonces, Radio Nacional, más tarde rebautizada Radio Belgrano, y "comenzó a diagramar un sistema nuevo, moderno y ágil" que la convertiría en el modelo por imitar por la competencia: popular, comercial y espectacular.Para 1931, ya era propietario de las señales suficientes para organizar la primera cadena radial, que incluía a cuatro emisoras porteñas más una en Rosario, Bahía Blanca, Mendoza y Córdoba (LV2). Y un par de años más tarde había ampliado su negocio en toda la extensión imaginable del término: "estaba conectado con la venta y producción de aparatos de radio"; las emisoras en su poder ya eran 14; y "era socio de una compañía cinematográfica, de una empresa de producción de espectáculos y de una revista dedicada a la difusión de noticias del espectáculo" (Antena).En la década de 1940, con la irrupción del peronismo, el negocio de la radio, que no sólo había sobrevivido a la depresión económica generada por la crisis de 1930 y a la Segunda Guerra Mundial, sino que se había desarrollado de una manera increíble en medio de tan adversas circunstancias, se encontró de golpe en un callejón sin salida: los controles, las reglamentaciones y las censuras fueron, combinadas, las tres razones del colapso. Todos vendieron sus emisoras al Estado. No se salvó ni Don Jaime, que había contratado para sus radioteatros a Eva Duarte y que fue felicitado por Perón por su "desinteresada" colaboración con el gobierno.Con todo, administró las radios peronistas, y en 1951 estuvo al frente de la apertura del primer canal de televisión, que hizo su transmisión inaugural el 17 de Octubre, desde Plaza de Mayo.Su hija Raquel recuerda que su madre solía decirle: "Papá es como San Martín o Sarmiento, siempre lo van a nombrar". Suena exagerado, pero tal vez por eso resulta estrictamente cierto.